Conflictología y construcción de la paz

EDUARD VINYAMATA CAMP es Doctor en Ciencias Sociales y Conflictólogo. Fundador y primer Director del Centro Universitario de Investigaciones e Intervención en Resolución de Confictos “Pau i Treva” y del Master de Resolución de Conflictos (Fundació Pere Tarrés) de la Universidad Ramón Llull de Barcelona. Delegado del Rector de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC, universidad virtual) para el “Campus for Peace”, dedicado a apoyar iniciativas de paz y humanitarias. Director del Master Internacional en Resolución de Conflictos (MIRC), curso de postgrado virtual, de la UOC-Formación de postgrado, profesor también del programa de doctorado de la UOC con la asignatura Conflictología. Es profesor de Conflictología en diversas universidades europeas y americanas e investigador. Autor de diversas obras de Conflictología entre los que destacan Manual de Resolución de Conflictos, Conflictología, Tratamiento y transformación de conflictos, Guerra y Paz en el trabajo y Los conflictos explicados a mis hijos. Mantiene su actividad como asesor de campo en resolución pacífica de conflictos armados y violentos en temas de seguridad.

Nos gustaría mucho que, en primer lugar, nos hablara de su opinión sobre las leyes de la memoria histórica. La ley actual de la memoria histórica nos habla de la recuperación de esta memoria, pero lo que realmente interesa para la construcción de la paz es la reconciliación entre enemigos. La historia es una asignatura académica o ciencia que tiene interés, pero no específicamente desde la conflictología. Si la historia se puede utilizar para que los antiguos enemigos se reconcilien, entonces me parece muy bien estudiarla, pero si mediante la recuperación de la memoria histórica continúan siendo enemigos, entonces no interesa dedicarle demasiados esfuerzos. Particularmente, me parece que la ley española no ha dado un resultado positivo, ya que ha recuperado recuerdos que no han suscitado la reconciliación, sino peleas, y para volver a pelearnos es mejor no tocar nada. En otros países, en cambio, estas leyes se han construido con el objetivo de la reconciliación, y no sólo para recordar esta historia que sólo interesa a los historiadores, sino para conseguir una reconciliación entre antiguos enemigos. De algún modo, quiere transmitir la idea de que habilitar una ley de la memoria puede ser una ayuda más, pero que si no hay un intento de reconciliación entre las personas… Yo no hubiera habilitado ninguna ley, sino que hubiera destinado recursos para hacer viable que los dos bandos, republicanos y nacionalistas, se reunieran y entendieran que ambos luchaban por sus ideales. Que el hecho de luchar por lo que uno cree está muy bien, pero que tendrían que entender que se utilizaron unos sistemas, tanto políticos como armados, demasiado violentos. Lo que se debería haber hecho es facilitar la desaparición del odio entre antiguos enemigos. La Carta de la Paz afirma que los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males que han pasado en la Historia y que es necesario no alimentar ni transmitir los resentimientos de generación a generación. Si se da la transmisión de resentimientos entre generaciones, ¿se pueden resolver los conflictos? Ciertamente, los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males creados por nuestros antepasados o, incluso, por nuestros conciudadanos hace años; aunque nosotros, los contemporáneos, vivimos, sufrimos o gozamos de condiciones injustas, de privilegios, ventajas o desventajas, consecuencia de lo que hicieron aquellos que  nos precedieron. Se dice que el conflicto no se soluciona hasta que se producen actos de reparación y reconciliación entre víctimas y agresores (o a sus descendentes biológicos, sociales o ideológicos). Para solucionar un conflicto, ¿es importante conocer los hechos históricos que pueden haberlo desencadenado? Por bien y por mal, somos lo que somos y vivimos como consecuencia de hechos históricos que deberíamos tratar de superar. Pero el olvido podría ser una nueva injusticia, una nueva ofensa y un nuevo mal que infligiríamos a los descendientes de las víctimas. Es necesario devolver la dignidad a aquellos a los que se la quitaron injustamente, es necesario reparar los males que se produjeron en el pasado a determinadas personas y que, hoy, sufren sus descendientes, y será necesario que se produzcan actos de reconciliación entre los que fueron enemigos. Es necesario encontrar la manera de pedir perdón y de perdonar como un acto que va más allá de las simples palabras: superando los resentimientos. Una vez finaliza el conflicto y empieza la construcción de la paz, ¿cómo podemos evitar que surjan resentimientos que conducen a una nueva amenaza? Reparación y reconciliación es todo lo contrario de venganza y rencor; es recuperar la paz haciendo justicia. Es dejar de recordar con rencor cuando ya no queda nada pendiente, nada por reclamar, nada por invocar, cuando se asumen las responsabilidades, se admiten los errores y nos libramos del dolor y la culpa porque comprendemos las razones del otro, el dolor y los miedos del otro, cuando somos capaces de perdonar y pedir perdón, de sentir, de nuevo, afecto por el otro, por los antiguos enemigos, por los que son diferentes a nosotros… La formación en cultura de paz no debería limitarse a mostrar principios y valores más o menos abstractos, ni tampoco enseñar técnicas concretas. Aprender a vivir en paz es aprender a vivir sin miedo, a sentir afecto sin distinciones, a escuchar y comprender, a saber perdonar y a pedir perdón, a dar y beneficiar, justamente, a los que más han perdido, a los que menos tienen. ¿Podría poner algún ejemplo concreto en el que haya habido situaciones difíciles de solucionar, pero que se han podido trabajar para cerrar heridas? Tuve la oportunidad de conocer un caso muy impactante de Sudáfrica y el Apartheid. Se trata de una fundación para la reconciliación que tiene dos directores: una mujer blanca de unos 60 años, que perdió a su hija en un atentado con bomba en una discoteca; y un hombre negro, que fue el encargado de dar la orden de la colocación de esa bomba. Y ahora colaboran juntos, porque han entendido que los dos luchaban por sus ideales con métodos equivocados, sus ideas podían ser buenas: lo que fallaban eran los métodos, eran demasiado violentos. En el caso de Sudáfrica, yo recomiendo ver la película “In my country”: “En mi país”, ya que en ella se ve reproducido el dramático proceso de reconciliación en base a las tradiciones africanas. Es el encuentro entre víctimas y agresores, de un modo que ciertamente no se si aquí podría funcionar igual. En el fondo quiere decir que todo lo que es reconocer los males del pasado es de justicia, pero que eso no es absoluto si no es para mejorar el presente… La justicia es una parte importante, pero si no acaba en reconciliación no acaba el conflicto. En Cataluña y España ha sido uno de los pioneros en la incorporación de la resolución de conflictos y la mediación en el ámbito académico. En todos estos años de experiencia, ¿qué destacaría como más importante? Los hechos más importantes creo que han sido las iniciativas que han acabado implementándose en la sociedad, organismos públicos o iniciativas privadas. Ha habido muchos cursos de cultura de paz que se han ido creando, ya que a medida que pasa el tiempo hay más gente interesada en estos temas y los incorpora a su  vida, tanto personal como vocacional o profesional; junto a la aceptación que tiene en el plan académico práctico.

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