Cultura de Paz: del conflicto a la armonía

IMAGINANDO HORIZONTES NUEVOS

Parece que en nuestro mundo el conflicto está omnipresente y es omnipotente: entre países, entre colectivos, entre personas; en la comunidad internacional, en casa, en el trabajo, en la calle, en los negocios, en las asociaciones. Incluso entre religiones y en el seno de grupos espirituales diversos. Decimos “parece” porque los conflictos no sólo son objeto codiciado por parte de la mayoría de medios de comunicación social, que nos bombardean cada día con problemas, disputas, conflictos y desgracias de todo tipo, sino que también forman parte de nuestra experiencia vital diaria. Es cierto que han existido conflictos en todos los tiempos y épocas, y en todas las áreas geográficas del planeta, sin distinción de edad, raza, etnia o género. Pero parece que estemos irremediablemente condenados a sufrir los conflictos a lo largo de toda nuestra existencia. La mayoría no hemos sido educados para transformarnos en los conflictos y mejorar relaciones, comunicación, situaciones, y menos aún, hacerlo de forma no violenta. Porque no sólo son violentos los ataques físicos, sino también las reacciones iracundas, los ataques verbales, los silencios y vacíos hirientes, las reacciones descontroladas. ¿Cómo puede trascenderse la dualidad del conflicto, en la que aparentemente siempre debe haber un vencedor y un vencido?; ¿podemos proyectarnos como seres capaces de transformarse y completarse incluso en medio de conflictos?; ¿estamos dispuestos a imaginar horizontes nuevos en los que caminamos equilibrados, serenos, despiertos en medio de diferencias de criterio o visión, en medio de situaciones problemáticas o estresantes, en el curso de conflictos que afloran emociones negativas?.

SER ILUMINANTE

Los conflictos no son ni negativos ni positivos. Constituyen más bien vías maestras: generan dinámicas destructivas o constructivas dependiendo de cómo se viven o gestionan. Nos muestran, en la mayoría de las ocasiones, que algo en nosotros o en la situación debe cambiar, transformarse. Como diría el sabio psiquiatra suizo Karl Jung, “revelan nuestras sombras”. Nos enfadamos con los amigos, la pareja, los vecinos, los compañeros de trabajo, cuando en la mayoría de las ocasiones nos muestran nuestros aspectos más inmaduros o inconscientemente no realizados. Los que aparecen como supuestos adversarios no son más que nuestros mejores maestros para completarnos y evolucionar. Sólo por este aspecto debemos apreciar a nuestros –supuestos- adversarios: nos brindan oportunidades de aceptar  e integrar nuestras sombras aumentando la conciencia. ¿Podemos aspirar a ser originales ante los ataques de los otros, incluso los que aparecen como más irracionales o sin motivo aparente?. “Original” significa etimológicamente que la acción –o no acción- tenga origen en nosotros, sea guiada, dirigida y orientada por nuestra voluntad, y no sea producto de una mera reacción o respuesta automática o mecánica. Quienes somos… ¿máquinas reaccionantes o seres originales?. El arte marcial no violento del Aikido, procedente de Japón, practica constantemente estos movimientos: cómo aprovechar la energía –incluso violenta- del adversario para que no me lesione a mí pero que, a la vez, no me implique en el ataque de forma que necesariamente deba responder de forma violenta. Más bien, experimentar cómo reconducir el ataque para que yo no sufra daño y a la vez yo no le cause daño tampoco a quién me ataca, sino descubrir una oportunidad de aprender para ambos; estar despierto, atento, a los movimientos propios y ajenos, aunque sin luchar. ¿Estamos suficientemente despiertos para, como hizo Peter Pan sentarnos, “cosernos y hacer propia la sombra” perdida inconscientemente?. Luz y sombra, otra dualidad aparente. No se puede combatir la “sombra”, ni “pelearse contra la sombra”… de hecho, la sombra como tal no existe; es sólo ausencia de luz. La sombra se desvanece con un rayo de luz de una puerta, una ventana o una claraboya que se abran. Una simple rendija puede iluminar toda una estancia y cambiar toda nuestra percepción del espacio y el tiempo. En determinados sistemas espirituales se habla de La Iluminación y de “los iluminados”. ¡Todos estamos iluminados!. Como la Luna y la Tierra, recibimos miles de rayos de luz, en nuestro caso también de ideas, conceptos, sentimientos, imágenes. Pero a pesar de toda la luz que reciben del exterior, siempre hay una parte que permanece oscura, sin luz, en la sombra. Además de ser iluminados somos también iluminantes: resulta que la propia ciencia admite ya que los seres humanos somos emisores de luz. Los investigadores Masaki Kobayashi, Daisuke Kikuchi y Hitoshi Okamura han acreditado científicamente que más allá de mediciones estrictamente térmicas, igual que la mayoría de organismos vivos, generamos pequeñas y auténticas cantidades de luminosidad (básicamente centradas en el centro de la cara), aunque mil veces menores de lo necesario para ser percibidas por nuestros ojos. Yo no me contento ya con ser “iluminado”. Mi aspiración es convertirme en “estrella iluminante”, donde la conciencia ha invadido la sombra y desde el centro irradia luz en todas direcciones ¿Iluminado o Iluminante? no se trata de un mero juego de palabras. Completarnos y evolucionar con los conflictos y vivir armonía aun en el caos, las disputas o los conflictos; esta es una auténtica vía maestra. Podemos ver millones de estrellas iluminantes que irradian su luz de noche y de día; no quedan perturbadas por nubarrones, tormentas o huracanes, que se miran con distancia. No ir rápido; sino, ¡ser rápido como la luz! Ser consciente antes, avanzarse al movimiento y, orientarse en la dirección deseada, tan rápido que el movimiento sea casi imperceptible. Percibimos igual una rueda de coche parada que una rueda a 110 km/h… buscar constantemente un equilibrio dinámico que me permita a la vez avanzar y no caer, aumentar mi vibración, permaneciendo sereno, sin perder el control, vivir armónicamente las diferencias.

