Cena familiar

Las ocho de la tarde en una cena familiar. Me han invitado a cenar Juan y  María, dos buenos amigos que se quieren casar. El objetivo de la cena es que se puedan conocer las dos familias. Juan ha ido a casa de María muchas veces y María ha ido a menudo a casa de Juan, pero hoy es la presentación oficial de los consuegros y es necesario empezar a hablar de la boda. Juan es hijo de una familia adinerada de Barcelona. Su padre es un importante empresario que tiene varios negocios. Un hombre de carácter muy fuerte y enérgico, como buen emprendedor. La madre es de Lérida y conoció a su marido en un encuentro de jóvenes empresarios. Económicamente viven muy bien. Juan es un hombre sencillo, trabajador, con muchas inquietudes sociales, que no responden al prototipo de chico de casa “buena”. Tiene varios másteres en Economía y quiere continuar con el negocio familiar. María es hija de una familia obrera. Nació en una barriada de Cornellá y sus padres trabajan en diferentes empresas del sector del metal. Los dos han sido siempre luchadores: han participado siempre en todas las movidas reivindicativas a favor de los obreros y el padre, incluso, pasó por la prisión en las mejores épocas de la dictadura franquista. Su madre se enamoró de él por su capacidad de liderazgo social. Ambos son líderes sindicales en las empresas donde trabajan y están comprometidos con la defensa de los derechos de los trabajadores. María es una chica muy fuerte que trabajaba por las mañanas y estudiaba por las tardes. También ha estudiado Económicas con excelentes resultados. Tiene ganas de trabajar para conseguir un mundo más justo. Me abren la puerta y entro en casa. Soy el último en llegar y me los encuentro a todos en el jardín haciendo el aperitivo. Los hombres, no sé muy bien por qué, nos reunimos en un círculo y las mujeres en otro y vamos charlando de “nuestras cosas”, hasta que nos llaman para sentarnos a mesa y empezar a cenar. Nos sirven el primer plato y algo de vino. Todo va bien hasta que entramos en terreno político; la conversación se tensa, porque los planteamientos ideológicos son muy diferentes y todo el mundo está convencido de que sus opciones políticas son las más indicadas para gobernar. Llega el segundo plato y el momento de más intensidad, quizás el que más preocupaba a Juan y María. El padre de Juan habla de las empresas y de las situaciones tan complicadas que viven en este momento. Rápidamente salta el padre de María acusando a los empresarios de no tener nunca en cuenta los trabajadores y de velar sólo por sus beneficios. Se inicia una fuerte discusión que cada vez se mueve más en el territorio personal. La cosa no va por buen camino y decido intervenir en la conversación: “me parece que el motivo de nuestro encuentro es la boda de Juan y María y no los señores Adam Smith y Karl Marx”. Esta pequeña broma rompe el hielo y podemos continuar conversando en paz. Aprovecho el momento para hacer la siguiente reflexión: “gracias al hecho de que la historia social ha sido cómo ha sido hemos nacido todos nosotros. No sé por qué discutimos tanto, porque Juan nace de una familia industrial o no nace y María nace de una familia obrera o no nace. No tienen la culpa de lo que pasó. Al contrario, están muy contentos de ello porque, gracias a esto, ahora se conocen, se quieren y se pueden casar. Han tomado la opción más inteligente, ser amigos y mejorar dentro de lo posible los problemas de este mundo. Cuántas energías malgastamos en resentimientos históricos, en lugar de preocuparnos de resolver los problemas y mejorar la situación presente. No podemos ser herederos de las tensiones anteriores a nosotros y debemos hacer el esfuerzo de sacarnos de encima esta herencia. No podemos vivir fastidiándonos por unas situaciones históricas pasadas y que con nuestra actitud nos dedicamos a reproducir en el presente. Pensad en vuestros hijos, sin vosotros no existirían. Limpiar el corazón de prejuicios, de resentimientos y ser amigos, es la manera más idónea de preparar la boda de vuestros hijos”. La cena continuó. Rápidamente se pusieron de acuerdo en todo lo referente a la boda. Tras la cena, Juan y María me acompañaron a casa. Estaban contentos del encuentro y sabían que sus padres acabarían siendo buenos amigos; ellos dos ya los ayudarían. “Una de las cosas más complicadas de una boda es hacer las mesas de los invitados”, les comentaba de camino a casa. “Os animo a romper los esquemas, a superar esta separación de clases sociales y a ser valientes para sentar los invitados mezclados y crear así nuevas amistades. Este sería el mejor regalo de futuro.”   Jordi Cussó Porredón (Economista) España – Barcelona

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