Líneas de futuro de la sociedad

JUAN MIGUEL GONZÁLEZ-FERIA. Director del "Colegio Mayor El Salvador", Salamanca, España.

Ponencia presentada en las Jornadas Interdisciplinares: BARCELONA, PUERTA EUROPEA DE AMERICA organizadas por el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral.
Barcelona, España, 1992.

Es significativo que las presentes Jornadas las celebremos después de la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América. El texto de presentación de las mismas de Alfredo Rubio subraya que las conmemoraciones, además de serlo, deben ser también "trampolín para el futuro", y nos impulsa a "planearlo... con eficacia y cordialidad".

Agradezco a mis compañeros del Ámbito de Investigación y Difusión María Corral y de la Univesitas Albertiana que me hayan llamado para presentar a ustedes las pistas de futuro de la sociedad, vistas desde la postura realista existencial.


I. SIMILITUD DE CIRCUNSTANCIAS

Los finales de los siglos XV y XX presentan numerosas similitudes entre sí. En ambos casos se produce un cambio de página en la historia, se pasa de una época a otra.

En 1493, Cristóbal Colón trajo hasta Barcelona la noticia del Descubrimiento y ésta fue difundida desde la Ciudad Condal hacia toda Europa. Sin embargo, muchos continuaron tomando un vaso de vino o de cerveza en las plazas de Bolonia, de Bamberg o de Salamanca -pongo por ejemplo- sin recapacitar en la importancia de la novedad y en sus arrolladoras consecuencias. Conmoción de tal magnitud que -como oíamos esta mañana al Excmo. Sr. D. Belisario Betancur- a partir de entonces empezaron las denominaciones de Viejo Mundo y Nuevo Mundo. Algunos grupos, perspicaces y diligentes, sí previeron su trascendencia y se precavieron ante la riada que se avecinaba. Y hasta pudieron conducirla y sacar provecho de ella. Hemos de aprender del V Centenario también en esto.

Hoy estamos ante un Nuevo 1493. Tenemos asimismo ante la vista colosales novedades: desde los viajes espaciales hasta la manipulación genética, desde los avances tecnológicos hasta el hambre de gran parte del mundo y la ineficacia para resolverla, desde la desorientación filosófica y religiosa hasta los desastres ecológicos. Lo que se ha llamado la primera revolución mundial. Las "noticias" de este nuevo 93 no podemos desconsiderarlas. Ante ellas no hemos de dejarnos conducir por la frivolidad o la comodidad, sino estar ojo avizor y tomar la oportuna actitud y conducta.

Sería necio no atender desde un principio los indicios de una novedad, pensando que son poca cosa para moverme a mí: o esperar a que el "embarazo" sea visible hasta por los ciegos.

Es orgullo confiar absolutamente en nuestra capacidad de reacción y de improvisación o en nuestros recursos de última hora; o pensar que a nosotros nada puede ocurrirnos o dejarse guiar por el fatalismo. Todas éstas son actitudes que, aunque parezca lo contrario, son frutos de la soberbia, de la propia sobrevaloración. Prever todo lo posible y actuar con diligencia; sin angustia sino con humor y alegría; ésa es, precisamente, la postura humilde existencial.

Quien sea realista y ame en verdad su existencia -la suya y la de los demás- debe de ser magnánimo, ágil y diligente.

Vanos habrán sido tantos esfuerzos, sufrimientos, logros, inventos y avances científicos, nuestros y de los anteriores a nosotros, si no sirvieron para ayudarnos a dar este salto adelante que la sociedad necesita.

Me congratulo de colaborar en el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral, en el cual, desde hace ya trece años, nos hemos entrenado en el realismo y en la alegría. Sin el primero, podríamos errar más fácilmente en el discernimiento. Sin la segunda, careceríamos del motor adecuado para impulsar el vivir.


II. LÍNEAS DE FUTURO

La sociedad es la misma siempre. Su finalidad también: vivir en paz y alegría, y desarrollar así, integralmente, a todos sus componentes. Para ayudar a lograrlo mejor, se trazan estas líneas. Un trabajo tan crucial y de tantas dimensiones es tarea de toda la sociedad. Sobre estas líneas maestras, sobre estos vectores, podrán concentrarse los esfuerzos de la misma.

