Sra. Louise Frechette
Vicesecretaria general de la ONU
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Muy queridos amigos,

Estamos cerca del final del tumultuoso siglo, que ha visto tanto lo mejor como lo peor del esfuerzo humano. La paz se extiende en una región, mientras que una furia de genocidio causa daños en otra. Una riqueza sin precedentes coexiste con una terrible falta de medios. La globalización nos une más a todos, mientras que la intolerancia nos mantiene separados.

El mandato de la ONU, «salvar las generaciones futuras del castigo de la guerra», en las palabras memorables de la Carta, queda tan válido y relevante hoy como cuando se adoptó en 1945. Para las Naciones Unidas, eso no queda como un reto más alto, ni como un compromiso más profundo, ni una ambición mayor que la prevención del conflicto armado. El mundo ha cambiado mucho en medio siglo, pero la abolición de la guerra permanece como un reto desentelador y complejo como nunca. Hemos venido para darnos cuenta de que la diplomacia interestatal no es suficiente. Necesitamos actuar a un nivel más profundo para la prevención de conflictos violentos antes de que surjan, y reconstruir la paz sobre fundamentos sólidos después de que las armas paren.

En breve necesitamos una cultura de paz, que sólo se puede desarrollar a nivel de la sociedad civil. Éste es el motivo por el cual valoramos tan altamente la contribución de grupos y organizaciones como la vuestra, que están trabajando para definir los elementos esenciales de una cultura pacífica y extender la toma de conciencia de éstos de forma más amplia.

Hoy la seguridad humana se entiende cada vez más no sólo en términos militares. Implica ir mucho más allá de la mera ausencia de conflicto. Debe abarcar el desarrollo económico, la justicia social, la protección ambiental, la democratización, el desarmamento y el respeto por los derechos humanos y la ley. Además, estos pilares de paz están interrelacionados: el progreso en un área puede llevar al progreso en otra. Y la paz debe ser buscada no sólo entre naciones, sino también entre la gente. Quiero recordar que la Asamblea General ha declarado el año 2000 como Año Internacional de la Cultura de la Paz. En colaboración con la Unesco, hemos presentado a la Asamblea los proyectos de actividades a realizar a nivel internacional, nacional y regional de cara a atacar las causas profundas de la violencia, y de poner los fundamentos de una paz durable. Nos podéis ayudar a poner en práctica estas proposiciones y a enriquecerlas.

Yo os exhorto a perseverar en vuestro esfuerzo y, sobre todo, a concentraros en los proyectos concretos en favor de los colectivos desfavorecidos o divididos, allí donde el riesgo de conflicto es mayor. En nombre de la Organización, tengo el placer y el honor de aceptar estos volúmenes que me ofrecéis, son un testimonio del impresionante trabajo que habéis realizado.

Os agradezco profundamente y de todo corazón vuestro celo y vuestra fe en la ONU, que son para nosotros una gran fuente de ánimo.

 

Sr. Agustín Viñas
Miembro del patronato de la Universitas Albertiana
en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Distinguida Sra. Vicesecretaria:

El año 2000, ha sido declarado por la ONU, Año Internacional de la Cultura de la Paz . Las entidades promotoras de la "Carta de la Paz dirigida a la ONU", la Univérsitas Interdisciplinar Albertiana y el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral, muy interesadas en este tema, han dedicado continuamente sus esfuerzos para que todas las personas, tanto individualmente como asociadas, cada una según sus posibilidades, trabajen por la paz y por una adecuada maduración de las personas y de las sociedades.

 

Gran parte de la Humanidad, en todos los países, está sana y ello constituye la principal esperanza para el futuro. A pesar de todo, se puede constatar, en no pocos ambientes de algunas sociedades, el crecimiento poco armónico de bastantes niños y jóvenes. Quizá sean pocos de ellos en proporción al total, pero son muchos si se mira con amor el valor y la dignidad de cada uno de ellos que son personas únicas e irrepetibles.

