Aprender de la memoria histórica

Muchos niños aprenden a comer de la mano de un adulto que les da comida; también hay niños a los que les dan comida sus hermanos no mucho mayores que ellos y aprenden de otra manera. Algunos infantes aprenden a caminar de la mano de un adulto; otros muchos, la primera vez que se colocan de pie están solos y también cuando se caen. El aprendizaje es muy importante en la vida de las personas, ojalá hasta el final, pero se aprende del contenido y del continente. La experiencia vivida por cada uno es única, tal como lo es, la particular manera de interpretar o sentir todo ello nos configura.

Las circunstancias pesan mucho en cada persona. Es así como hay quien cree que no le gusta la Historia o cocinar y quizá se debe a una mala circunstancia en su vida. Así, a pesar de que es obvio que yo no tengo la culpa de algo que ocurrió antes de que yo existiera, no es inmediato en las personas saberlo. Puedo no haberlo pensado nunca, o quizá me ha sido ocultado o enseñado de otra manera. La mayoría de las cosas evidentes, pareciera no tener sentido señalarlas, no obstante, forman parte de los grandes descubrimientos. Después de descubrir algo, ello puede mostrarse obvio, pero sin ayuda, quizá no lo habríamos visto nunca. Las cosas más obvias pueden no ser vistas, por obvias que sean. Muchas de ellas requieren enseñanza para verlas y aprenderlas, que no es lo mismo que memorizarlas. Por el contrario, podemos aprender cosas que no son obvias, incluso que son erróneas: el vicio o el engaño.

Muchos conflictos bélicos están basados en tareas pendientes de nuestros antepasados y muchas deudas que empobrecen a miles de personas en el planeta, se gestaron hace más de cien y doscientos años. Hoy pagan otros. No es nuestra culpa, pero hay que resarcir.

Memoria reciente

Muchos conflictos tienen su origen en hechos históricos muy anteriores al nacimiento de cualquier contemporáneo. Sólo las piedras, algunos edificios y árboles estaban cuando esos conflictos empezaron. En todas partes ocurre, a pequeña y a mayor escala. Historias de familia, de pueblos y de continentes. En esos casos, transmitir hostilidades es absurdo porque estamos odiando y vengando a quien ya no existe. ¿Pero qué se hace si todavía existen situaciones que afectan a los presentes fruto de temas mal resueltos? ¿Quién vela por estos intereses, deudas impagas, destrozos? Posiblemente se necesitan toneladas de educación y esfuerzos de ambos lados para reconstruir, acompañar y educar “para que nunca más”. Políticas y planes de trabajo diseñados a largo aliento desde lo micro a lo macro y viceversa. Pero también, lamentablemente, muchas veces, a estos temas se les deja de dar importancia una vez “enterrados los muertos”.

De los errores tenemos que aprender. Por ello, a la luz de tantos males ocurridos en la historia de los que no somos culpables, ¿qué podemos hacer para prevenir?, ¿cómo podemos sanar y ayudar a sanar de ellos?, ¿cómo enterrar para mejor vida?

Muchos pueblos aborígenes han sufrido el silencio de su memoria histórica y discriminación. Actualmente, la humanidad hace esfuerzos notables, aunque lentos, en el reconocimiento de las diversidades y se hace hincapié en la convivencia entre ellas. Para un europeo o descendiente de europeo, pasearse por su ciudad de origen es pasearse por una parte de su memoria. No es así para muchos americanos, australianos, africanos, oceánicos. Bien porque sus pueblos no desarrollaron tanto registro, bien porque está escondido o destruido. Además de los vestigios arqueológicos, la cultura occidental ha caído en el error de silenciar las costumbres y se ha menospreciado a otras culturas, simplemente por desconocimiento profundo. Eso mismo ocurre con los bandos que se enfrentan en un conflicto bélico, después del horror viene un gran silencio necesario, pero muchas veces también impuesto.

Recoger cenizas

La memoria es una gran aliada, es necesaria. Guardar fotos de mi madre fallecida cuando yo tenía tres años de edad, me permite a los 40 reconocer algunos parecidos en nuestros rostros y además, me indica que tengo un origen, da sentido y explicación a quien soy. Cuando hay registro permite leerse y entender, que no es lo mismo que justificar. Y entenderemos progresivamente, porque probablemente, la primera vez que leamos nos contaminaremos con nuestras propias reacciones de rechazo.

No es fácil, aunque mirado desde fuera parece obvio. Implica el esfuerzo de dejar libres a los que nos suceden. Renunciar a transmitir el sentimiento de venganza, de amargura y aprender a construir desde donde estamos. Además, aprender y permitir, que las generaciones posteriores construyan, juntas, el presente.

El tema de la memoria, entre sus múltiples aristas, tiene una muy punzante, los hechos recientes. Si bien renunciar a los resentimientos históricos es un aprendizaje, saber convivir con el dolor del propio pasado y construir la convivencia, es un arte. Cuando el ofensor está vivo, lo reconozco y lo veo con frecuencia, así sea en los medios de televisión, es doblemente complejo trabajar para construir la paz. En los países donde han ocurrido hechos de guerra, lo peor de la humanidad se ha manifestado contra hermanos. Después aparece el odio y el arrepentimiento, pero también hay un peso social moral que sanar, no es llegar y darse la mano. Hay que conversar primero. Además de los sentimientos de rabia y odio, en el mejor de los casos sanados, se hace urgente y necesario construir un “para que nunca más”, que haga visible el error y la justicia. Más que nunca, una justicia fundada en el amor, en la fraternidad, en comprender el límite humano.

¿Cómo se hace?

Para esto hay una señal de alerta inminente en nuestras sociedades: leemos de corrido. Vivimos encapsulados, no miramos, no profundizamos, no nos damos cuenta que el mundo es uno y que las guerras no son solamente de los que están bajo el fuego. No se trata de buenos y malos. En los conflictos donde todavía están vivos parte de los actores, hay arrepentimiento, falta de información, ocultamiento de los registros, engaño y situaciones cíclicas de dolor. No son posibles las recomendaciones. Para que cientos de hermanos se maten entre sí tiene que haber habido un malentendido muy grande y sentimientos humanos muy deplorables que después pasan la cuenta. Eso forma parte de todos nosotros, no solamente de los que estuvieron en la pelea. Pero también, descubrimos que se podría haber hecho mucho mejor. ¿Qué hacemos pues?, ¿cómo le contamos a nuestros hijos, sobrinos, nietos que depende de nosotros?

La toma de conciencia es fundamental y ayuda a leer el presente, para eso sirve, el pasado ya pasó. Por ello los países en los que se han realizado registros, informes… de desaparecidos, hacen un gran favor a la humanidad para el presente. Es importante hacer memoria para aprender y resarcir, es sanador para todos, aprendamos de ella.
Elisabet Juanola Soria (Periodista)
Santiago – Chile

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