Las líneas versan sobre aspectos del ser humano y de la sociedad. En cada una de ellas se ha de atisbar la meta, el salto cualitativo que en cada una ha de darse. Tienen, por ser humanas, alcance universal, aunque, por eso mismo, con la necesaria inculturación en cada lugar.

A continuación expondré las que, a mi ver, son prioritarias y tienen mayor eficacia multiplicadora de sus efectos. Mi aportación, ahora, profundizará esas líneas, aportará algunas nuevas y, en su tercera parte, presentará la panorámica de conjunto que permitirá descubrir el común denominador que los vertebra.

Quedará aún otro quehacer. Señalar los métodos y los medios para cada vector, para cada línea de fuerza. Y prever los obstáculos, los escollos.

Éste es un tema que nos puede llamar a cambiar de actitud. No interpongamos excusas, aunque sean inconscientes, para evitarlo.

Estas líneas maestras son las siguientes:

1. La mujer

Afortunadamente, en la mayoría de países se ha proclamado ya la igualdad de dignidad de todos los seres humanos, mujeres y hombres; aunque diste aún de cumplirse plenamente, en demasiados casos.

¿Cuál es el salto cualitativo en esta primera línea de fuerza?

Es un salto que consta de cuatro fases. Nos apoyaremos en afirmaciones actuales de las ciencias, especialmente biológicas:

Primera: en el engendramiento de un nuevo ser, la mujer no es mera tierra en la que el varón "plantara" la semilla que él poseería por entero. Esta errónea concepción ha llevado a pensar que cada ser humano existiría fueran cuales fueran las circunstancias de su engendramiento, pensamiento que subsiste en algunas culturas. Como ustedes saben, en muchos países árabes, hoy día, los hijos habidos por un hombre con varias esposas no son hermanastros sino hermanos. La mujer, si no es fecunda, cual un estéril campo de trigo, era permutada por otro más fértil, pues "el trigo" se consideraba estar todo en el varón. No; la mujer, al igual que el varón, aporta la mitad de los cromosomas de un nuevo ser.

Por otra parte, el óvulo aporta una gran cantidad de substancias necesarias para el feto que, obviamente, el espermatozoide no aporta. Además, la mujer "se juega" más con el embarazo: su salud, el cambio de su ritmo de vida y hasta el peligro de muerte, hoy más leve que antaño. Urge, pues, acabar con los restos, aún graves, de la plaga del machismo.

Segunda: la mujer es arquetipo de lo humano. Primero, porque todos los humanos, en los primeros días de nuestro desarrollo, éramos mujer, y es desde esa base femenina que los varones empezamos el desarrollo masculino. Segundo, es la mujer quien posee los órganos de reproducción de la especie, lo cual le da, digamos, una completes. Se sabe hoy día que, con la ayuda de la microcirugía genética, ella podría tener hijos de sí misma, es decir, hijos clónicos. Los varones aparecemos así -aunque los términos nos resultan chocantes- como la media humanidad femenina que es "sacrificada" para que la reproducción, ocurrida en la otra mitad, no sea clónica, sino variada, plural.

Precisamente porque es arquetipo, el vector referente a ella ocupa el primer lugar.

Tercera: la mujer no está distorsionada como lo está el varón con tantos traqueteos. El feto que porta el cromosoma Y -el que será varón- antes de comenzar la "desviación" hacia el camino masculino, realiza una involución de parte del camino femenino por él recorrido. El que porta el cromosoma X vive su evolución, por el contrario, sin frenazos ni retrocesos. Esta tersura y genuinidad del ser femenino permiten, por ejemplo, que se puedan observar en ellas -en las mujeres- con mayor claridad, algunos aspectos fisiológicos y psicológicos que en el varón se hallan confusos y entremezclados.