Los niños y los jóvenes son una porción relevante del patrimonio de la Humanidad. Por otro lado, ellos, como todos los que ya existimos, no pidieron existir, ni pudieron hacer nada por empezar a ser. Más aún, podían no haber existido nunca. Unas personas ya existentes, fueron quienes les hicieron existir, como bien señala el Punto IX de la Carta de la Paz. Ellos, que en las etapas primeras de su vida necesitan protección y ayuda, han de ser, pues, unos destinatarios importantes de nuestras preocupaciones.

 

Estos grupos de jóvenes que preocupan a muchos, presentan algunas características que les son comunes y que son bien conocidas: ellos adolecen de poca comunicación con sus progenitores y sus abuelos y, en general, con las generaciones adultas que les preceden. Ellos y ellas rechazan gran parte de la atención y el cariño que se les da, y de la cultura y la sabiduría de milenios que se les ofrece. Forman grupos aparte que desearían 'empezar desde cero' como si con ellos comenzara la Historia sin tradición alguna. En muchas ocasiones, ellos y ellas hacen lo que les viene en gana en cada momento, se guían por meros impulsos, rehusan reflexionar o recapacitar, son agrestes y ásperos en el trato, desordenados, inconstantes, y hasta violentos a veces, etc. Como ellos no pueden prescindir de la sociedad, pues la necesitan para subsistir, vagan por enmedio de ella convirtiéndose en antisociales y provocando a sí mismos y a los demás, dolores y sufrimientos sin cuento. Estos síntomas no son generalizados pero, como digo, existen en grado suficiente como para que nos ocupemos de ellos con atención. Los numerosos jóvenes sanos que existen, han de colaborar, sin duda, pero no son los responsables de la situación, antes descrita, de sus compañeros de generación y, sobre todo, no tienen los medios ni el vigor suficientes para solucionar ellos solos estos problemas. Los adultos y los mayores sí tenemos esos medios. Es éste un tema importante cuando se desea consolidar y desarrollar una cultura de la paz y la convivencia.

 

Si se observan las sociedades con atención, ¡qué difícil es, en muchos lugares, encontrar unos padres que realmente se amen! Tantos motivos que tiene la gente para casarse que no son amor. Las intromisiones, a veces artibrarias, de tantos Estados en la vida familiar; las presiones, a veces interesadas, de las familias de las que los cónyuges provienen; el haberse establecido el dominio de uno de ellos sobre el otro buscando, quizás, que el matrimonio perdurara; se ha producido la reacción, a veces exagerada, del feminismo; las exigencias del trabajo de cada uno limitan y dificultan la convivencia... ¡Qué pocas parejas habrá en el mundo que se amen en plenitud, con equilibrio, con libertad!

Ahora bien, los hijos e hijas son fruto de la madre y el padre. ¡Cuánto repercutirá, pues, en ese fruto de ambos, en tanto en cuanto se quieran! La mayoría de adultos estamos algo esquizofrénicos, divididos. Quizá, por ello, se está produciendo como un cierto "renuevo selvático" en algunas sociedades que poseen siglos y milenios de civilización. Es como un extenso terremoto de dolor, pues nosotros, los hijos, ¡somos de los dos! Hay tensión entre los componentes más íntimos de nosotros como un óntico Rh negativo. Un terremoto que nos pone ante los ojos una nube que impide percibir nuestro origen trascendente. Y quizá, por eso, muchos no ven la evidencia del gozo que significa existir.

En muchos casos de matrimonios que se separan, se establece una competitividad, una lucha de los progenitores por la posesión sobre los hijos. En algunos matrimonios también se da esta misma rivalidad, signo de que no se aman plenamente. Para que los engendramientos humanos sean suficientemente responsables, el primer cálculo que han de mirar quienes desean ser padres, no es la cultura, la economía, las dimensiones de la vivienda, la capacidad educacional que ellos poseen. Lo primero que han de mirar es si ellos se aman. ¡No pueden ser plenamente responsables si no se aman!

El objeto de las culturas y las civilizaciones es que las personas puedan convivir en paz y alegría. A ello se dirigen todos los esfuerzos de las personas de buena voluntad. Éste es también el objetivo del Año Internacional de la Cultura de la Paz. ¿Cómo hacer llegar esto a un nuevo ser humano que es engendrado?

