Ahondar en “la carta”

Conocí la Carta de la Paz hace seis años, al pisar Barcelona llegando de Colombia. El documento me pareció interesante, aunque en la primera lectura surgieron en mí muchas inquietudes, sobre todo, porqué era una carta que hablaba de paz pero que no mencionaba el desarme, ni la deuda externa, ni la inequidad social… sin duda era una perspectiva diferente de trabajo por la paz. Visitando la oficina de la secretaria de la Carta de la Paz y dialogando con algunos miembros del equipo de trabajo, fui poco a poco conociendo el documento y viendo la profundidad que alberga cada uno de sus puntos. Al poco tiempo ya estaba entusiasmada con su contenido. En esas visitas, me llamó la atención ver como éste documento se llevaba a la práctica en la forma de trabajar de este equipo de personas, que a través de la amistad  llevaban a cabo proyectos conjuntos pero respetando siempre la genuina libertad de cada uno. Esta coherencia entre el documento y la realidad fue uno de los motivos por los cuales me animé a trabajar con ellos. Ahora pasados los años, sigo encontrando en la Carta de la Paz enormes riquezas, ya que es un documento que se despliega como un abanico del que siempre surgen innumerables reflexiones. Es un documento realista que nos hace ver la importancia de llevar a cabo cambios internos muy profundos, empezando por sentimientos y emociones que tenemos muy arraigadas y que son contrarios a la paz. A partir de estos cambios, los distintos puntos de la Carta de la Paz, nos permiten analizar la forma como nos relacionamos con los demás y el mundo en general. Es un documento que  nos cuestiona sobre la forma en que establecemos nuestras relaciones  de amistad, de pareja, de familia, de trabajo, etc.; que  nos invita a basarlas en el respeto a la dignidad y la libertad superando la imposición, el rencor y los resentimientos. Pero también es un documento que no sólo considera la paz como un trabajo interno, sino que nos recuerda que la sociedad la construimos entre todos y que sólo cuando seamos capaces de asumir nuestra responsabilidad como agentes sociales, lograremos transformar aquellas estructuras que no nos permiten vivir en paz. Sin duda esta Carta tiene mucho que aportar a la sociedad y depende de todos nosotros que más y más personas puedan ahondar en ella y dejarse transformar. Amalia Valderrama Caraballo (Psicóloga) España – Barcelona

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