Amigos y paciencia

En una agradable sobremesa de una cena de amigos, de ahora hace casi seis años, uno de ellos nos comunicó que aquel verano haría una Ruta de la Carta de la Paz por Portugal. Tres nos apuntamos a la iniciativa sin saber muy bien en qué consistía. En el viaje leí por primera vez los diez puntos de la Carta de Paz. Poco pensaba entonces, que pasado un tiempo formaría parte durante cuatro años del equipo de trabajo permanente de la sede de la Fundación en Barcelona. Colaborar con la Carta de la Paz ha sido siempre muy enriquecedor. En primer lugar, el concepto de paz ha dejado de tener para mí una dimensión abstracta, universal y con toques de utopía, para ser una palabra con una dimensión mucho más concreta y personal. Con estos años, la paz ha pasado a tener múltiples formas: paz personal, paz social, paz mundial… y esa palabra que antes consideraba importante pero ausente de contenido, ahora está sujeta a una base de conocimientos, problemas para llegar a ella y esperanzas de cambio. En la Carta de la Paz también he aprendido a trabajar en equipo y tener paciencia. Una afirmación como esta puede parecer extraña, pero no lo es si la dice una persona que provenía del periodismo diario, altamente exigente en trabajar de forma rápida para ofrecer información casi a tiempo real. La Fundación tiene representantes en distintos países del mundo, donde de forma voluntaria, cada día decenas de personas ponen, con una ilusión pegadiza, su granito de arena en la construcción de la paz. Llevan a cabo un trabajo admirable. En Barcelona, a diferencia de otros puntos del mundo, donde la solitud puede provocar desánimo, el equipo que trabaja es más grande y, por lo tanto, hace falta organización –todo el mundo debe sentirse partícipe del trabajo-, comunicación, tolerancia, perseverancia y paciencia, para que los proyectos se conviertan en realidad. En definitiva, aprendes que la impaciencia y la rapidez no son buenas compañeras de la paz. Pero sobre todo durante todo este tiempo, ha sido todo un placer trabajar por la paz y al mismo tiempo hacer amigos. La Carta de la Paz empieza con una cabecera muy clara: “Amigos y amigas”. Si en los fundamentos no hay amistad, no se puede construir la paz. En este sentido, la Carta de la Paz, es como una gran red de amigos que traspasa fronteras. Pero además, cada nuevo compañero que llega es recibido como un más a formar parte de esta gran familia que comparte un mismo objetivo: la paz. Por las experiencias vividas y los sueños compartidos, gracias amigos y amigas. Maria Coll Pigem (Historiadora) España – Barcelona

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