A propósito de la situación de los niños en el mundo…

Joan Ortiz i Serra.- En 1989 se aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Según el texto, la infancia no es solamente considerada como un objeto de protección sino también como un sujeto de pleno derecho.

Hoy, día 20 de noviembre, celebramos el Día Internacional de la Infancia, justo cuando se ha hecho público que 19.000 menores mueren cada día por razones que se podrían evitar. Si seguimos con las cifras, 120 millones de niñas y niños padecen desnutrición crónica y 20 millones la sufren en un grado agudo.

La Fundación Carta de la Paz dirigida a las Naciones Unidas, desde una de las evidencias básicas que en ella se señalan, subraya que los seres humanos somos “hermanos en la existencia”, es decir que el criterio de la fraternidad reside en el simple hecho de existir. Una hermandad que no solamente atañe a un hecho objetivo e incuestionable, que es el hecho de estar viviendo bajo un mismo paraguas temporal y en un mismo espacio físico llamado Tierra, sino que encaja perfectamente en un sentido de fraternidad entre seres. Todos formamos parte de lo que existe y de los que existen. A todos se nos ha dado la posibilidad de ser.

En este sentido, apelamos a la sensibilidad y a la solidaridad como herramientas para la comprensión de realidades como las que nos llegan hoy, Día Internacional de la Infancia. Y entender que es precisamente ese vínculo de fraternidad el que debe favorecer la construcción de la Paz a nivel internacional e impedir este tipo de noticias.

El mero hecho de vivir conscientemente con esta idea, abriendo permanentemente nuestras mentes y corazones a las realidades más complejas de hoy, ya es algo sumamente poderoso para contribuir a una corriente de pensamientos positiva que contrarreste la negatividad que dejan las actividades ignorantes de la humanidad.

Y puesto que, como afirma nuestro texto, para edificar mejor la Paz es propicio fomentar el aprecio entre las personas, convirtámonos en seres de indudable dimensión social corresponsable.

Puede parecer que, desde las posiciones sociales privilegiadas de un mundo rico, muchos piensen que les queda lejos esa región del planeta en el que la hambruna se lleva las vidas de los más pequeños. Sin embargo, es difícil poder construir a un mundo mejor si solamente esperamos que actúen las instituciones.

Los seres humanos tenemos la responsabilidad de construir la Paz desde nosotros mismos para con nosotros mismos y nuestro alrededor. Como rezan las más antiguas tradiciones, el mundo no alcanzará la Paz hasta que cada uno de nosotros no se empeñe en establecerla dentro de sí. Y en un mundo en el que los seres permanecen en Paz, no hay lugar para las diferentes expresiones de la violencia, entre ellas la hambruna que sufren niñas y niños.

Somos conscientes de las dificultades que hay que atravesar para lograr ese mundo al que tanto ansiamos llegar. Pero para conseguirlo, depende exclusivamente de nuestras consciencias como individuos para que pongamos nuestro granito de arena personal.  Desde el “yo” se puede entrar a una verdadera era de fraternidad existencial.

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