5000 kilómetros de diferencias y similitudes

Hace unos días llegó a mi casilla de correo un texto que verdaderamente me llamó la atención. El motivo que me impulsó a leer este mensaje y no descartarlo de inmediato es que el diálogo de ese mail era entre un argentino y un chileno. Eso fue motivo suficiente para atender mi curiosidad.

Conocida es la ¿rivalidad? –me cuesta encontrar otro término para definir esa sensación- existente entre algunos sectores de la población que ven en el hermano trasandino una persona que le envidia ciertos elementos. Desde el territorio, hasta la estabilidad económica, las chicas más lindas o si Gardel era argentino o no. Si bien esto lo escribo desde la República Argentina, no digo que sólo ellos lo piensen así. Al contrario. Se percibe que esa sensación es absolutamente recíproca en muchos argentinos. Y esto puede diferir, aumentando o disminuyendo en algunas zonas limítrofes. Hay que recordar que entre Argentina y Chile compartimos más de 5.000 kilómetros de fronteras. Y Mendoza y Santiago además tienen casi 7 mil metros de altura de Cordillera que los separa.

El título del mensaje que recibí en mi correo era: “A NUESTROS QUERIDOS HERMANOS chilenos, DE PARTE DE LOS ARGENTINOS”. Aquí ya empezamos con problemas, porque utiliza las mayúsculas en toda la oración, pero a los “chilenos” los señala con letras minúsculas. Primer elemento a destacar.

Y sigue diciendo: “Hace un momento leí un mail que circula por Internet hecho por chilenos y para chilenos que ataca a la Argentina, por eso me gasté en escribir estas líneas respondiendo ese mail y a la espera de que ustedes colaboren y lo sigan pasando. Esto si es una cadena. Pero es de esas cadenas en que todos debemos participar. Esto es solo por nuestro propio respeto”.

Obviamente este mensaje no tiene firma, por lo que se hace difícil identificar a su autor. Pero intenta representar un sentimiento mayoritario en Argentina.

Continúa: “Me ha llegado el siguiente texto” (Este es el mail Chileno):

“Queridos compatriotas, nuestros HERMANOS ARGENTINOS, por enésima vez nos han fastidiado, es largo enumerar las veces, los kilómetros cuadrados, y así muchas cosas con las que nos fastidian constante y reiteradamente. Lo último fue los recortes de gas, y para rebalsar el vaso de la tolerancia, ahora suben la bencina a los que viajan a su país, por el solo hecho de ser CHILENOS. Como únicas medidas contra la “solidaridad” de nuestro hermano país te pedimos que no viajen de vacaciones a Argentina, que no carguen bencina en la empresa YPF, porque es argentina; que no compren en el supermercado carne, arroz y leche porque son argentinas; si tienen la posibilidad de dar trabajo no se lo den a un argentino, ya que este es el momento de demostrar tu patriotismo, y una arenga “Chile es tu tierra”. Y siguen las provocaciones.

Pero la respuesta del argentino no es menor. Con un tono sobrado dice: “Chileno antes que nada, no es la enésima vez que  los fastidiamos, los metros cuadrados son nuestros desde antes que ustedes existieran, igual  que la salida al mar de Bolivia, que Uds. les robaron como nos querían afanar el Beagle y al final se los regaló el Papa, porque les tuvo lástima”. Y siguen las descalificaciones a los chilenos.

No hace falta que agregue más detalles del mensaje, donde los insultos y las provocaciones están a flor de piel. Esta actitud demuestra una intolerancia y un grado de resentimiento muy importante, que muchas veces se esconde y no se reconoce desde el discurso, pero que en el fondo muchos comparten aunque no lo expresen.

La Carta de la Paz nos invita a dejar de lado los resentimientos ya que ninguno de nosotros tiene responsabilidad en los hechos ocurridos en la historia. A pesar de ser tan reciente –el conflicto entre Argentina y Chile fue en 1978- han pasado ya 30 años y muchos de sus responsables hoy no están. Sin embargo este mensaje de correo electrónico refleja un pensamiento vigente hoy.

¿Qué podemos hacer para terminar con estos sentimientos? Vuelvo a citar la Carta de la Paz, cuando nos invita a ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad. ¿Tanto nos cuesta entender este punto? ¿Por qué es tan fuerte ese desprecio o antipatía hacia el vecino si todos compartimos la existencia?

Hasta cuando realizamos un acto de donación de sangre, siendo del mismo grupo y factor, puede ser utilizada por otros seres humanos, sin distinción de razas o país de origen. Quiere decir que los hombres y mujeres de este mundo compartimos características similares. Sólo que algunos nacimos de un lado de la cordillera de los Andes, y otros del otro lado.

Que esa división no sea causa o motivo de discordia, sino que permita la reflexión para revertir esta situación y facilite la acción conjunta entre los pueblos. Gente que en otros puntos, como en la Patagonia, vive mucho más integrada que en otros sectores, que tiene raíces familiares de un lado y del otro. Que comparten historias, amigos, anécdotas, pero sobre todo comparten una condición, la de ser humano, la de existir. Y esto ya es mucho.

Alfredo Fernández (Periodista)
Argentina – Río Gallegos

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