Libro: Comentarios a la Carta de la Paz dirigida a la ONU
El texto de la Carta de la Paz dirigida a la O.N.U. concluye con una
afirmación rotunda: "puede construirse la paz", afirmación
que puede decirse con fundamento, si se viven, al menos en parte, los
requisitos que anteceden en los 10 Puntos de la Carta y que se resumen
en esta conclusión. «Sin resentimientos, desde la libertad, las evidencias y la amistad, puede construirse la paz». En Lisboa, la responsable del departamento gubernamental de la familia leía la Carta de la Paz dirigida a la O.N.U. que le había sido presentada; al terminar la línea final "Sin resentimientos, desde la libertad, las evidencias y la amistad, puede construirse la paz", exclamó: ¡si hubiera leído esto al comienzo, no hubiera hecho falta leer toda la Carta! En efecto, la Carta, en el segundo párrafo de su inicio, había afirmado un doble deseo: a) "indicar algunos principios que puedan ayudar a superar estos obstáculos" que se oponen a la construcción de la paz, y b) "a la vez, ofrecer unos fundamentos sobre los que construir más sólidamente la paz". Pues bien, en estas líneas que ahora comentamos se condensa todo eso anunciado: a) los "obstáculos" principales a la paz son los "resentimientos" históricos, y b) los "principios que pueden ayudar a superarlos" están bien señalados en lo largo de toda la Carta y el texto los resume así: "desde la libertad, las evidencias y la amistad ...". Estos tres "principios" constituyen, a la vez, "los fundamentos sobre los cuales construir más sólidamente la paz", como dice la introducción de este documento.
De los resentimientos, especialmente de los resentimientos históricos, ya se trató en las Hojas número 3 y 4 (comentario a los Puntos I y II de la Carta de la Paz) y se vio cómo, si se quiere en verdad construir la paz, se ha de rechazar toda postura frívola e injusta en cuanto a las culpabilidades de los males ocurridos anteriormente a nosotros. Los "resentimientos" impiden la actitud de "amistad" que, como luego veremos, es uno de los tres fundamentos sobre los cuales construir la paz con mayor solidez que en el pasado.
Cada ser humano, no solamente nace libre de culpas del pasado histórico, como dicen los 3 primeros Puntos de la Carta sino que, además, la sociedad ha de "defender, favorecer, desarrollar" siempre la "genuina libertad de los individuos" si de verdad se desea la paz (Punto VII). Libertad que ha de ser "genuina", es decir, no adulterada ni deformada, y "que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable" ya que somos "hermanos en la existencia" con todos los que existen (Punto V). Libertad, por tanto, no individualista ni caprichosa sino norteada por la belleza, la armonía y la solidaridad.
"Basarse en evidencias", tal como postula de sí misma la Carta de la Paz en su frontispicio, es una óptima actitud para construir la paz. Podría parecer que una persona que se apoya o que argumenta con evidencias será intolerante y absolutizante. Pero ocurre bien al contrario; las realidades evidentes a la razón humana, se percibe que "están ahí, ante nosotros"; por tanto, no hay que empeñarse con impaciencia o terquedad en que los otros las vean y las acepten ni tratar de imponerlas a nadie. La realidad es tozuda y perseverante, como se acostumbra a decir. Señalando algunas evidencias como referencias, no se trata de convencer a nadie con argumentos de autoridad sino que los individuos y los grupos tengan criterios propios. Aceptarán las evidencias si lo quieren. Es una actitud de respeto a la libertad, ¡a la libertad de pensamiento! Se ve, además, que las evidencias no son propiedad particular
de ninguno sino que pertenecen a todos y por todos pueden ser usadas,
lo cual facilita el diálogo y la corresponsabilidad en la convivencia
de los individuos y de los pueblos.
