Aceptar ser sexuados

JUAN MIGUEL GONZÁLEZ-FERIA. Director del "Colegio Mayor El Salvador", Salamanca, España.

Artículo publicado en la Revista RE número 1, 2a. etapa
Barcelona, España.

No es inoportuno que la "columna de Realismo Existencial en RE" comience en este número de la revista, dedicado en especial al "ser mujer" ya que uno de los temas centrales del Realismo Existencial es precisamente la aceptación gozosa de ser exactamente quienes somos, pues es nuestra única posibilidad de ser. La naturaleza humana es bisexuada, siendo sus individuos necesariamente sexuados.

A nadie se le oculta que hasta no hace muchos años era apreciable el número de mujeres, que dada su marginación, hubieran preferido nacer hombres; afortunadamente hoy día se dan en menor cuantía. También existen quienes valorando excesivamente lo racional, o maniqueos y puritanos, preferirían que la reproducción humana se realizase de otra manera y estuviéramos liberados de sentimentalismos.

A los que aceptando existir, desearían sin embargo ser de otro sexo o modo, el R.E. les hace ver la contradicción de su deseo, pues la única posibilidad de existir, fruto de aquel concreto acto de amor de sus padres, es ser quienes son y como son. Incluso en ese acto de amor, si otro hubiera sido el espermatozoo fecundante, habría nacido "otro", otra persona; esa sí quizá del otro sexo. Pero ya no sería aquél que ahora manifestaba aquel deseo. Este no existiría nunca jamás.

De este ser concreto que me ha tocado ser, es del que únicamente puedo estar contento, si es que estoy gozoso de existir. Y lo coherente es estar contento globalmente, no en cambio estarlo de unos aspectos hereditarios y de otros no, pues es imposible separarlos en mi único yo.

Algún día, quizá, la ingeniería genética quitando o añadiendo el cromosoma "Y" en un feto, podrá modificar el sexo de la persona que nacerá. Realística y existencialmente, dicha persona, cuando adulto, habrá de estar contento, primero de haber sido engendrado con el sexo original que tuvo, pues de lo contrario no existiría. Y segundo, en la aceptación gozosa de que en el ser humano, está incluida la capacidad científica de la humanidad de lograr transformaciones o modificaciones genéticas, las cuales han de estar guiadas, desde luego, por la bioética.

El Realismo Existencial, precisamente por promover la aceptación gozosa del pasado, con sus glorias y lacras, pues así hemos podido nacer nosotros, y la aceptación de lo que somos, pues somos así o no seríamos, impulsa precisamente la capacidad de influir en el presente y mejorar el porvenir. La humanidad ha de dignificar la vivencia de la sexualidad en sí misma, de nuestro propio cuerpo, como también la dignidad de los que sean verdaderos roles masculinos y femeninos en la sociedad, con lo cual disminuirían apreciablemente los casos de no aceptación de estas realidades sexuales tan bellas y humanas.

Pero aún en el caso de una plena dignificación de la mujer y del varón, puede ocurrir que a alguien no le agrade precisamente esos roles que les caracterizan y que les llevan a ser grupos complementarios. El Realismo Existencial nos conduce a la obviedad de que cada ser es del sexo que es o no sería y por lo tanto es lógico lo que se derive psicosomático de él. Hemos de esforzarnos en vivir con alegría y plenitud -junto con el existir- esas derivaciones, que son, además, gloriosas. Pues un alguien con otro plus, en vez de nosotros sería otro, pero no uno mismo.