Y cuarta: Urge que el varón recomponga su identidad. Ésta, sólo podrá rehacerla a partir del realismo, a partir de la cordial aceptación de la arquetipez de la mujer. De que en ese sexo todos tenemos la base -de ahí la existencia de los pezones en el varón-. Es hora de que los varones aceptemos, y aceptemos con decisión y con alegría, el plus propio masculino. El pertenecer a la media humanidad que puede llamarse "frustrada" en favor del conjunto. Y por tanto, el papel de custodios y de soportes de la mujer en la maternidad. Es una tarea no menos importante que la femenina y que posee su propia especificidad. Hay que vivirla sin complejos y sin prepotencias. El temor a afrontar con decisión el sacrificado papel varonil puede estar en la raíz de algunas homosexualidades masculinas.

2. Los niños

Rescatar a los niños es la segunda tarea que sólo puede realizarse con competencia en tanto cuanto se haya asumido la anterior. Las mujeres han de ser, antes, plenamente desarrolladas. Ciertamente, una esclava no será buena educadora de seres libres.

¿Qué salto cualitativo se presenta en esta línea?

Los niños no pidieron nacer, pues no existían. Como nosotros, como todos, podían no haber existido. Somos los adultos quienes les hemos engendrado y hemos posibilitado que sean. Los niños tienen derecho a ser acogidos y respetados siempre, ya desde su primer inicio en el seno materno; y a ser educados. Cada uno es un único e irrepetible "yo". Por ello es, digamos, un desconocido, que además es libre. Sin embargo, no es un intruso con el cual se hubiera de estar "frente" a él. Es un invitado a nuestra casa. Y al mundo.

Es más, los niños tienen derecho -sí, derecho- a un hogar con paz y armonía, donde sean queridos en su singularidad, cariño que necesitan para su normal crecimiento.

Por otra parte, los niños nos recuerdan el mensaje prístino de la humanidad, deformado en nosotros por los avatares, circunstancias e intereses de la vida. Son unos pequeños profetas que, en este papel, a veces nos resultan incómodos. Ya decíamos en las primeras Jornadas que es conveniente que desatemos el niño que todos llevamos dentro. El niño que somos pero al cual reprimimos por desconfianza.

Otro aspecto en que los pequeños crecen. Y aflora su libertad. En este mundo, nadie, de suyo, tiene potestad sobre nadie. Sería vulnerar la dignidad de la persona. La autoridad sobre los niños es, por ello, delegada, delegada de éstos. Los padres, al ir dándosela gradualmente, no es que se lo "concedan" sino que se la "devuelven". Los padres son administradores de la misma, como el regente de un rey menor de edad. Cuando una persona siente que, de pequeño, alguien tuvo potestad sobre él, inconscientemente se siente vejado. Algunos psicólogos empiezan hoy día a señalar este complejo. Los padres y madres, actualmente, tienen mayor razón -y mayor deber- para respetar y desear la libertad de sus hijos, pues fue respetada la de ellos en la paternidad responsable.

En resumen, los niños son verdaderos "partenaires" SOCIALES.

3. Alcanzar la humildad óntica

La meta en esta línea es la siguiente: que el ser humano renuncie a la soberbia filosófica, es decir, a vivir haciendo de víctima, perennemente insatisfecho, pues nunca es lo que él piensa que debería ser. Que renuncie a acariciar y a desear fantasmas irreales. Y se instale, en cambio, con alegría en la verdad, es decir, en la realidad.

Esta humildad del ser se consigue -como indica el autor del Realismo Existencial- a partir de la evidencia básica de que "cualquier cosa distinta de las que incidieron en nuestro origen hubiera ocasionado que no existiéramos". Es la sorpresa de encontrarse existiendo. Don Belisario expuso esta mañana, bien hermosamente, el asombro de los antiguos españoles al descubrir los aborígenes americanos: su raza, sus costumbres, fauna, flora... Aquí hablo también de asombro, pero de asombro existencial. Desde aquí, luego, pasar a la aceptación gozosa de uno mismo y de los demás. Ésta está basada en otra evidencia, la de que "o somos quienes somos, o no seríamos jamás". Hasta llegar, por último, a la prueba punta de la humildad óntica, aceptar con alegría el morir. Y poder así clamar: "bien nos vale la pena morir la maravilla de haber existido". "¡Qué alegría tener que morir! Eso quiere decir que existo. En este mundo, ¡los únicos que no mueren son los que no existen!"

