Sr. Boutros Ghali
Secretario General de la ONU
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz a la ONU
Nueva York, 4 de enero de 1995

Excelencias,
Señoras y Señores,
Queridos Amigos,

 

Permítanme darles la bienvenida en el seno de la Organización de Naciones Unidas. Ahora, quería también añadir que están aquí como en casa. La Carta, de la que este año celebramos el quincuagésimo aniversario, empieza por una fórmula que hoy querría repetir delante de Uds.: "Nosotros, pueblos de Naciones Unidas". Esta expresión quiere decir, de la manera más potente, que cada una y cada uno de Uds. contribuyen, a su manera, a constituir esta gran Comunidad humana que la Organización mundial quiere instituir.

 

Su presencia en Nueva York así como su reflexión común sobre la paz nos enseña que han entendido este mensaje de la Carta. Pueden estar seguros de que aprecio su deseo de entregarme esta "Carta de la Paz". Se lo agradezco profundamente. Y esta manifestación es para mí un considerable apoyo. En efecto, estoy totalmente convencido de que, sin el apoyo de la opinión pública internacional, las Naciones Unidas no lograrán este ideal que nos asigna la Carta de las Naciones Unidas: mantener y establecer la paz. Cierto, sabemos todos que en este campo, los Estados tienen un papel preponderante. Todos sabemos también que la Carta confiere al Consejo de Seguridad la responsabilidad principal de mantener la paz.

 

Pero quise subrayar en la "Agenda para la Paz", de manera más firme, que "la paz en el sentido más amplio no puede ser asegurada solamente por el sistema de las Naciones Unidas o de los gobiernos. Organizaciones no gubernamentales, establecimientos de enseñanza, parlamentarios, centros de negocios y profesionales, medios de comunicación y gran público, todos tienen que contribuir a ello". Su delegación expresa perfectamente este esfuerzo común por la búsqueda de un mundo más armonioso, más pacífico. Deseo, pues, fervientemente, que su "Carta de la Paz" pueda constituir un instrumento de movilización colectiva al servicio de los grandes ideales de la Carta. Como Secretario General de las Naciones Unidas, siento a veces dificultades para convencer a los Estados a comprometerse en acciones destinadas a mantener la paz dentro de situaciones donde sería imprescindible. Para que los Estados se comprometan con hombres, material, dinero, al servicio de la paz, en el marco de las acciones llevadas por la Organización de Naciones Unidas, muchas veces es necesario que las opiniones públicas nacionales les enseñen el camino. Estoy seguro de que su Carta contribuirá a abrir este camino.

 

Querría también añadir que la presencia de su delegación me parece reveladora de una aspiración a la democratización de las instituciones internacionales a quien prodigo mis mejores deseos. También aquí la celebración del quincuagésimo aniversario de la Carta tiene que ser la ocasión de ir más adelante en esta colectiva voluntad de democracia. Los redactores del texto de San Francisco han tenido la profunda intuición de que la comunidad internacional no sería sólo yuxtaposición de Estados soberanos, sino al contrario, que la Organización mundial tendría que administrar una nueva solidaridad a escala planetaria. En efecto, la Carta de las Naciones Unidas sugiere, implícita pero fuertemente, no sólo el advenimiento de una sociedad global y transnacional, sino también la necesidad de un proyecto colectivo y democrático. A fin de fundamentar esta democracia abierta y viva, debemos tener en cuenta no solamente la voluntad de los políticos y el comportamiento de los agentes económicos, sino también las aspiraciones de los actores sociales y culturales que representan Uds. Es imprescindible que la opinión pública anuncie fuertemente sus aspiraciones para un mundo mejor y más solidario. Su "Carta de la Paz" es un paso importante en esta dirección.

 

Por estas razones estoy aquí hoy, afortunado de encontrarme con Uds., y una vez más les felicito por esta iniciativa, llegada de Barcelona, y que desde ahora no deja de extenderse en el mundo. Estoy feliz de que ya se haya difundido en el mundo la "Carta de la Paz" y les agradezco, en nombre de la Organización de Naciones Unidas y en el mío propio, a todas y todos los que han participado en esta difusión. Igual que Uds., deseo que impregne los espíritus de la imperiosa necesidad de construir juntos un mundo de paz y fraternidad. El advenimiento de una verdadera cultura de la paz es hoy más que nunca imprescindible para que podamos alcanzar nuestras metas. Su "Carta de la Paz" es un testimonio de esta fuerte exigencia. Y quiero esperar que este mensaje de esperanza pueda encarnarse en la realidad de los pueblos y en la vida de las naciones. Les agradezco su atención y les agradezco su presencia, aquí en Nueva York.

 

Gracias.

