Australia pide perdón a sus aborígenes

“El primer ministro de Australia, Kevin Rudd, ha pedido, por vez primera en la historia del país, perdón a los aborígenes por el dolor y el daño causados en el pasado, después de haber sido recibido por ellos el martes. Rudd ofreció sus disculpas “sin reservas” en nombre del Gobierno y el Parlamento de Australia. Su discurso fue recibido, dentro y fuera del Legislativo, con gritos de alegría y muchas lágrimas por millones de australianos, aborígenes y no aborígenes, que contemplaban su alocución, retransmitida en directo por televisión, desde pantallas colocadas en parques, jardines, museos, ayuntamientos, escuelas y oficinas…”
[Extraído de El Mundo; 13-2-2008]

El pasado 12 de febrero, el recientemente elegido nuevo primer ministro de Australia, Kevin Rudd, compareció en público para pedir perdón en nombre del gobierno Australiano a los aborígenes del país “por el dolor y el daño causados en el pasado”. Un gesto dirigido en particular a lo que se conoce como la “generación robada”: niños y jóvenes que fueron apartados por la fuerza de sus familias para ser llevados a familias blancas o instituciones religiosas entre 1910 y 1970.

Es la primera vez que el gobierno Australiano pide perdón públicamente ante los aborígenes, aunque no es su primera acción al respecto de las asperezas entre comunidades australianas. A partir de 1967 se iniciaron una serie de acciones encaminadas a reconciliar las diferencias entre la población originaria australiana y la población inglesa e irlandesa que colonizó la isla, mayoritariamente, a partir del año 1788. Por ejemplo, la concesión progresiva del voto; la aprobación, en 1976, de una ley sobre el derecho a conservar las tierras, y en 1992 el reconocimiento de propiedad de éstas; y la creación, en 1992, del un Consejo de Reconciliación Indígena, comité formado por 25 integrantes (entre representantes de las comunidades aborígenes, sectores empresariales, sindicales, iglesia y otros) que habría de marcar un proceso formal de restauración de la paz entre las diferentes comunidades que compartían la tierra. El gobierno australiano había reiterado en ocasiones su “compromiso total en la reconciliación como prioridad importante para los australianos”, pero hasta este acto, no había reconocido formalmente los errores cometidos en la historia reciente y pasada del país.

Este gesto institucional ha sido acogido bastante bien por las fuerzas políticas y por las comunidades indígenas, aunque se han hecho matices respecto a cuál debe ser la acción siguiente del gobierno: por un lado los que, como Gerard Henderson, líder opositor director del Sydney Institute, no apoyan una indemnización económica que “no podría compensar el dolor sufrido por los que fueron apartados de sus familias”. Por otro lado los que, como la profesora aborigen Lowitja O’Donoghue, creen necesario que el perdón ha de ir acompañado de una compensación económica.

La Carta de la Paz, en su punto VIII, habla de la responsabilidad de las instituciones respecto a los males cometidos en la Historia: “… para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia.” Desde la llegada de los primeros colonos europeos hacia el siglo XVIII, la historia de Australia ha sido marcada por muchos perjuicios hacia la población indígena originaria. Que el Gobierno del país, heredero de esa historia, haya reconocido que ha obrado mal en el pasado es de gran importancia para el presente y el futuro de Australia: “señalar los errores del pasado para no repetirlos en el futuro”.

La Carta de la Paz, además, señala que “…Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados”. Víctimas de esta “generación robada” reclaman la compensación por décadas de daños ocasionados, así como la gestión de las consecuencias de esos daños, hoy traducidos en tasas de alcoholismo altas entre la población indígena, menores índices de alfabetización, menores oportunidades laborales, … y una esperanza de vida de 17 años menos que la población blanca. Señalábamos antes que éste no es un gesto aislado en la trayectoria reciente de la gobernación de la isla. Existen proyectos concretos en el esfuerzo por la reconciliación entre pobladores australianos. Kevin Rud también espetó en su discurso a la clase política para “luchar contra los problemas que aún sufren los indígenas”.

El gesto del gobierno australiano es un primer e importante gesto, ya que permite que los afectados puedan ver reconocido el dolor sufrido. Pero también es importante la continuación del trabajo por la mejora y equidad en las condiciones de vida de todos los pobladores de Australia. Ojalá el gobierno continúe en su esfuerzo por corregir los errores pasados y siga implicado decididamente en el establecimiento de una sólida base para construir y preservar la paz.
Javier García Aranda (Grafista)
España – Barcelona

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