La amistad ha sido propugnada en distintos momentos a lo largo de la historia. Ya se vio, en el Punto III de la Carta, la importancia de la amistad para la paz, como superación de los resentimientos. "¿Por qué no ser amigos ...?", se preguntaba el texto, interrogación que se dirige tanto a los individuos como a los pueblos y otros grupos humanos. La amistad presupone los otros dos puntales de la persona que se han señalado anteriormente. Es decir, la amistad ha de ser libre y ha de ser inteligente, sabia. Esta afirmación puede concretarse en unos requisitos o condiciones que se ven necesarios para que la amistad sea auténtica y produzca bienes. Podrían enumerarse los siguientes: 1. No forzar. Es evidente que nadie puede llegar a ser amigo de otro por coacción ni imposición sino siendo respetada su libertad. 2. No engañar. La amistad no se debe simular; tampoco deben falsearse los sentimientos propios ni uno aparentar ser lo que no es. La verdad y la sinceridad han de ir por delante, de lo contrario el otro no sería amigo de la persona real sino de un ser imaginario que no existe, y esa amistad tampoco existiría en realidad. 3. No ilusionar vanamente. No se puede ser frívolo ni injusto con los sentimientos de las personas dejando crecer en otros esperanza de amistad cuando uno no está dispuesto a ella. La amistad auténtica, además, está abierta a serlo para toda la vida. 4. No comprometer. No forzar ni presionar, en virtud de esa amistad, a la persona amiga a hacer lo que no desea o poniéndola en situación embarazosa. 5. No ser egoista. O sea, no cultivar en exclusiva el 'ego' en la amistad. Quien busque tener amigos para el propio provecho se quedará sólo pues los demás se alejarán de él. 6. No comprar ni prostituir. La amistad no se puede comprar; no se paga con nada, ni se otorga a cambio de nada. Tampoco debe buscarse una amistad por fines ajenos a la amistad misma, es decir, con otras intenciones u objetivos, pues sería prostituirla. 7. No ironizar. ¡Cuántas amistades se han perdido por hirientes ironías! No se puede bromear frívolamente acerca de la intimidad conocida de los amigos. 8. No cazar ni dejarze cazar. Es decir, no pretender encerrar a los amigos en una amistad de la que no pudieran salirse. Tampoco ser ingenuo y encontrarse atrapado en una amistad cerrada ni preferir, quizás por debilidad, inseguridad, complejos, etc., ser 'cazado' por alguien de quien se espera un dominio protector sobre uno mismo. La amistad ha de ser madura, autónoma y libre en todo momento. 9. No mandar ni dejarse mandar. Al ser amigos, nadie debe perder su propia autonomía y responsabilidad. En la amistad no hay dominio ni sumisión. Todos son iguales, y hay sintonía y gozo de vivir corresponsables y acordes. 10. Amar y dejarse amar. Evidente también. No habrá amistad verdadera sin amor, al cual un autor describe como "el arte de envejecer juntos" y otro autor como "hacer crecer al otro por medio del gozo". El amor, o sea, la donación de sí a otros y la recepción de los otros, desarrolla y realiza a la persona que está hecha para relacionarse. Y no sólo hay que amar; como el amor y la amistad es cosa, al menos, de dos, ha de haber unos que amen y otros que se dejen amar. Estas 10 características, todas son necesarias para que se dé una amistad adulta y también ellas son suficientes para que podamos desarrollar con gozo y fruto nuestras vidas. La amistad es plural y variada. Hay muchos tipos y niveles de amistad, todas ellas verdaderas. Podría decirse que la amistad en como un común denominador que puede darse en todas las relaciones humanas. La amistad, en fin, nos aparta tanto del individualismo como del colectivismo.
Después de señalar los 4 presupuestos, la Carta continúa "puede construirse la paz". La Carta de la Paz nos lleva al umbral de ella. Nos toca a nosotros, las personas de hoy, el construir la paz. La paz, como todo lo humano, es limitada. Vista la historia, ha de pensarse que no se conseguirá nunca una paz perfecta y definitiva. Sin embargo, se dan pasos adelante. En la historia se han dado períodos de paz, los cuales no han surgido sólos como las setas, sin que nadie haya trabajado por ellos sino que han sido resultado de esfuerzos, diálogo, renuncias, acuerdos, etc. ¡Por una sola persona de menos que muera en el mundo valen la pena los grandes esfuerzos que se hacen por la paz! "Muchos son los obstáculos" que se oponen a la paz, como afirma la Carta en su comienzo. Por ello, tampoco puede ilusionarse vanamente a las personas, falseando o magnificando los objetivos de paz a conseguir, a fin de que colaboren en ella. En el borrador que ha comenzado a redactarse en Valencia en el presente año, para la Declaración de los Deberes Humanos, se ha señalado que uno de esos Deberes es el de que todo quehacer humano conduzca a la paz y no la obstaculice. Trabajar en pro de la paz es un quehacer esforzado y lento; ¡precisamente por ello ha de empezarse sin demora! 2. Conclusión y despedida «Gracias, amigos y amigas». El lector de la Carta de la Paz que la ha hecho suya, al firmarla y
adherirse a ella, digamos, la reenvía a todos los demás
que en el futuro la recibirán. Él se convierte en un nuevo
expedidor de esa Carta cuyos firmantes aumentan de número día
a día, país tras país. A quienes trabajan solidaria
y corresponsablemente por la paz puede llamarlos, en verdad, "amigas
y amigos".
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