Sr. Jorge Wertheim
Director de la Oficina de la UNESCO en la ONU
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz a la ONU
Nueva York, 4 de enero de 1995

Señoras y señores,

Con el comienzo del año 1995 que hoy estamos celebrando, también estamos celebrando un principio notable para la UNESCO y la ONU. 1995 ha sido declarado por la ONU el Año Internacional de la Tolerancia, y es el primer año de la Década para la Educación de los Derechos Humanos. A la vez, este año se celebra el quincuagésimo aniversario de la Organización de las Naciones Unidas y de la firma de la Constitución de la UNESCO el 16 de noviembre de 1945.

Nosotros dedicamos nuestras vidas a un sistema internacional que ha sido creado con el objetivo específico de ir generando una paz duradera y equilibrada. Una paz ha de ser tolerante y respetuosa con los Derechos Humanos y con sus fundamentos si se quiere que perdure.

El Director General de la UNESCO tiene el honor de formar parte de las personalidades del mundo de la cultura, la educación, la industria y la política que han firmado la Carta de la Paz. Es una Carta que expresa las sinceras aspiraciones de tanta gente del planeta de ser liberada de la guerra y la violencia. Si nos movemos realmente de una cultura de guerra hacia una cultura de paz, para conseguir el cambio de estilos de vida y de actitudes necesarias para la creación de una cultura de la paz permanente, entonces tenemos que estar preparados para abrazar los sentimientos y los principios expresados en esta Carta.

No es por casualidad que muchas frases contenidas en esta Carta sean reminiscencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tampoco es por casualidad que esta carta nos invite a amarnos como hermanos y hermanas recordándonos todas las grandes religiones y creencias del mundo. No son meras palabras. Nos van directo al corazón y, el hecho de que esta carta haya sido escrita nos sirve para recordar que en todo el mundo hay hombres y mujeres que sienten como nosotros, que creen como nosotros y que están dispuestos, como lo estamos nosotros, a dedicar sus vidas a la búsqueda de la paz.

Hoy, esta Carta de la Paz ha sido aceptada por el Secretario General de la Organización de la ONU. Con su gesto, ahora, la Carta de la Paz forma parte de los archivos de esta Organización y, por consecuencia, forma también parte de la memoria oficial de nuestros deseos de paz, amor y libertad.

Sr. Juli Minoves
Representante del Gobierno de Andorra
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz a la ONU
Nueva York, 4 de enero de 1995

Señor Secretario General, señoras y señores,

Es un placer para mí como representante del Principado de Andorra en la ONU, asistir a esta ceremonia de entrega de la «Carta de la Paz» -escrita en inglés, francés, español, árabe, chino, ruso, y catalán-, que se ha presentado en el mundo en una gira por varios países, y con firmas de gran número de personas de buena voluntad. Entiendo que Andorra ha sido invitada a sentarse a su lado, Señor Secretario General, en tal ocasión, porque mi país es un «récord» de paz en el mundo, por sus 700 años de paz ininterrumpida en nuestro territorio. La paz, Sr. Secretario General, está en la misma base de la fundación de Andorra independiente en 1278: a fin de conseguir la paz, mis antepasados dieron su apoyo a un acuerdo que significó la destrucción de toda fortaleza y castillo, así como la imposibilidad para todos los Co-príncipes de Andorra de levantarse en armas los unos contra los otros. Setecientos años más tarde, en medio de interminables conflictos que han desgarrado nuestro continente europeo así como toda la tierra, la paz ha sido preservada como el pilar fundamental de nuestro pequeño estado de ideales dimensiones Aristotélicas.

Nos parece evidente celebrar toda manifestación que apunte al fomento de la paz en el mundo. A nivel internacional, somos solidarios con las iniciativas que las Naciones Unidas -según las buenas recomendaciones que encontramos, Sr. Secretario General, en su «Agenda para la Paz»-, emiten regularmente. Estamos hoy, muy satisfechos de ver que el concepto de «paz», íntimamente unido a la idea de «desarrollo», no es algo abstracto para muchos ciudadanos de nuestra planeta, y que muchos de ellos, procedentes de diferentes continentes, firmaron esta «Carta de la Paz». Es una iniciativa privada que honra a sus promotores.

Finalizando esta breve alocución, permítame, Sr. Secretario General, señoras y señores, que, en este principio de año del quincuagésimo aniversario de las Naciones Unidas, y con ocasión de esta ceremonia, exprese todos mis deseos de paz en nombre del pueblo y del Gobierno andorrano, a todos los otros pueblos del mundo.

Sr. Jordi Cussó
Director de la Universitas Albertiana Interdisciplinar
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz a la ONU
Nueva York, 4 de enero de 1995

Sr. Secretario General,
Desde el día 22 de abril de 1993 en que la Carta de la Paz se presentó y firmó por primera vez en Barcelona, hasta el día de hoy en que le hacemos entrega de todo el material recopilado, hemos constatado que la Carta de la Paz ha despertado un gran interés en todos los países donde ha sido presentada. Numerosas personas, instituciones, organizaciones, asociaciones, etc., han visto en ella la ocasión de trabajar por la paz con un nuevo planteamiento: desde evidencias.