Dicen muchos psicólogos que, lo más básico para un niño no es que él sea querido por su padre o por su madre. Lo más importante, es que su engendramiento sea fruto del amor auténtico que une a sus progenitores. El saber que sus padres se quieren entre ellos. El presenciar el espectáculo de la unidad de los adultos, la armonía y solidaridad en la sociedad en la cual él es invitado a ingresar. Esto es lo que da consistencia a su ser. La Carta de la Paz, en su Punto III, después de señalar el absurdo de tener y alimentar resentimientos unos contra otros por los hechos anteriores a nuestra existencia, se pregunta: "¿Por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y para nosotros mismos?"

 

Un niño percibe que, si los adultos son amigos entre sí, es bien seguro que también le amarán a él y a los de su generación. En cambio, de hecho, los seres que nacen, presencian un mundo que en gran parte está a bofetadas: los países, el ámbito laboral y público, las familias..., ¡si hasta, a veces, uno no se ama a sí mismo! Este hachazo óntico, este seísmo en los niños, es también social, porque el ser humano lo es. También es producido por el desamor de la sociedad en general. Y también tiene repercusiones sociales, como todo lo individual. Se puede decir, pues, que el amor entre sus papás, constituye la punta de flecha de la cultura que se le acerca a un niño o una niña. Hoy día, muchos filósofos redescubren la importancia del amor para que se pueda dar la adultez armónica de las personas y también de los grupos sociales. Sin amor, tampoco son posibles las ansiadas justicia y solidaridad, constantes y abiertas a todos. Hay que educar a los niños y jóvenes, primero que todo, para que sepan amar. Es lo más necesario; lo contrario genera tantos jóvenes desgarrados, descontentos, apáticos, perezosos, etc. , con gran pérdida para ellos mismos y también para la sociedad. Y el amor requiere libertad. Como dice el Punto VII de la Carta de la Paz: "Siempre que coartemos la libertad de alguien... estaremos impidiendo que esa persona pueda amarnos". ¡Si los niños vieran en su casa siempre un fomento de la libertad responsable! Una buena familia, lugar de crecimiento responsable de los hijos, ha de ser un lugar donde sólo haya amor.

 

* Señora Vicesecretaria:

En el punto IX del documento que presentamos -el cual me atrevo a citar una vez más-, se expone: "Los jóvenes tienen derecho a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir, por el ejemplo de sus padres, familia y la sociedad. Igualmente, para trabajar ahondando en las técnicas y ciencias, a fin de ellos poder, a su vez, colaborar para conseguir un mundo más en paz". Los promotores y quienes ya han suscrito ese documento, deseamos vivamente que las nuevas generaciones -que ya existen- palpen la alegría de existir que disfrutan los adultos y reciban la sabia de la amistad existente entre ellos. Ello es, precisamente, lo que posibilitará a los niños y jóvenes -que serán quienes, dentro de poco tiempo, dirigirán la sociedad- ser, a su vez, desde ahora, auténticamente libres y creativos. Es hora de que las filosofías, las sociedades en general, no se basen en un egoísmo moderado sino en el amor, en la amistad, como común denominador de las relaciones humanas. Esperamos que las nuevas generaciones sean entusiasmadas con el espectáculo de nuestro amor.

Sra. Elena Caballé
Gerente del Ámbito de Investigación y Difusión
María Corral en ocasión de la entrega de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Sra. Vicesecretaria General:

Una vez más, en nombre de la Universitas Albertiana y del Ambito de Investigación y Difusión María Corral, entidades promotoras de la Carta de la Paz dirigida a la ONU, quiero expresarle nuestro más sincero agradecimiento por el interés que desde el primer momento ha demostrado la Organización de las Naciones Unidas por esta iniciativa.

