Agradecido por la vida

“Yo vivo con una discapacidad llamada parálisis cerebral. No puedo vivir sin depender de la ayuda de otros. Levantarse por la mañana, cambiarme de ropa, ir al baño, comer, bañarme; en todas estas actividades diarias que necesito las manos para ayudar a los demás. Mi vida se hace posible sólo por la confianza, la confianza mutua entre sí”.

[Extraído de http://www.taize.fr/fr_article10349.html; 24-5-2010]

AGRADECIDO POR LA VIDA
26-10-2010

Ser limitado es propio del ser humano, somos limitados en lo que se refiere a nuestro origen, pues empezamos a existir en un momento dado, y, además, ni siquiera éramos necesarios, podíamos no haber existido, como dice el punto IV de la Carta de la Paz, pues sólo era necesario que nuestra historia hubiera sido diferente para que nosotros no hubiésemos existido nunca. Esto cuesta imaginarlo porque no tenemos experiencia de la nada. Pero también somos limitados por el fin, pues sabemos que no somos eternos, y que un día moriremos.

De algún modo estos dos grandes límites enmarcan nuestra existencia, no son optativos, no somos libres para escoger existir o no, como tampoco lo somos para decidir morir o no. Por otro lado, tampoco podemos escoger cómo es nuestra existencia concreta. Frente a estos grandes hechos de nuestra existencia sólo somos libres para aceptarlos con alegría o por el contrario “sublevarnos”.

La opción de Ken Arita con parálisis cerebral es aceptar con alegría su existencia concreta, agradecido por la posibilidad de existir, agradecido por la vida, sin creer que su vida sea más difícil que la de las otras personas.

Hace tiempo en la preparación de un encuentro para enfermos y gente mayor, reflexionábamos sobre la fragilidad humana. Observábamos como hay personas que tienen su fragilidad manifiesta, palpable, podríamos decir que visible y los otros que sin tenerla manifiesta somos también frágiles, en otras palabras, todos somos frágiles. En este sentido recuerdo el testimonio de una mujer joven sobre su enfermedad y empezó diciendo “Hola, soy Juana y soy frágil”. Creo que cada uno de nosotros hubiese podido coger el micrófono y decir “hola, soy frágil”.

La fragilidad manifiesta o los límites más visibles de los demás, como los de Ken Arita, que afirma que no puede vivir sin la ayuda de los otros, pues necesita que le ayuden en todos sus quehaceres cotidianos, como es vestirse, ir a lavabo, comer, bañarse; nos recuerdan también nuestros límites, manifiestos y vividos de manera diferente manera para cada persona. Su vida, continua el mismo Ken, solo es posible por la confianza, una confianza mutua de unos para con otros. En este sentido su dependencia, su necesidad de confianza también es manifiesta, palpable, clara.

Del mismo modo que nuestra fragilidad no siempre es visible, tampoco lo es nuestra necesidad de confianza, aunque para podernos desarrollar plenamente, necesitamos poder establecer relaciones de confianza mutua con las personas que nos rodean. Las necesitamos para establecer lazos de amistad y de afecto, para realizar nuestros proyectos de vida, y también para hacer frente a nuestros límites, incluso para afrontar a aquellos que pueden parecer insignificantes.

Quizás nuestra vida sólo es posible vivirla con alegría y con gozo si aceptamos nuestra fragilidad, nuestros límites, sean los que sean, y se manifiesten de la manera que se manifiesten, y si somos capaces de reconocer y de aceptar con alegría, que necesitamos establecer relaciones de confianza mutua con los demás. Es decir, tenemos que ser capaces de confiar, de alguna manera abandonarnos en las manos del otro, pero también tenemos que ser capaces de acoger la confianza que los otros necesitan poner en nosotros.

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