Armando de Ramón: Premio Nacional de Historia

José Armando de Ramón Folch, Premio Nacional de Historia de Chile 1998. Palabras de agradecimiento Directora de Bibliotecas, Archivos y Museos, Sr. presidente de Comisión de Cultura de la Honorable Cámara de Diputados, queridos amigos venidos para acompañarme en esta ocasión, señoras y señores. Concurro a este acto muy emocionado, a objeto de recibir el Premio Nacional de Historia, el que me fuera otorgado en este año 1998 por el jurado que se constituyó para este efecto, reconocimiento que agradezco vivamente. Agradezco también los aplausos que los presentes me han dedicado, aunque debo advertir que por lo menos la mitad de ellos deberán ser ofrecidos a Emita Acevedo, mi esposa, ya que sin su colaboración durante largos cuarenta años no habría podido realizar la obra por la cual las autoridades de mi país acaban de galardonarme. Quiero recordar aquí, también, la importancia que tiene un premio como el que me ha sido otorgado en un país donde el estudio de la historia se enseña estructurado en una forma que no permite una comprensión racional de lo que ha sido una nación como la nuestra.  Ello impide que los alumnos puedan insertar los acontecimientos más importantes ocurridos en ella dentro de una concepción global que le dé sentido al suceder histórico ocurrido en el transcurso del tiempo y también a su proyecto de vida. No es fácil entender por qué, todavía, aparecen en las universidades jóvenes con vocación para la historia luego de estar sometidos a una instrucción tan deficiente en esta materia. Faltan ideas, hipótesis y planteamientos que hagan claridad en el proceso cronológico que ha tenido lugar en una región, en un país, o en un continente o conjunto de países, y le den sentido al pasado, animando al presente y permitiendo planificar mejor el futuro. Es corriente toparse con falsas ideas o mediocres, cuando no interesadas, interpretaciones que se ocupan en manipular un conjunto de datos para mostrar una visión histórica que sirva al interés o al propósito del autor. Por lo tanto, un conocimiento estático, acartonado y aburrido como el que hoy se imparte, no sólo no sirve de nada al alumno, sino que consigue relegar a la asignatura de historia a un rincón aislado donde yace completamente desacreditada u olvidada. A modo de ejemplo me gustara reproducir aquí una idea que no ha sido elaborada por el que habla, sino por un gran amigo mío, Alfredo Rubio de Castarlenas, y que se encuentra inserta en la Carta de la Paz presentada a las Naciones Unidas en 1993. Allí se dice que “los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos. ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?”. Ideas tan importantes, claras y sencillas como la citada, suelen no tener lugar en las aulas cuando se imparte la enseñanza de la historia y, por el contrario, a veces se llega a inculcar expresiones de odio, rencor o desprecio hacia los pueblos vecinos, en nuestro caso pueblos hermanos. Espero que en la reforma educacional, a mi parecer la más importante que se ha planteado en este siglo para Chile y que se encuentra en marcha, pueda modificarse el método para enseñar la historia en beneficio de nuestra patria y de la ciencia. Estoy seguro de que si estas ideas logran imponerse, mejorará muy pronto la calidad de la enseñanza y de la investigación de nuestra historia hasta recuperar el sitial que ella tuvo en otro tiempo. Sin más, gracias otra vez por todo este emocionante homenaje. ——————————– José Armando de Ramón Folch (Santiago, 6 de febrero de 1927 † Algarrobo, 29 de febrero de 2004) Abogado, sociólogo e historiador chileno, Premio Nacional de Historia en 1998. Hijo de Armando de Ramón Correa y María Folch Herrera. Casado con Ema Acevedo Fagalde, tres hijos: Emma, Sebastián y Beltrán. Realizó sus estudios primarios en el Instituto Alonso de Ercilla y secundarios en el Liceo Amunátegui de Santiago. Posteriormente cursó la carrera de derecho iniciando sus estudios en la Pontificia Universidad Católica de Chile y concluyéndolos en la Universidad de Chile desde donde egresó en 1953 con la tesis Génesis constitucional de América. Durante el transcurso de sus estudios en la Universidad de Chile, tuvo la oportunidad de conocer y entablar una relación discipular muy significativa para él con el historiador Jaime Eyzaguirre quien lo impulsó a desarrollar sus primeras investigaciones en temas de historia de América y de Chile colonial y lo ayudó a incorporarse al ambiente historiográfico de los años 50 en Santiago. En 1955 recibió una beca que le permitió viajar a España con la intención de doctorarse en derecho; sin embargo, su profunda vocación por los temas históricos y de ciencias sociales lo llevó a desistir de aquel proyecto y su tiempo en la península lo dedicó a investigar en temas de historia de Chile. De regreso en Chile, combinó su profesión como abogado con la investigación histórica y con la docencia en la Pontificia Universidad Católica de Chile en la cátedra de Historia del Derecho a la que ingresó gracias al apoyo constante de su “maestro” Jaime Eyzaguirre. Una vez casado (1958) y con dos de sus tres hijos nacidos, en el contexto de un proyecto de familia, Armando decidió abandonar el ejercicio de su profesión de abogado en la cual no se sentía realizado. Para ello, abordó el estudio de la sociología en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) donde se licenció como sociólogo en 1963. Con aquel título pudo incorporarse al trabajo de los diversos proyectos sociales que se llevaban a cabo por parte del gobierno de Eduardo Frei Montalva, particularmente, el de la Reforma Agraria con el que colaboró con entusiasmo. Fue funcionario de la CORA (Corporación de la Reforma Agraria) y posteriormente del SENDE, servicio destinado a promover el empleo. No obstante su vocación de historiador lo llevó a alejarse del servicio público e ingresar al proyecto universitario promovido por Fernando Castillo Velasco en la Pontificia Universidad Católica. Desde 1968, se incorporó al trabajo del recién fundado Instituto de Historia. Allí se desempeñó como profesor e investigador del Centro de Estudios Económico-Sociales donde pudo compartir su trabajo con Gabriel Salazar, Carlos Sempat Assadourian y Carmen Castillo, entre otros. El golpe de Estado de 1973 lo sorprendió en esa actividad; el Centro fue disuelto inmediatamente y todos los profesores y ayudantes fueron despedidos excepto Armando de Ramón que continuó trabajando en la Universidad pero sin hacer clases. El largo silencio que le impuso la dictadura, pero que él prefirió al exilio (“no hay mejor cosa que morirse de hambre en su propia casa” era el refrán que repetía por entonces como una forma de afianzar su decisión de permanecer en el país) le permitió avanzar en varias de sus líneas de investigación que salieron a la luz en forma de publicaciones durante los últimos años de la década del 1970 y los primeros de 1980. Las tres líneas de trabajo que pueden observarse en ese período son la historia económica y social a través de sus Orígenes de la vida económica chilena, 1659-1808, la historia urbana con “Historia urbana: una metodología aplicada” y finalmente, la historia de la cotidianeidad que puede verse en sus “Orígenes” ya citado y particularmente en el Estudio Preliminar de “Relación autobiográfica de Sor Úrsula Suárez”. Terminada la dictadura, Armando pudo dedicarse a realizar obras de síntesis. Entre ellas su “Historia de América” en tres volúmenes, su preferida “Santiago de Chile (1541-1991). Historia de una sociedad urbana” -considerada por algunos especialistas la mejor historia de la ciudad de Santiago desde aquella escrita por Benjamín Vicuña Mackenna- y su “Historia de Chile”, obra que resume su pensamiento sobre el devenir de nuestro país desde la invasión incaica hasta la actualidad. Ema de Ramón (Historiadora) Santiago – Chile

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