El Renacimiento redimensionó al hombre -y a la cultura- de su época. Hoy, la humildad del ser puede "humildear" -no tenemos aún un verbo apropiado que signifique: hacer realista, hacer humilde, y no posea connotaciones peyorativas- al hombre, a la sociedad. Es decir, hacerlo armónico con su verdad, con su ser. En nuestro siglo, especialmente con el existencialismo, se ha dado un salto cualitativo en la conciencia de que la historia es abierta, no está determinada. Podían haber existido otros seres, y no nosotros. Ésta es una firme base del redimensionamiento actual del hombre.

Alcanzar esta consciencia es punto de partida indispensable. Sólo así los seres humanos podrán formar familias armónica, cuerpos sociales intermedios maduros y eficientes y comunidades sociales adultas y gozosas. En éstos, ellos podrán, a su vez, desarrollarse plenamente, con felicidad.

4. La libertad religiosa, ejemplo de otras libertades

Este tema no es exclusivamente confesional sino también humano. En él, los católicos han dado un paso definitivo al publicar la Declaración de Libertad Religiosa, del Concilio Vaticano II. Nadie puede ser coaccionado en materia religiosa. Esta afirmación, cuya intención inmediata fue el ámbito público, sin embargo, debe aplicarse también a los cuerpos sociales intermedios y asimismo, convenientemente adaptada, en el ámbito familiar. Debe ser asumida, además, por las religiones, en general, cosa aún lejos de la realidad.

Por otra parte, al referirse a un aspecto tan íntimo y primordial como es la conciencia -norte del comportamiento responsable- la libertad religiosa sirve de ejemplo y de catalizador para reconocer libertades humanas en otros campos, en el político, en el educativo, en el laboral, etc.

Ahora bien, ¿cuál es el salto cualitativo que se vislumbra en la línea de la libertad?

En el tema de la libertad humana existe actualmente una auténtica revolución. La de recolocarla en el lugar que le corresponde en el conjunto del ser humano.

El desmoronamiento del racionalismo ha permitido ver que la razón había dado un golpe de estado y que, durante siglos, había usurpado el lugar de la libertad, sometiendo a ésta a sus dictados. Hoy se ve, de nuevo y con mayor profundidad, que el ser humano, en primer lugar, es libre. Y que para serlo con responsabilidad, es por lo que desarrolla su inteligencia y su sabiduría. La libertad, por su parte, ha de estar armoniosamente ligada con nuestro grado de desarrollo de la inteligencia. Este nexo hace que la libertad siempre ha de ser responsable. En la tercera parte de esta exposición ahondaré en este tema.

5. Paternidad más responsable

La paternidad (y maternidad) responsable supuso un salto cualitativo en el tema de la procreación humana. El pensamiento y las ciencias buscan ahora con tesón caminos para que esta libertad responsable pueda ejercitarse sin daños morales ni físicos para el matrimonio ni para los hijos. Caminos que distan mucho de estar definitivamente trazados. ¡Tantas personas sufren aún hoy, por esta razón!

Pero el salto emprendido no es suficiente. Dada la interconexión de la paternidad con muchos aspectos sociales, se presentan otros saltos que se han de afrontar. ¿Cuáles son?

Por un lado, en relación con la tercera línea maestra ya expuesta -la de alcanzar la humildad óntica- se evidencian varias consecuencias:

Primera: Unos adultos que no estuvieran contentos de existir, ¿serían acaso los seres apropiados para hacer existir a alguien? Si no están contentos de ser mortales, ¿cómo se atreven a engendrar una persona, lo cual comporta condenarla a morir? Quienes van a ser padres han de alcanzar antes la humildad óntica. Alegar que ya madurarán con el matrimonio y con la paternidad sería manipular, para el propio servicio, al cónyuge y a los hijos.

Segunda: Los padres han de saber que son numerosísimas las posibles combinaciones genéticas que de ellos pueden producirse. Por tanto, son numerosísimos también los hijos diferentes que ellos podrían engendrar. De éstos, solamente existirían los que de hecho existan. Los otros son meras posibilidades, simplemente no existen. Es decir, que de ningún otro matrimonio o pareja existirían jamás. Los que nacen, sólo por sus padres pueden haber sido engendrados. Los padres son la única oportunidad de existir para sus hijos.