 

La Carta de la Paz dirigida a la ONU es un documento que contiene 10 puntos que ofrecen fundamentos y criterios a partir de los cuales puede construirse la paz. No es fruto de ninguna ideología ni religiosa ni política ni económica sino que se basa en evidencias. Por ello está dirigida a todas las personas en general y, a lo largo de estos 5 años, hemos constatado que ha sido firmada por personas de las más diversas políticas sociales o religiones. Se elaboró el primer borrador del documento en el año 1989, en la ciudad china de Xi'an. Posteriormente se convocaron cerca de un centenar de encuentros y reuniones interdisciplinares con intelectuales, profesores universitarios, y profesionales de distintos sectores, en ciudades de diferentes países de 4 continentes, hasta su redacción definitiva, cuatro años después. La Carta de la Paz dirigida a la ONU se presentó pública y solemnemente por primera vez ,en la ciudad de Barcelona, España, el día 22 de abril de 1993.

 

Cuando el pasado 25 de enero de 1996 hicimos entrega de toda la documentación sobre la Carta de la Paz recogida a lo largo del año anterior, el Sr. Secre-tario General nos invitó a seguir con esta iniciativa. Nos animó con estas palabras: "Vuestra carta de la Paz, muestra nítidamente, que la paz es un problema demasiado serio como para confiarlo solo a los estados. Es solo a través de la movilización de la opinión pública internacional que la paz podrá progresar de verdad en el mundo. Porque la Paz, es ante todo, una cultura que hay que inscribir en el corazón de los hombres. Y es natural, pues, que la Unesco, desde su origen, haya animado sus pasos".

Recogiendo esta invitación, hemos seguido trabajando con entusiasmo. En estos dos años y medio desde esa última visita a ustedes, la Carta de la Paz ha sido presentada a distintas ciudades de nuevos países, recogido nuevas firmas, comentarios y reflexiones. Pero, también hemos querido dirigirnos a unos ámbitos de la sociedad que nos parecía importante que conocieran el contenido de la Carta de la Paz. Son grupos de la sociedad que independientemente de su amplitud, país o ideología, poseen una singular identidad social y una apreciable repercusión en la sociedad de nuestros días. Nos referimos, entre otros, a los Artistas, a las distintas Religiones, a los Juristas y a los Medios de Comunicación Social. Nuestro interés, no era tanto que pudieran firmar o difundir la Carta de la Paz, -cosa que muchos de ellos han hecho-, sino pedir su testimonio y comentario, su parecer y opinión sobre lo que pueden aportar las evidencias de la CP en sus ámbitos respectivos y en la sociedad en general.

 

También hemos emprendido la tarea de dar a conocer el contenido de la Carta de la Paz a todos los ciudadanos de Barcelona, ciudad en la que nació dicho documento. La hemos llevado a todos los barrios y distritos de la misma, con el beneplácito y apoyo de su Ayuntamiento. Procurando, por así decirlo, con un trabajo artesanal, llegar a cada persona, familia o asociación, para que leyendo su contenido despertaran sus deseos de construir la paz. Queremos expresarle con grata alegría, que dinamizar estos deseos de paz, no ha supuesto un esfuerzo en demasía, puesto que el ansia de paz late con fuerza en muchos habitantes de esa ciudad, lo cual nos lleva a pensar que con gran probabilidad acontece lo mismo en tantas otras ciudades y poblaciones del mundo.

 

Este trabajo quedará recogido en la próxima memoria anual de actividades y será la base y soporte de trabajo a realizar en otras regiones de España y en otros países. Ciertamente, y como ustedes muy bien saben, la tarea por la paz, es inmensa y probablemente no finalice nunca, siempre se necesitará de todos los esfuerzos posibles para mantenerla y consolidarla. Desde los Institutos de la Paz de la Universitas Albertiana, seguimos potenciando el trabajo de investigación y estudio interdisciplinar de cada uno de los fundamentos señalados en la Carta de la Paz, para elaborar diversos materiales que sirven para su posterior publicación. Fruto de ello será la próxima aparición de dos nuevos libros y un pequeño opúsculo, del cual le hacemos entrega, donde se comenta de manera amplia el contenido de la Carta de la Paz dirigida a la ONU.Los Institutos de la Paz organizan también conferencias, forums, cenas-coloquio, tertulias universitarias, coloquios universitarios de verano, Grupos Carta de la Paz y artículos de opinión que se publican en los distintos medios de comunicación social de los países donde la Carta ha sido presentada. Muy próximamente en Barcelona se celebrarán una Jornadas Interdisciplinares que llevan por título "Desarrollar la Paz", para ver qué actividades han de desplegarse después de un acuerdo de paz para que ésta se consolide y potencie, es decir, desarrollar la aplicación práctica de la Carta de la Paz, indicando posibles líneas de acción que se inspiren en dicho.

