¿Por qué no ser amigos?

JUAN MIGUEL GONZÁLEZ-FERIA. Director del "Colegio Mayor El Salvador", Salamanca, España.

Artículo publicado en la Revista RE Castellano número 38
Barcelona, España.

Durante una clase en la universidad, una estudiante dijo: "No veo que haya argumento tumbativo que muestre que los seres humanos debamos ser sociales, solidarios. No veo que sea una actitud instintiva, sino más me parece que el tener amigos es algo adquirido, que es algo fruto de la educación". Y añadió un ejemplo: "Un niñito, nacido y criado en la selva, solo entre los animales..., uno de esos casos raros que han relatado las revistas..., cuando algún día él viese ante sí otro ser humano, ¿tendría instinto de amistad, de convivencia?".

Eran alumnos de los primeros cursos en esa edad en que, precisamente, se abren desde su intimidad y la de su familia, a la sociedad. Con temor y temblor, en no pocos casos. Casi sin dejarla acabar, un joven a su lado apostilló: "Eso lo prueba que, en la mayoría de las películas de aventuras con extraterrestres, la primera reacción de los personajes seres humanos es de ataque. Agreden antes de que les ataquen a ellos. Siempre se ha dicho que los novelistas y los guionistas interpretan bien el sentir de la gente, luego eso quiere decir que mucha gente piensa así".

El profesor dejaba navegar con soltura la conversación. Tenía experiencia de que, participando, los alumnos asimilaban mejor. Eran temas de humanismo que les atañían muy adentro. Él había de tener mucho cuidado al intervenir para no herir a ninguno. Siguió escuchando.

Aprender a ser amigos
Un joven rubio, bastante nervioso, intervino: "A mí me preocupa el tema de esta clase: "¿por qué no ser amigos?" La amistad es una cosa en la que a uno no lo han educado. Se deja que cada uno la descubra, la elabore a su manera.

Incluso, nosotros, los jóvenes, en general, no permitimos que nuestros padres "metan las narices" en nuestras amistades. Son "nuestros" amigos; no de "ellos". Pero, a veces, me pregunto: "¿no se puede tratar de la amistad? ¿No se puede aprender a ser amigos?"

Estaban tratando, uno por uno, los artículos de la "Carta de la Paz, dirigida a la ONU" que habían conocido. Esta semana, desmenuzaban el punto III que contiene ese interrogante. Uno, aficionado a las lenguas, dijo con un leve tinte de erudición: "La amistad, debe ejercerse tan poco, que no existe en español un verbo que exprese esa acción. Yo propondría a la Real Academia de la Lengua que introduzcan el verbo "amistear" o "amistar" para expresar el hecho de vivir amistad".

"Pero, ¿no puede uno vivir sin tener amigos? ¿Es que hay que tener amigos a la fuerza?", retomó la muchacha del comienzo. El profesor vio llegado el momento de intervenir "todos sabéis bien que no se puede tener amigos a la fuerza. Es la primera condición de la amistad, "no forzar". Pero lo que tú preguntas es si la amistad es algo muy propio del ser humano, que le surge de dentro y es muy conveniente que la viva; o por el contrario, es algo accidental que se puede vivirla o no vivirla al puro arbitrio propio, algo así como las asignaturas "optativas". ¿Es algo así?"

La mayoría del grupo se removieron, cada uno en su asiento, para atender mejor. Tenían experiencia de que aquel profesor era un buen amigo de sus amigos, también de ellos los alumnos. "Veamos -comenzó-, ese supuesto joven, criado en la selva entre animales, ¿cómo comenzó a existir? ¿Cómo nació?"

Individual y social a la vez
"De unos padres" -le respondieron a casi coro. "Ah!, entonces, ese joven no ha sido un individuo totalmente aislado, sin relación ninguna, nunca, con otros seres humanos" -siguió. El joven rubio le miraba con una cierta admiración; este profesor tenía el arte de darle vuelta a las cosas y que él las viera claras.

"Desde que un ser humano comienza a existir, es social", continuó el profesor, "y se ven dos realidades principales que lo muestran. Primera: que él fue engendrado fruto de la relación de dos personas, las cuales son ya un germen de sociedad; son una pequeña comunidad". Levantó la mano para impedir que varios hablaran a la vez. "Sí -continuó explicando-, ya sé que hoy día, con avanzadas técnicas genéticas, puede haber fecundación in vitro, sin relación física entre dos personas; pero al menos hace falta la complementación del espermatozoide y del óvulo. El caso extremo sería si se logra que quede fecundada la mujer con células de sí misma y salen ratoncitas, clonadas, igualitas que la madre; pero este caso extremo no anula la ley general. Asimismo, no la invalidaría el que la relación no sea pacífica o amorosa, cual es el caso de los embarazos resultados de una violación. Tampoco en la sociedad se tratan siempre con paz, con amor y armonía. Pero queda claro que en la base, en el origen de cada ser humano, hay una pequeña sociedad, ¿no es cierto?".