Y tercera: Quienes desean ser padres deberán asimismo trabajar todo lo realmente posible con alegría, por la paz. Si no, ¿a qué mundo invitan a sus hijos?, ¿al caos?, ¿a la guerra? La línea décima que trataré más adelante estará dedicada a la paz.

Por otro lado, el ocaso del pleno empleo remunerado y el inicio de la civilización del ocio, presentan un nuevo reto a la paternidad responsable. Una mayor responsabilidad. Los padres, al engendrar, deben estar dispuestos, no sólo a cuidar y educar a los hijos hasta la adultez de estos, sino hasta plantearse incluso, comunitariamente, "el salario por existir", alimentarles, quizá durante toda la vida. Si esta responsabilidad no se asume, se estará engendrando personas abocadas al hambre o al pillaje.

6. Familias en verdad solidarias. Hermanos en la existencia

Muchas filosofías o éticas luchan contra la familia básica acusándola de prepotencia. Pero lo hacen desde una inmanencia de aquello mismo que combaten, pues pretenden hacer unas nuevas familias hijas de ideologías o intereses globales a nivel muy terreno. ¿Cómo puede fortalecerse la familia? ¿Se presenta también para ella un salto cualitativo?

Ciertamente es muy importante el concepto, basado en la realidad, de "hermanos de sangre" que une a los hijos de un mismo padre y madre. Pero hay otro concepto -también real- más hondo y más amplio. Todos somos existentes. Somos hermanos en la existencia.

La existencia es nuestra primordial familia. Todas las diferenciaciones entre los individuos -genéticas, ambientales, culturales, etc.- se construyen sobre esta base trascendental del existir.

Hacer de la familia carnal el elemento básico de la sociedad puede llevar -y de hecho ha llevado con frecuencia- a establecer divisiones entre los seres humanos: clanes, etnias, razas, clases sociales, países, naciones... y a desencadenar fuertes competencias entre ellos.

Una visión de la familia que olvide ese nivel más elemental de todo ser humano que es el mero existir puede desencadenar terribles turbulencias y guerras.

La familia es algo real, bueno, necesario, pero debe ser como un cilindro: abierto por la base a esa primigenia comunidad de todos en la existencia. Y abierto también por arriba para incorporar sus miembros y los hijos, con solidaridad, a la sociedad toda. Pero, qué difícil será esto segundo si la familia, cerrando su fondo como un saco, no sorbe la savia del común existir de todos en la tierra.

Todos hemos de descubrir nuestra fundamental fraternidad existencial. Sobre esta realidad, la familia, los consanguíneos, encontrarán su justo lugar. Sólo así podrá construirse la deseada solidaridad entre todos.

7. La dignidad del trabajo

El matrimonio, desde hace siglos, lentamente y no sin sufrimientos, se ha ido abriendo a que penetre en él la libertad, la libertad de los dos para desposarse. Que nadie sea llevado al matrimonio si desea permanecer soltero. Y que nadie sea forzado a desposarse con quien no desea.

Se puede decir, en cambio, que, en el trabajo, la libertad y la dignidad de todos en cuanto que trabajamos, están aún en mantillas.

La dignidad de la persona humana, por un lado, y la dignidad del trabajar, por otro, exigen que el trabajo no se haya de realizar por necesidad, por coacción. Una pequeña muestra. No hace mucho, en una Comunidad Autónoma del norte español, se produjo un día de huelga general. Era un día entre semana. Al día siguiente, la prensa publicó, en primera página, fotografías de las playas abarrotadas de bañistas. ¿Cuántas personas no habrán deseado ir, alguna vez al año a la playa?

Se ha de educar a los jóvenes para que asuman con libertad el trabajar. Sólo así podrán ser, en él creativos. El ejemplo paterno es una fundamental ayuda. Los padres, por el realismo de su humildad óntica, habrán aceptado con alegría el mundo y las limitaciones de éste, y trabajaran, con decisión y con mesura a la vez, por mejorarlo.