La Carta de la Paz, precisamente por basarse en evidencias, también es de todos y nadie puede adueñarse de ella. Por todas estas razones, se indica expresamente en la Carta, que firmar este documento no entraña ninguna vinculación con las dos entidades promotoras, sino que rubricarla manifiesta, simplemente, que se está de acuerdo con su contenido. De la misma manera que trabajar por la paz no es sólo tarea de políticos, gobernantes, intelectuales, sino que es una tarea de todos, la Carta de la Paz va dirigida a toda la humanidad y está abierta a que todos aquellos que sintonicen con ella, promuevan realizaciones concretas para la paz, a la luz de las evidencias que en ella se anuncian.

La Carta de la Paz, trata de subrayar, entre otras, la importancia de las siguientes evidencias:

1) Que no somos culpables de los males acaecidos en la historia por la sencilla razón de que no existíamos. ¿Por qué, pues, hemos de tener resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la historia? Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

2) Descubrir la hermandad existencial. Si no existiéramos no podríamos ser ni siquiera hermanos de nadie. Sentir y vivir esta hermandad existencial es lo que facilita, al abrirnos a la sociedad, ser más solidarios.

3) El amor surge libremente o no es auténtico. Requiere también lucidez. Por tanto, constreñir la libertad o dificultar el conocimiento de las evidencias a alguien, es impedir que nos ame verdaderamente. Favorecer la libertad y el acceso a las evidencias es lo que facilita el amor, y así la paz.

4) Tenemos que saber y conocer la historia, aceptándola tal cual ha sido, porque si la historia hubiera sido distinta, ahora existirían otras personas, pero nosotros no. No podemos volver la historia hacia atrás, pero sí que debemos reparar en lo posible las consecuencias negativas que hemos heredado de ellas: ni debemos solidarizarnos con lo malo de la misma, ni querer repetirlo.

5) Hoy, la democracia reconoce y respeta las libertades de pensamiento, de expresión y de asociación para sus ciudadanos. Sin embargo, las democracias actuales, como señalan muchos tratadistas contemporáneos, conllevan unas enfermedades derivadas de sus propios límites: afán de poder, oligarquías en la penumbra, corruptelas,... Es necesario que la democracia dé un salto cualitativo, o sea, defienda que cada uno, además de poder hacer uso de las libertades arriba indicadas, pueda vivir su vida en este mundo coherentemente con lo que piensa, sin atentar nunca, por supuesto, a la libertad de nadie ni provocar daños a los demás ni a uno mismo.

La Carta de la Paz será más eficaz cuanto más actúe como medicina preventiva. En cambio, cuando han estallado los conflictos bélicos, más difícil será que pueda ser oída, y menos aún, que pueda ser aplicada.

La gran acogida que ha tenido esta iniciativa en los distintos lugares donde ha sido presentada es lo que ha llevado a los promotores de la Carta de la Paz a que el itinerario de la misma no finalice con la entrega de la documentación que hemos realizado en el día de hoy. Deseamos trabajar durante un período de 5 años en la difusión, estudio y recogida de más firmas en cada uno de los distintos países donde ya se ha firmado. Así como llevar la Carta a otros muchos países donde aún no ha sido posible su presentación.

Este trabajo probablemente se realizará con la misma metodología desarrollada hasta ahora. Trabajar con aquellas personas, instituciones, organismos, asociaciones que deseando la paz, sintonicen con el contenido de la carta y libre y voluntariamente deseen trabajar en su difusión y conocimiento. Es nuestro deseo que periódicamente podamos hacer entrega a la ONU de los materiales recogidos en torno a esta iniciativa a partir de enero de 1995, en la forma indicada por este organismo. Así mismo esperamos que la ONU, aceptando este documento lo estudien y lo distribuyan a todos sus países miembros, y que a través de los departamentos adecuados vayan desgranando las evidencias que se proponen en la Carta de la Paz y puedan asumirlas como camino hacia la Paz.

Muchas gracias.

Sr. Josep Mª Forcada
Presidente del Ámbito María Corral
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz a la ONU
Nueva York, 4 de enero de 1995

Sr. Secretario General,

En nombre de esta comisión que viene a entregarle la Carta de la Paz, quiero expresar nuestra gra-titud y también reconocer su atención en el momento en que contactamos con usted en Badalona, con ocasión de la entrega del premio a la paz Olof Palme. Hoy, queremos expresarle nuestro agradecimiento y gratitud por todo lo que hacen en favor de la paz. Somos conscientes que usted, más que cualquier persona, sufre los dolores de la guerra. Gracias por su actitud ejemplar. La comisión que hoy le visita no representa ningún Estado, ni ningún grupo político o religioso. Somos ciudadanos de diferentes países que aman la causa de la paz.