Dejó unos instantes de reflexión y continuó: "La segunda realidad le atañe más en directo: toda mujer u hombre ha estado nueve meses formándose dentro de una mujer, su madre. Aquí ya no miramos si es su base o su origen, el que es social. Ahora es él mismo el que durante largos meses está relacionado. ¡Y bien íntimamente!"

Concluyó despacio y suavemente: "Decir que el ser humano, primero es individuo y luego se abre a ser social, es una desviación. El ser humano esencialmente es individual y es social. No puede separarse una cosa de la otra. Es las dos realidades a la vez y constantemente".

Amistad y solidaridad
Hubo un rato de silencio. El muchacho rubio de antes exclamó: "Pero, ser social no es lo mismo que ser amigo. Entiendo que somos sociales por naturaleza; bien. Y que en esta aldea global, el modo coherente de vivir la sociabilidad es ser solidarios; bien también. Pero tú dijiste en la clase anterior que es distinto la amistad que la solidaridad. La amistad se da entre personas que se relacionan directamente, personas conocidas entre ellas; en cambio, la solidaridad es una actitud con respecto a grupos muy amplios, un club, una asociación, un país, la humanidad entera; se es solidario de ellos pero no se puede ser amigo de todos ellos porque son muchos". Se tomó un respiro y acabó: "Bien, pero ¿el ser humano está abocado a la amistad"

Al aficionado a las lenguas le gustaba "desmontar palabras" como le decían sus compañeros. Intervino de nuevo: "Hay que observar las terminaciones de algunas palabras, por ejemplo: "a-migo", "ene-migo". ¿Qué querrá significar este parecido entre ellas?"

Libres del "peso" de la historia
Se hacia tarde y, por otra parte, parecía que los estudiantes ya habían asimilado suficiente. "En efecto -contestó el profesor- uno puede vivir siendo a-migo o siendo ene-migo de los demás, es decir, provocando que estén conmigo o que estén contra mí". Dejó un breve silencio. "Sin embargo -siguió poco después-, la "Carta de la Paz, dirigida a la ONU", la "CP", como le decís vosotros, en sus dos primeros puntos deja claro que cada ser humano empieza a existir sin que la historia cargue sobre él el peso de culpas anteriores a que él fuera engendrado. Ni para los católicos lo que se denomina pecado original no es una culpa personal de los que nacen, sino tan sólo que nacen en una estructura histórica producida por el pecado de los primeros seres humanos. Cada ser humano es un ser nuevo y nace libre. La Carta deja claro, por tanto, que tener y cultivar resentimientos contra los contemporáneos por hechos históricos, es incoherente. Y el punto III de esa CP, el que estamos tratando esta semana, dice: "Eliminados esos absurdos resentimientos,... ¿por qué no se amigos...?" Es verdad, si cada persona nace nueva, ¿qué impide ser amigos? ¿Qué impide ir por la vida "amisteando", como decíais antes? La única razón para no ser amigo de alguien es que él no desee serlo; porque, ya vimos, la amistad no se puede forzar ni imponer".

Ingrediente básico: la libertad
Previendo que se acercaba el final del tema, ninguno intervino para no desviar la atención. Él continuó, de nuevo despaciosamente: "Aquí, en la amistad, se da una admirable conjunción, la misma que se dice en el artículo VII de esa Carta respecto al amor. ¿Cuál es esa conjunción? Se ha de conjugar que, por un lado, el amor y la amistad son la actitud más coherente con la naturaleza del ser humano; relacionarse, darse y recibir, compartir, es algo que al ser humano lo realiza y lo desarrolla, ¡y, además, le hace feliz! Está abocado a ello. Y por otro lado, el amor y la amistad han de ser libres; si en ellos faltara algo de libertad, sería esclavitud. Estamos abocados pero hemos de vivirlo libremente; parece una paradoja, pero constituye un ingrediente de la amistad y del amor: hacer con libertad aquello que es coherente y conveniente hacer".

Otra estudiante que todos decían que era muy práctica, medió: "Además, yo pienso que interesa llevarse bien con la gente porque así se trabaja más y mejor; ello redunda en bien de la sociedad. ¿No dice la Carta de la Paz algo de eso?".

"La Carta no dice eso así -intervino la estudiante del principio con una pizca de impaciencia-. No se puede manipular la amistad para obtener resultados, como parece que tú dices, lo cual sería prostituirla. Por el contrario, en la CP se escribe: "...¿por qué no ser amigos y así trabajar juntos para mejorar el mundo?", es decir, primero está la amistad como actitud en sí misma, por el bien y el gozo de las personas. Y luego añade, "y así trabajar"; claro que una sana amistad da resultados e impele a trabajar juntos. Pero no se puede buscar la amistad sólo por los resultados. El "mejor trabajar juntos" será una añadidura que se desprende de la amistad".

"Excelente análisis de texto -elogió el profesor, que continuó-. En la Carta de la Paz, sus redactores tuvieron la delicadeza de dejar este punto como una pregunta, sin obligar. En la vida, la actitud más coherente y gozosa es tener amigos; ¿qué lo impide? ¿O es que no se desea tenerlos? Os dejo hoy la misma pregunta: "¿por qué no ser amigos?". ¡Hasta mañana..., amigos!".