 

Sra. Vicesecretaria General,

Nos proponemos seguir trabajando con aquellas personas, instituciones, organismos y asociaciones que deseando la paz y, sintonizando con el contenido de esta Carta de la Paz dirigida a la ONU, deseen trabajar en su difusión y conocimiento. Y es nuestro deseo que periódicamente podamos seguir haciendo entrega a la ONU de la recopilación del trabajo realizado en torno al desarrollo de esta iniciativa. Así mismo se vería premiado de un modo muy especial nuestro trabajo de tantos años, si la ONU hicieran suyos operativamente los contenidos de este documento, y les fuera de utilidad para su misión tanto educativa a través de la Unesco, como política en sus relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales.

 

Muchas gracias.

Sr. Nina Sibal
Directora de la Oficina de la UNESCO en la ONU
Recepción de la delegación de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

En nombre de la UNESCO, tengo el honor de formar parte esta delegación hoy, reunidos aquí para presentar la "Carta de la Paz", con más de cien mil firmas de todo el mundo.

El Director General de la UNESCO, el Sr. Federico Mayor Zaragoza, ha estado implicado personalmente y está muy entusiasmado con esta iniciativa particular de paz desde hace unos años. La Carta de la Paz está muy cercana al mandato central de la UNESCO, que es construir la defensa de la Paz en las mentes de los hombres y de las mujeres.

 

Es una suerte que en esta tercera ocasión la Carta de la Paz llegue a las Naciones Unidas durante la Asamblea General, la cual adopta una declaración y un programa de acción para promover una Cultura de Paz. El Secretario General de las Naciones Unidas y nuestro Director General colaboraron en la presentación de estos proyectos de textos de la Asamblea General. Además la Asamblea, el año pasado, proclamó al año 2000 como el Año Internacional de la Cultura de la Paz. La UNESCO es el punto central para este año. Me gustaría leer una parte del mensaje del Sr. Mayor para el Año Internacional de la Paz. Declara, simplemente, que la UNESCO trabajaría enérgicamente para promover iniciativas como esta "Carta de la Paz". En el encuentro de París en 1995 en el 50 aniversario de su fundación los Estados miembros de la UNESCO miraron hacia el futuro y declararon que el mayor reto al final del siglo XX es comenzar la transición de una cultura de guerra a una cultura de paz. Esto reafirma el mandato de la UNESCO que estableció después de la II Guerra Mundial con el mandato constitucional de utilizar la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación con el fin de "construir las defensas de paz en las mentes de los hombres".

 

El Año Internacional de la Cultura de la Paz, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas para el año 2000, es el paso más importante en el largo camino hacia este reto. Las decisiones de la UNESCO no son suficientes, no obstante. Como se declaró en la constitución de la UNESCO, las disposiciones políticas y económicas de los gobiernos no son suficientes para asegurar una paz duradera: "la paz se ha de fundamentar sobre la solidaridad intelectual y moral de la humanidad". El desarrollo de una cultura de paz requiere la completa participación de cada uno. La paz, como la entendemos ahora, ya no es preocupación exclusiva de los gobiernos y organizaciones internacionales. Es más que la ausencia de la guerra y la violencia. Son nuestros valores y actitudes en nuestras comunidades, familias y escuelas. La paz se ha de cultivar, aprender y, sobretodo, poner en práctica.

Para hacer la paz hemos de actuar para transformar los conflictos de cada día en una cooperación para construir un mundo mejor para todos.

