Conocer al desconocido

A propósito del manual de historia israelí y palestino

Cuanto menos sepa del otro, la relación se torna más impersonal. Y, en medio de un conflicto, la agresividad es más fácil, ya que con un desconocido no me une nada. El pasado noviembre apareció la noticia de que autoridades israelíes y palestinas han prohibido un manual de historia que enseña las dos versiones de acontecimientos recientes de Oriente Próximo.

El manual, según explican, es muy interesante, ya que ha sido confeccionado por 12 profesores israelíes y palestinos desde finales de los noventa, en árabe y hebreo. La estructura es la siguiente: tres columnas horizontales, una para la versión palestina de un acontecimiento, otra para la versión israelí y la del centro en blanco para que el estudiante escriba sus impresiones. Una manera creativa de poner en diálogo puntos de vista diferentes y hasta encontrados. Pero, sobre todo, una manera respetuosa, no tanto para las versiones de los hechos, sino para con los estudiantes. Sí, creo que uno de los aspectos más notables es que se respeta la capacidad de discernir de las jóvenes generaciones.

Los jóvenes y niños y niñas israelíes y palestinos se enfrentan a un gran obstáculo: ser herederos de un conflicto que ellos no han ocasionado por el sencillo motivo de que no existían cuando se fue gestando. El manual de historia prohibido es una importante herramienta, como tantas otras que pueden ir surgiendo, para ir trabajando este obstáculo.

Otro de los aspectos valiosos de esta propuesta educativa es hacer del otro un conocido. Saber mejor la historia del “enemigo”, los porqués de su lucha, no tienen porqué servir para justificarlo o darme la razón para que la contienda se perpetúe. Seguramente éste no es el motivo del manual. Lo que ésta didáctica sugiere es apuntar a la igualdad. Ambas culturas tienen una historia y una versión de esa historia desconocida para el otro. Un fruto de ponerlas a la par es hacer que se miren, se escuchen, dialoguen. Todo esto encarnado en las aulas, de la mano de los profesores.

Existe un riesgo, sí, y es que según cómo se trabaje en el aula y después cómo se incorpore en casa por la familia esta nueva forma de abordar la historia, no se convierta más en una trinchera. Los riesgos de pensar libremente siempre existen. Y, esta iniciativa, si no es el camino, sin duda es uno de los caminos que pueden ayudar a llevar a ambas culturas a una confección compartida de la paz.

No podemos volver hacia el pasado para reescribir la Historia, como enuncia la Carta de la Paz dirigida a la ONU. Lo que sí podemos es conocerla mejor para saber qué nos trajo hasta aquí. También para caer en cuenta que sin esa historia, muchas veces difícil de aceptar, no existiríamos los presentes.

Sobre todo quienes han nacido en medio de conflictos, merecen ser apoyados en conocer su historia y en darse cuenta que gracias a ello están en medio del mundo, pero que no les condena a perpetuar el conflicto. Principalmente en sus manos está la posibilidad del cambio, un cambio que nacería del interior de las partes afectadas y que no sería impuesto por fuerzas extranjeras.

Cuando comienzo a ver que ese desconocido al cual me han enseñado que es mi enemigo tiene un nombre, una familia, una historia, unos sueños, como yo tengo los míos, estoy en el camino de verlo como igual. Quizás quede mucho por comprender su causa, pero como mínimo, veré que es un ser humano como yo.

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