Hemos deseado que nos apadrine como Estado un pequeño país, uno de los últimos países que ha entrado ha formar parte como miembro de la ONU: Andorra. Una nación hermosa que después de siete siglos de existencia, nunca ha tomó parte en ningún conflictos armado. Esta nación, reunida en Consejo de Gobierno, aceptó apadrinar la Carta de la Paz, y hoy nos acompaña en la persona de su Embajador ante las Naciones Unidas.

Por otra parte, la UNESCO, un organismo tan significativo para el bien de la humanidad, en la persona de su Director General, el profesor Federico Mayor Zaragoza, nos ofrece su apoyo para esta iniciativa, firmando hace poco en París la Carta de la Paz, y hoy delega su presencia en la persona del director de la oficina de la UNESCO en Nueva York.

Con ocasión del Quincuagésimo Aniversario de la creación de la ONU, nos es grato presentarle la Carta de la Paz. Una iniciativa nacida hace ahora cuatro años, (el primero de marzo de 1989, en la ciudad china de Xi'an (ciudad cuyo significado es «paz del oeste»), poco antes de los trágicos acontecimientos de la plaza Tiananmen.

Fueron el doctor Alfredo Rubio y el profesor José Luis Socias quienes se plantearon cómo podrían contribuir a crear una base sólida sobre la cual fundamentar la paz. Una paz que no se basara únicamente en ideologías o intereses de tipo político, social o económico, y que la historia, por su parte, se ha encargado de demostrarnos su fragilidad.

La Carta de la Paz se basa sólo en evidencias. Esta es la fuerza y el atractivo de este documento. Lo que es evidente no precisa del asentimiento de nuestra razón para seguir siendo evidente; se acepte o no, las evidencias están. Como tales evidencias, no se puede hablar de que sean propiedad de unas personas concretas, como ocurre con las ideas o las reflexiones. Las evidencias nos interpelan a todos desde su objetividad, y nadie puede apropiárselas en exclusiva: pertenecen al patrimonio común de la Humanidad, como ocurre con los Derechos del Hombre, del Niño o del Anciano.

Trabajar por la paz es una labor de todos y la ONU, ¡cuánto han trabajado por la causa de la Paz!, son también un centro de armonización de los esfuerzos de las naciones en pro de la misma y fomentan entre ellas relaciones de amistad basadas en el respeto, el principio de la igualdad de derechos y el de la libre determinación de los pueblos. La Carta de la Paz es una iniciativa que sintoniza con estos nobles propósitos y apela a conseguirlos.

La ONU, actualmente, es la organización que mejor representa a toda la humanidad, por estar presentes en ella la inmensa mayoría de los pueblos de la naciones. La Carta de la Paz es un documento pensado para dar-lo a conocer a todos los seres humanos, sin distinción de etnia, sexo, idioma o religión. Es por ello que la dirigimos a su organismo, como signo de nuestro deseo de hacerlo llegar a toda la humanidad.

La ONU tienen que salvaguardar la paz y la seguridad internacionales: intervendrán siempre que haya un quebrantamiento de la paz en algún punto del mundo con el fin de solucionar la controversia. Pero también es bueno favorecer iniciativas concretas por la paz que se desarrollen en un marco pacífico y que tengan como fin el lograr un mayor entendimiento y una más auténtica solidaridad entre las na-ciones de la comunidad internacional. Tales iniciativas, lejos de ser estériles, son el verdadero pilar desde donde se puede edificar una cultura de la paz que sea capaz de preservar a las generaciones presentes y venideras del flagelo de la guerra. La Carta de la Paz se inserta entre ellas, y está orientada a la prevención de futuros actos de agresión que pudieran originarse entre hombres, pueblos y naciones.

La Paz, hoy, no es evidente. Quizás sí lo es la dificultad de vivir en paz. La paz es algo que continuamente se ha de trabajar y edificar, que pide parte de nuestro trabajo, esfuerzo, atención. Una inundación se forma por la suma de millones de gotas de agua que confluyen simultáneamente y que pueden llegar a arrasar una ciudad, un pueblo: una guerra se forma por la acumulación de resentimientos, de disconformidades de cada uno consigo mismo, con la familia, con el trabajo. Cuando estos resentimientos convergen, pueden llegar a producir conflictos y guerras.

Sr. Secretario General, nos honra presentarle el trabajo realizado, junto con la repercusión que ha tenido en países y en gran número de ciudadanos que suscriben estas evidencias de paz. En nombre del Ámbito de Investigación y Difusión María Corral quiero expresarle nuestra más sincera gratitud.