Se ha de procurar asimismo que los trabajantes trabajen en quehaceres que les gusten y en los que desarrollen su personalidad y su madurez.

Aún es pronto para delinear este tema del trabajo en detalle. Sin embargo, sí se distinguen algunas evidencias que nortearán a los científicos para proyectar su futuro.

La creciente implantación del "salario por existir" y el desarrollo actual del voluntariado facilitarán, sin duda, una mayor dignificación y libertad en el trabajo, conectado éste hoy, absoluta y exclusivamente, a la remuneración. Por un lado, el trabajo humano es de tal dignidad, que nadie debe trabajar a la fuerza. Por el otro, con el desarrollo de la robótica, no es necesario que todos trabajemos en jornada completa. No es una utopía que con el trabajo de quienes en verdad quieren trabajar, auxiliados de la tecnología, habrá suficiente para mantener a todos, incluso para cuidar a los animales que se desee. Además, quienes hoy trabajan forzadamente y a disgusto o realizan trabajos inútiles, consumiendo con ello energías y materias primas, estorban el trabajo de los demás.

Sin embargo, se preveen dificultades, no pequeñas. Las sociedades están acostumbradas a vivir con un cierto número de personas sin libertad plena. Es decir, personas que por necesidad se someten a unas estrechas pautas de conducta, a vivir con poca libertad. Los gobiernos por ejemplo, no pueden permitirla por entero. La sociedad es importante para hacerlo de otra manera. Pensemos tanto en la política como en el trabajo, e incluso, en la familia. Los líderes, los cabeza, ¿se resignarán a organizar los países, las instituciones, las empresas, hasta las familias, sin esclavos? ¿Dirigirán sin reclutar personas que, con mayor o menor coacción, trabajen sometidos a sus órdenes? ¿Querrán nuestros directivos, lanzarse a respetar y conquistar nuestra libertad? También muchos individuos tienen miedo a arrostrar la propia libertad y responsabilidad. He ahí un importante escollo. De no superarlo adecuadamente, el mundo del trabajo seguirá siendo fuente de injusticias, de conflictos y de infelicidad.

8. Honrar a los mayores

Éste es un tema doblemente entrañable para el Ámbito María Corral. Porque lo es en sí mismo. Y porque lo fue siempre para la Sra. D.ª María Corral Cucalón, titular de este Ámbito.

Pero es de trascendente importancia. Importancia que es personal, familiar y social, y que ha de subrayarse porque, dada la delicadeza y la bondad de tantos mayores, la ausencia de la honra que les es debida, con frecuencia no se publica.

¿Cuál es aquí el salto cualitativo?

Fundamento del mismo. Las personas mayores, todas ellas, son dignas de cuidado y de honra. En primer lugar, porque son, porque existen. Como he dicho anteriormente, somos hermanos en la existencia. En segundo lugar, porque han vivido y lo han dado todo, les quedan unas pocas fuerzas. Han vivido con sus aciertos y con sus pecados y errores, pero es de justicia nuestro reconocimiento, lo que recibimos, de ellos lo recibimos. Dejadme que lo repita: si los mayores no hubieran sido como fueron, ninguno de nosotros existiría.

Pero además de ese fundamento, dos vertientes subrayan su enorme importancia. La primera es interna de cada uno: las personas mayores, y especialmente nuestros padres, son la referencia más profunda que tenemos de la trascendencia. El modo como les tratemos muestra inequívocamente nuestra disposición ante el misterio. Disposición de tantas y tan decisivas consecuencias, principalmente para nosotros mismos. Rechazar a los mayores, despreciarles, olvidarles, es señal de orgullosa cerrazón a la evidencia de nuestra contingencia.

La segunda vertiente es social: la honra a los mayores, es base ineludible de toda otra justicia posible. Así, por ejemplo, quien olvida a aquéllos por quienes le vino la existencia y la civilización, ¿querrá realmente el bien de los demás? ¿Más bien no le ahogará la vida o la utilizará en provecho propio? Aquel que no les da el afecto que tanto necesitan, ¿cómo pensar que será honrado y fiel en el afecto a su familia, a los otros? Aquel que hurta a los mayores la debida atención, ¿no robará a los demás? Escamotear a alguien la honra debida, ¿acaso no es mentir? ¿no es dar falso testimonio? ¿No será traidor aquel que lo es con los mayores? Quien no les cuida debidamente, porque poco puede esperar de ellos, ¿cómo podrá cuidar de otros por benevolencia? Y así, tantas y tantas consecuencias.