MEDICATIO, MEDIATIO, MEDITATIO: vías hacia el equilibrio dinámico

Si entendemos el conflicto como un bloqueo en el descrito plano de la dualidad o una pérdida de equilibrio de los elementos complementarios, surge entonces la pregunta de cómo puede escaparse la humanidad, el ser humano, de esta manifestación dual, sabiendo que no es posible destruir el elemento antagónico con el que estamos tan íntimamente relacionados, que forma parte de nosotros mismos; siendo conscientes que no podemos acabar ni con la noche ni con el día y, por tanto, ni con la guerra ni con la paz, entonces nos preguntamos cómo salimos del atolladero, como superamos el bloqueo, como trascendemos el desequilibrio. Existe un camino que tiene una raíz común en el lenguaje, y que sirve para las tres principales manifestaciones humanas (el cuerpo/mente, las relaciones sociales y la psique o alma):

  • Cuando el cuerpo está enfermo (símbolo del antagonismo, de la lucha interna entre microentidades vitales, de la ausencia de armonía corporal) debe aplicarse medicatio, medicación para recuperar la unidad y el equilibrio vital. El vocablo medicación hace referencia, en sentido original, a poción, alivio, administración de remedios, que pueden servir para curar o envenenar. Ueshiba, inspirador del Aikido, pone de manifiesto: “el Arte de la Paz es la medicina para un mundo enfermo. En el mundo existen el mal y el desorden porque la gente ha olvidado que todas las cosas emanan de una sola fuente. Regresa a esa fuente y deja atrás todo pensamiento autocentrado, todo deseo mezquino y toda ira. Aquellos que son poseídos por la nada poseen todo”. Las enfermedades sociales, las enfermedades planetarias, las enfermedades del individuo, no son sino resultado de una obstrucción en los cauces de la mente. El reto que nos impone la enfermedad, la separación de los seres queridos, las frustraciones que nos causa nuestro trabajo, son oportunidades que se nos ofrecen para consumir las pautas mentales que oscurecen la belleza del fuego de la sabiduría. La enfermedad -igual que el conflicto- se desarrolla cuando la energía vital ve obstaculizado su flujo; en la idea de enfermedad está su cura. Cada sistema orgánico mantiene su equilibrio vibrando en armonía con un tono determinado, un tono de salud óptima. Este tono puede distorsionarse por efecto de pensamientos, palabras u obras. Toda forma es “vibración”, que puede remediarse. Nuestras vidas están altamente influenciadas por las frecuencias. Cuando dos personas mantienen un diálogo grato, las ondas de su corteza cerebral coinciden. En la Física esto se denomina armonización y resonancia. En la actualidad también se cree que las enfermedades son alteraciones de ritmo; los dolores y las enfermedades son originadas en gran medida porque nuestro cuerpo no es capaz de vibrar armónicamente en todos los puntos.
  • Cuando estamos ante un conflicto social entre personas, agrupaciones de personas o macrosistemas sociales que se encuentran bloqueados, existe el camino de la mediatio, mediación de un tercero neutral, para encontrar soluciones creativas y equitativas que permitan relaciones sociales equilibradas y complementarias; el mediador (o facilitador) acompaña en situaciones de dualidad bloqueada, y con este acompañamiento genera condiciones para trascender dicha dualidad, armonizando las dis-sintonías producidas, imaginando conjuntamente con las partes nuevos espacios y tiempos que permitan avanzar hacia nuevos horizontes de nuevos equilibrios dinámicos. Facilita una transformación donde la inercia destructora se canaliza y se concentra la atención en las capacidades constructoras y generadoras de nuevas realidades armónicas.
  • Por último, cuando existe división, distorsión metafísica y ausencia de armonía en la inmaterialidad del ser el camino a seguir es la meditatio, meditación que permite trascender la dualidad y tomar contacto nuevamente con el mismo origen del ser.  Como señala Jäger, un monje benedictino y maestro zen, “ … por lo general intentamos solucionar nuestros problemas según el método del ver, juzgar y actuar, pero el camino de la meditación consiste en intentar transformar a la persona desde el interior. De la persona transformada surgen nuevas formas de comportamiento, valoraciones e intenciones … o sea, el sí mismo es una especie de centro donde es posible experimentar la Realidad. Es un lugar donde la realidad bipolar puede ser vista como Uno”.

Medicatio, mediatio, meditatio constituyen así “vías de remedio”, para renacer en un nuevo medio (remedium tiene relación tanto con remedio, como con medicación/medicina o solución/recurso): son caminos que nos permiten recuperar el centro o punto de equilibrio, ir de nuevo hacia a una unidad renovada, una armonía dinámica. Jordi Palou – Loverdós (Mediador) España – Barcelona

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