Libro: Comentarios a la Carta de la Paz dirigida a la ONU

La introducción de la Carta de la Paz

La Carta de la Paz, dirigida a la ONU empieza con dos párrafos introductorios. El primero de ellos dice así:

«Amigos, amigas,
La mayoría de las personas desean en lo más profundo de su ser, la paz. Sin embargo, son patentes las trágicas y continuas quiebras de la paz entre los distintos pueblos del mundo. No es fácil la tarea de buscar soluciones adecuadas para alcanzarla. Muchos son los obstáculos.»

Quienes suscriben la Carta de la Paz, o se adhieren a ella, se dirigen a todas las personas del mundo como amigas y amigos, ya que la amistad está llamada a ser un común denominador de cualquier relación humana: amistad de padre a hijo, de esposa a esposo, de abuelo a nieto; entre vecinos; en el trabajo: entre compañeros, entre empresario y empleados; entre profesor y alumno; entre quienes compiten: en las empresas, en el comercio, en el deporte; entre el conductor del autobús y el pasajero y entre el expendedor de la tienda y el cliente, etc. Ello -ser amigo-, como se ve en el punto III, constituye uno de los fundamentos sobre los cuales construir la paz.

La mayoría desea la paz

La Carta de la Paz es realista y dice que «la mayoría» deseamos la paz, es decir, no todos. Por ejemplo, quienes se excusan diciendo que ellos no pidieron ser engendrados y no están contentos consigo mismos, ni con la familia, ni con el lugar o la situación social en que nacieron: no desean la paz con ellos mismos, pues están muy cómodos en su pasividad y su pereza, e incluso, con su protesta. O también, algunos hijos o hijas, cuyos padres tienen notables desavenencias entre sí; si los primeros, los hijos, son frívolos, preferirán que esos conflictos entre sus progenitores no se solucionen y así ellos podrán seguir bajo una débil autoridad, que les permitirá continuar su vida caprichosa y arbitraria. Igualmente no desean a fondo la paz muchos de quienes promueven negocios, empresas o servicios que se sostienen en gran parte de la situaciones de desasosiego, incomprensión, incomunicación y lucha que hay en la sociedad, como son, entre otros, y por nombrar algunos casos notorios, los productores y expendedores de drogas, contrabandistas de armas, agentes de prostitución forzada, etc.

La mayoría desea la paz, «en lo más profundo de su ser» que es, ciertamente, donde las personas pueden tomar sus más firmes determinaciones. Pero, quizás, muchos de esa mayoría no desean la paz en lo más superficial y cotidiano, pues la paz -que presupone que haya justicia- no se logra sin esfuerzo y aportación por parte de todos, es decir que, para lograrla, cada uno ha de modificar algunas actitudes o comportamientos suyos, lo cual requiere esfuerzo y rectificación constantes.


Dirigida a todos

La Carta se dirige a todos. Nadie queda eximido de trabajar por la paz. El logro de una paz estable y digna requiere la aportación, no sólo de los responsables de los pueblos y naciones, etc., sino de todas las personas, hoy día se necesitaría una inundación de paz.

Aunque se desee la paz, hay "quiebras" de la misma. Ésto no se afirma por idealismo o por convicciones a priori sino, que se remite a la historia y a la sociología; a la constatación y a la experiencia, que están al alcance de todos: «son patentes -se dice- las rupturas de la paz».


Ser realistas. La paz comienza en cada uno

La paz brota de dentro afuera, comienza en el individuo y llega a la sociedad. Por ello, en la Carta se menciona «la paz entre los distintos pueblos del mundo», porque es la dimensión cumbre de la paz y, para lograrla, hace falta conseguir la paz personal, familiar, grupal, etc. Y, también, además, porque la falta de paz «entre los pueblos», es decir, las guerras, es lo que más víctimas inocentes puede causar y producir mayores consecuencias nefastas futuras. Pero este documento busca también ayudar a la paz personal e interpersonal en todos los ambientes y niveles.

Existen obstáculos

No debe invitarse a las personas a alguna tarea, escamoteando las dificultades que ésta comporta y prometiendo engañosamente resultados uno resultados rápidos y fáciles. La Carta es sincera, por eso avisa: «No es fácil la tarea ...» y «Muchos son los obstáculos», tanto internos como externos a cada persona, de los que ya se han mencionado algunos.

Decir que los seres humanos tenemos una cierta tendencia al dominio y explotación de otros, o a su marginación e incluso su aniquilación, no es pesimismo antropológico sino realismo, fruto de constataciones históricas y sociológicas. Tienen razón los que afirman que el ser humano es un «ser capaz de hacer el mal». No hay más que mirar dentro de sí y en derredor, cerca y lejos.

El segundo párrafo de la Carta dice así:.

«Esta Carta desea indicar algunos principios que puedan ayudar a superar estos obstáculos y, a la vez, ofrecer unos fundamentos sobre los que construir mas sólidamente la paz».

La paz no viene sola

La paz no viene sola, sin esfuerzo. En esta vida, lo único que a cada persona le viene dado es su empezar a existir, pues no se lo puede pedir a nadie colaboración para que exista: antes no existía y nada se le podía demandar. La paz ha de lograrse y requiere el esfuerzo de cada uno.

La Carta hace una declaración de sus intenciones, que también es realista y sincera: la Carta sola no consigue la paz, ni tampoco lanza o catapulta a la paz, es decir, ella no es una varita mágica, ante la cual podamos permanecer pasivos. Ella -dice el mismo documento- «desea indicar algunos principios» y «ofrecer unos fundamentos», lo cual no es poco (como decía el sabio: lo más práctico es una buena teoría); a partir de ahí, es tarea de todos el «superar los obstáculos» para la paz y «construirla más sólidamente». Desde siempre se ha trabajado por la paz, pero en cada época surgen nuevos obstáculos que se oponen a la consecución de ésta, y por otro lado, a causa de los ataques contra ella, se ha desmoronado o quebrado; por tanto, cada vez han de buscarse fundamentos más sólidos.