Dada la enorme importancia e incidencia de este tema, el Ámbito le dedicó las IV Jornadas y lo ha tratado en muchos otros encuentros, "Cenas-Hora", artículos de prensa, etc. Además, ha promovido una campaña en su favor que ha denominado "4M" por referencia al Mandato cuarto del Decálogo de Moisés. Para los hebreos y también para los cristianos, dicho Mandamiento es, precisamente, el eslabón de enganche entre los tres primeros, referidos a obligaciones con Dios, y los seis últimos, que regulan las obligaciones con los demás. Estos seis están contenidos, como están una dentro de otra las muñecas rusas, en el anterior que, así, hace de puente con los tres primeros. Lo cual subraya, aún más, su importancia global.

9. La democracia en libertad

La Barcelona medieval -como dice nuestro programa- fue pionera en democracia.

No cabe ninguna duda del gran logro que son las democracias actuales. Y que hay que conservarlas sin retrocesos, con denuedo.

Sin embargo, las democracias de hoy se basan en una sutil dictadura de la mayoría. En ellas, los ciudadanos de opiniones políticas diferentes a las de quienes gobiernan, han de vivir, quizá largos tiempos, de un modo que les disgusta. ¡Y es su única vida!

Se dice que democracia es sinónimo de libertad. Sin embargo, actualmente sólo se permite la libertad en un sólo ámbito: en el del pensamiento y de su publicación. Pensamiento que queda deformado, además, por la urgencia de reclutar competitivamente el número de votantes. La plena democracia ha de regular también el ejercicio de la libertad en el ámbito de la acción. Ha de tutelar el derecho indeclinable de toda persona a vivir en todo momento conforme a sus convicciones. La vulneración de este derecho es la causa de los levantamientos y de las guerras. Que tristeza las falazmente llamadas "limpiezas étnicas" habidas en estos momentos en países del Este europeo; como si alguna etnia o algún grupo humano pudiese nunca ser basura que manchara. ¡Ser expulsados, deportados, por tener otras formas de vivir!

10. La paz, la ecología y otros

La paz no es una meta a conseguir sino un trabajo a realizar continuamente. El realismo Existencial y la humildad óntica que él propugna son base indispensable para trabajar en la paz, pues reconcilian gozosamente a la persona consigo misma, con la historia y con los demás.

También, la postura humilde en el ser facilitará el desarrollo equilibrado de la ecología, que es otra línea de fuerza.

Varios vectores, varias líneas de fuerza, también de importancia, quedan por señalar. Como, por ejemplo, la sutil relación entre estética y ética.


III. UNA CLAVE COMÚN: LA LIBERTAD

En el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral llevamos tiempo estudiando las líneas de fuerza de la evolución de la sociedad. Mejor dicho, del salto cualitativo que ésta ha de afrontar. Personalmente me ha sorprendido el resultado: todas ellas tienen un denominador común, la libertad.

Ya avancé -al presentar la cuarta línea, la de la libertad de conciencia- que se ha producido una profunda revolución en la concepción del ser humano. Concretamente en la resituación de la libertad y la inteligencia. A este respecto puede precisarse lo siguiente:

Algunos movimientos postmodernos, desencantados del enaltecimiento dado a la razón, han propugnado el arrinconamiento de ésta. Suponen que es ésta el único modo de que la libertad quedase libre, pues la piensan subsiguiente a la razón. Hay, pues, según ellos, que apartar ésta. Pero lo que propugnan, lo hacen desde la misma postura que combaten, con lo que ésta resulta reforzada. Además, con la libertad desligada totalmente de la razonabilidad, aquella queda a merced de los meros sentimientos. Estos sentimientos intuyen ya la resituación a efectuar, pero no la aciertan plenamente.

