Bicentenario en Colombia: Prospectivas

En el marco de las celebraciones del bicentenario de la independencia de Colombia próximo a celebrarse son múltiples las propuestas relacionadas con el tema y es que al preguntarnos por el bicentenario como un acontecimiento, éste se presenta como una irrupción histórica que marca una diferencia con los momentos anteriores del territorio que hoy poblamos, y permite ver la diferencia en lo que hoy somos como colombianos, para indagar cuáles son las prácticas que nos permiten actualmente  hablar de lo que somos, pensamos y decimos como sujetos y así proyectar lo que seremos, pensemos, digamos y hagamos en el futuro de nación que queremos construir.  El pensar nuestro pasado en el hoy para proyectar prospectivas es una tarea en clave de paz, pues, en una Colombia donde las indagaciones se dan desde la historia cargada de resentimientos el pensar en el bicentenario hay que mirarlo desde la posibilidad de la reconciliación de la propia historia. “La reconciliación requiere justicia aunque puede ir más allá de la justicia en la concesión del perdón. Cómo armonizar el perdón con el compromiso actual con la justicia en circunstancias especiales, precisará discernimiento moral prudente y sutiles elementos políticos. Desarrollar estas virtudes es uno de los mayores retos espirituales de la vida política en nuestro mundo roto” (David Hollenbach SJ)

Inquirir por el valor del acontecimiento bicentenario es a su vez preguntarnos por nuestro presente, y es por lo tanto, indagarnos por el mismo a la luz de las prácticas y de los discursos que acompañaron ese momento de la independencia, para la toma de conciencia de sí mismos, como país que se nombra como nación y que se sitúa en el pasado para pensar su presente y proyectar su futuro. De ahí que una de las propuestas de mirar el bicentenario se da desde el desarrollo humano (Cátedra Lasallista -Universidad de la Salle); es preguntarse en un primer momento por la libertad.

Y es que el desarrollo puede concebirse “como un proceso de expansión de las libertades reales que disfrutan los individuos. El hecho de que centremos la atención en las libertades humanas contrasta con las visiones más estrictas del desarrollo, como su identificación con el crecimiento del producto nacional bruto, con el aumento de las rentas personales, con la industrialización, con los avances tecnológicos o con la modernización social”.  (Sen, A. 2006  p.  )

Así, el desarrollo puede ser visto desde una perspectiva distinta al crecimiento del producto interno bruto o a la ampliación de las posibilidades de acción a través de recursos tecnológicos. Tal perspectiva considera al desarrollo como un aumento de las “libertades reales”, como la educación, el acceso a servicios de salud, el hábitat, la distribución equitativa de los recursos, la libertad de expresión, entre otros, y de las cuales disfrutan las sociedades capitalistas contemporáneas.  En tal sentido “el desarrollo exige la eliminación de las principales fuentes de privación de la libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que puedan encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los estados represivos”. (Sen, 2006, p.19).

Lo que importa en esta revolución que se dio hace 200 años, por un pueblo colmado de ánimo, no es sólo la separación del gobierno extranjero sino es el grito de libertad, es el signo de que “los hombres quieren darse la constitución política que les convenga y que quieren” ( Foucault 2009 p. 36); por eso esta revolución de 1810 es un acontecimiento que no se puede olvidar porque revela que el desarrollo de un pueblo depende del valor que éste de al marco de sus libertades para dirigir sus acciones, es decir, gobernarse.

El bicentenario como celebración de la independencia es nombrar la revolución de 1810 como acontecimiento que se enuncia en el pasado pero que constituye una vitalidad permanente para nuestro presente y futuro, y que al reflexionarla desde las preguntas actuales del desarrollo, garantiza el no olvido y la continuidad de una marcha por lo humano.

Por lo tanto, el preguntarnos por el bicentenario de la independencia es la pregunta por las libertades reales de los hombres y mujeres, jóvenes, niños y niñas de esta nación; es interrogarse por esta actualidad desde un marco histórico de un proceso de esas libertades que se dio desde un acontecimiento en 1810, pero que reclama en el hoy la pregunta por las libertades actuales que nos permitan decir Independencia como horizonte permanente en la construcción del proyecto de nación.

(1) Licenciado en Filosofía USB, Diploma de Estudios Avanzados  (DEA) en Filosofía U. Barcelona Magíster en Desarrollo Educativo y Social CINDE- UPN, Doctor en Ciencias Sociales. Niñez y Juventud. CINDE-UM. Doctor en Filosofía U. Barcelona. Postdoctorado en Ciencias Sociales CINDE- CLACSO Docente- investigador Universidad de la Salle. Correo electrónico jmartinezp2@gmail.com

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