Sr. Arturo Laclaustra
Embajador representante adjunto de la Misión de España
Con motivo de la cena conmemorativa en el Hotel Marriot
Nueva York, 29 de octubre de 1998

La sociedad civil puede aportar grandes cosas en su quehacer diario, en las tareas a favor de la paz, en el desarrollo económico y social, el avance, la protección y el fomento de los Derechos Humanos.

Los gobiernos buscan apoyarse en los principios que la Carta de la Paz establece, pero son plenamente conscientes de que en esta tarea necesitamos contar con la aportación del individuo, de la persona humana. Así que una vez más mi enhorabuena, me alegra mucho que esta iniciativa, a la que ya asistí por primera vez hace tres años, de nuevo tenga la ocasión de manifestarse.

 

Sra. Grace L. Griffenberg
Defensora del Pueblo de Nueva York
Recepción de la delegación de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Nuestros esfuerzos y los de ustedes son los de hacer una cultura de paz, es un regalo que nosotros debemos dar al mundo. No sólo para nosotros, sino también para los niños y para nuestros nietos. Y que mejor regalo que verlos crecer en una cultura donde se pueda soñar, crecer y amar. En un mundo donde se aceptan las distintas creencias y culturas, en una sociedad que está en paz.

Sr. Antón Canyellas
Defensor del pueblo de Cataluña
Recepción de la delegación de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Consecuentes con la tarea que desarrolla la institución de los Ombudsman, durante las X Jornadas de Coordinación de Defensores del Pueblo de España firmamos conjuntamente la Carta de la Paz, en testimonio de nuestro compromiso en la voluntad de mantener la paz en el mundo y, añadimos, mantenernos firmes en el rechazo de todas cuantas formas de intolerancia puedan mantenerla en peligro. Hoy estamos plenamente satisfechos de ese acto, ya que actos como ese, o como el de esta mañana, contribuyen sin ninguna duda a hacer realidad la paz y a rescatarla del terreno de la utopía. Hemos de ser conscientes que, aunque sea lentamente, se van ganando parcelas a la intolerancia y a la violencia, y que, en estas parcelas ganadas, se instala e manera real y efectiva la paz.

Sr. Juan Miguel González Feria
Co-fundador de la Universitas Albertiana Interdisciplinar
Recepción de la delegación de la Carta de la Paz
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Los que asistimos a la primera redacción de la Carta de la Paz vimos cómo se fue concretando, a base de encuentros como el que hoy tenemos, leyendo, dialogando… Fue como un acordeón que se va empequeñeciendo en anchura, pero con un gran contenido. Después empezó la difusión y la aceptación por parte de muchas personas.

 

Nos alegra mucho ver que el trabajo que habíamos hecho anteriormente no ha sido inútil, que la colaboración, el diálogo, el contraste en ciudades, con tantos grupos de profesionales, ha dado fruto, y estamos convencidos de que aún queda mucho contenido en su interior y mucho trabajo por hacer, porque el mundo tienen muchísimos problemas. Desde nuestra pequeñez, y en nombre de los otros compañeros, me ofrezco a seguir trabajando en todo lo que podamos en esta Carta de la Paz y por la paz en general.

Sr. Carlos Contreras
Secretario Ejecutivo de la Comisión Sudamericana de Paz,
Seguridad y Democracia.
Nueva York, 29 de octubre de 1998

Una expresión importante de la situación absolutamente privilegiada de nuestra América Latina, es la existencia de nuestra condición de iberoamericanos, indoamericanos o latinoamericanos, un pueblo de aproximadamente 500 millones de habitantes que, con orgullo y convicción, asumimos nuestras identidades y nos vamos incorporando al mundo con fuerza y voluntad. Me viene a la memoria, un párrafo que creo que es bastante importante de la Carta de la Paz, y que tiene mucho que ver con ello.

 

Ni nosotros ni nuestros contemporáneos tenemos ninguna gloria ni culpa de lo que ocurrió en la historia. Ahora viene la otra cara de la moneda, por qué si bien es cierto que ésta es una realidad muy importante, el otro aspecto es que en nuestra región y bajo nuestra responsabilidad, después de doscientos años de independencia, persiste la pobreza, la marginación, la exclusión social para un porcentaje altísimo de latinoamericanos.