También actualmente, ¡cuántos tristes conflictos entre países, cuantas muertes inútiles, a causa de los exacerbados nacionalismos! Incluso los rebrotes de neonacismo. Son otra muestra del desajuste actual en la libertad. El Realismo Existencial puede ayudar a una correcta filosofía de la liberación, tan necesaria.

Liberar la libertad es liberarla de la dictadura a que la razón la ha sometido. Pero, siendo ambas potencias iguales en dignidad, no es la libertad la que sigue a la inteligencia sino al revés, es la inteligencia la que fluye a continuación de la libertad. La distorsión provocada por el racionalismo al alterar este orden, llevó a que la razón esclavizara a la libertad. La libertad, si bien tiene siempre la posibilidad de dominar a la razón, sin embargo le será más fácil, ahora, recolocada en su lugar, relacionarse con ella en igualdad y armonía, sin deformaciones, tan dañinas para ambas.

Sentir, en el interior, que la libertad es el origen de mis potencialidades; la fuente, la hermana mayor de mi sabiduría y de mi amor, produce un enorme brote de frescor, de alegría en nuestro ser.

La libertad no puede ser endiosada ni endiosarse. La libertad no es el summun, no es el todo. Tiene sus propios límites que ha de aceptar gozosamente. Además, la libertad es educable.

Un esclavo ansía salir de la esclavitud para llegar a la libertad. Pero ésta, no es una meta en sí misma, sino un punto de paso. Ineludible y necesario, sí, pero de paso. Con la libertad, ella sola sin más, quedamos como veletas bien engrasadas pero sin viento. No señalan nada. Dejada así, sin tener un para qué, fácilmente caerá en la tentación de abdicar de sí misma y correrá a someterse a una voluntad férrea que la tiranice de nuevo. No; la mera libertad es inestable, no es término en sí misma. La libertad o es para amar o no es nada.

Las familias, los cuerpos sociales, los pueblos, las naciones, han de ser libres, sí, soberanos. Pero estéril será esa libertad si no la usan para, libremente, asociarse y unirse a otros, a todos, con dignidad y solidaridad.

Volvamos, para terminar, al comienzo de esta exposición, los quinientos años: 1493 y 1993.

Tres contrastes, tres propuestas sobre ello:

*Una. Al principio de la modernidad se proclamó: "Pienso, luego existo". Como la cosa más natural. Necesaria. Y una carga para esa razón que piensa. Hoy, exclamamos una evidencia: "¡Existo! ¡Existimos!". Lo hacemos con sorpresa. Con libertad. Y con alegría. Para nuestra razón es más fácil comprender que nunca hubiera habido nada, que no exista algo.

* Dos. Entonces se desconfiaba de la libertad. Se la sometió al imperio de la razón. Se sometían asimismo los pueblos bajo los Imperios. Por ejemplo, si en América la evangelización fue de la mano de los conquistadores, también en Europa el catolicismo llegó hasta donde llegaron las tropas del Emperador Carlos V.

Como también hemos oído esta mañana del Sr. Betancur, los anhelos de libertad europeos, las utopías, se forjaron al hilo del descubrimiento del Nuevo Mundo.

Se podría objetar que, en el triple grito de la revolución Francesa: "Libertad, Igualdad y Fraternidad", ya se proclamó la libertad en primer lugar. ¿Cómo, entonces, pudo llegarse al terror y posteriormente al Imperio? Era un grito dado desde el racionalismo, aún imperante.

En este medio milenio, el poder doblegó la libertad de los demás. Y paradójicamente, cayó en el determinismo, a fin de evitar la responsabilidad propia. Hoy, liberada la libertad de la sumisión a la razón y hermanadas ambas para amar, puede empezarse una época en que se confíe en la libertad. En la libertad no orgullosa, sino humilde y responsable.

* Y tres. El Renacimiento y la modernidad construyeron el hombre individual y, desde ahí, social. Hoy, nuestra tarea es conducir el hombre a la humildad óntica. Así podrá más fácilmente sentir la fraternidad existencial y ser solidario con todos.

No olvidemos que el Realismo Existencial, pensado por un catalán, el profesor Alfredo Rubio, de quien me honro en haber aprendido de adulto, fue concebido por él en Perú y redactado en gran parte en México.