Construir la Paz con el poder de la música. Entrevista a Néstor Eidler (Parte II)

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Os reproducimos, a continuación, la segunda parte de la entrevista a Néstor Eidler, violinista, director de orquesta, pedagogo musical e investigador del poder del sonido. Así es su visión de cómo la música puede ayudarnos a transformar el mundo a favor de la Paz.

P: Un equipo de astrónomos de la Universidad de Sheffield averigua que los enormes anillos magnéticos que rodean las capas exteriores de la atmósfera solar vibran igual que las cuerdas de un instrumento musical. Y a veces emiten sonidos parecidos a las ondas sonoras del aire al atravesar un instrumento. Lo decía el Daily Telegraph hace poco.

R: ¡Y la Tierra también! La Tierra tiene una frecuencia vibratoria que es también la nuestra. Y también la que tenía que ser la base de sonoridad de los instrumentos de cuerda. Lo que pasa es que poco a poco nos hemos ido alejando de esto. Nos vuelto un poco locos y hemos ido incrementando esta frecuencia hasta estar desafinados. Por eso hay todo un movimiento mundial que busca volver a una afinación que esté de acuerdo con la vibración del campo magnético de la Tierra.

P: Estar en sintonía de esta realidad, vivir afinado, ¿es vivir en plena conciencia de Dios?

R: Exactamente. Es así. Dios se manifiesta en todo. Pero lo tenemos que sintonizar. Si yo sé que el Universo vibra y suena y estoy atento, mi sonido, mi voz es la representación de esto.

P: ¿Tocar un instrumento es una tarea puramente espiritual?

R: Sí. Si entendemos por espiritual toda la globalidad. Para mí, la espiritualidad no es sólo el nivel “elevado”. La espiritualidad incluye el cuerpo. Yo no hago una separación. Se trata de espiritualizar la materia. Nuestro cuerpo es más denso. Pero la esencia es la misma. La espiritualidad, para mí, está muy ligada a la parte física. Y en general, todavía hoy, se considera que tocar un instrumento es una cuestión física. Pero creo que no es sólo esto.

P: Usted fue discípulo de Oistraj.

R: Sí. Aunque esto es mucho decir, porque estuve poco tiempo con él, a pesar de que me siento discípulo suyo de toda la vida. El hecho de poder conocerlo fue el gran premio de mi vida. Desde muy pequeño lo tenía como ejemplo. Y siempre pedía a Dios que me diera una hora con él.
P: ¿Cre en la capacidad de pedir?

R: Yo creo mucho en este poder absoluto al que llamamos Dios. Porque me dio no sólo una hora sino mucho más. Estuve con Oistraj el último más de su vida. Cuando llegué a Moscú, él había estado enfermo todo el año anterior. Esto me hacía pensar que llegar en aquel momento preciso se debía de a una sincronía extraña. Que había algo más allá. El día que llegué al conservatorio de Moscú fue el día que él lo pisaba por primera vez después de su enfermedad, totalmente fastidiado por los médicos. Ya se estaba muriendo. Y aquel día vi que tenía, dentro de sí, una felicidad absoluta. Había pactado con la muerte y estaba libre de todo.

P: ¿Y le dedicó el tiempo que quería?

R: Me dio todo su amor y generosidad. Y hablamos, y lo escuché tocar. Y no sólo esto, sino que me hizo tocar todo un concierto. Estuve tocando una hora media para este monstruo. Fue un gran corolario de mi investigación y mi búsqueda.

P: Hay otro personaje, Fedora Aberastury. De ella le he oído decir que aprendía secretos. ¿Se refería, con esto de secretos, a la manera de afinarse a sí mismo para estar en sintonía con esta vibración cósmica?

R: Exactamente. Nosotros hemos perdido esta sintonía cósmica. Yo digo que si observamos la Luna, la Luna se mueve. No hay nadie que le diga como se debe mover. En cambio, nosotros forzamos nuestro ser, nuestro cuerpo para que responda como queremos, aunque sea de forma antinatural. Y esto pasa porque nuestro intelecto ha salido de su equilibrio. Mi investigación busca llegar a una armonización con las leyes universales del movimiento. Y esto significa lograr vivir en un estado de flotación. Un estado en el cual, cada movimiento sea cósmico. Algo perfectamente posible para cualquier persona. Eso es de lo  que me ocupo de enseñar.

P: ¿Pero este estado es asequible aunque no se toque un instrumento?

R: Yo tengo muchos alumnos que no son músicos.

P: ¿ sí?

R: Sí. Sí. Nunca hice distinción entre músicos y no músicos. A mi trabajo le digo “música y energía” porque es la música la que me ha traído a la energía. Al conocimiento de este motor básico de la vida. ¡Y esto se aplica a todo! Hemos perdido este estado de equilibrio. Y toda persona que quiera puede, al menos, andar por este camino de afinación que propongo. Pienso que es muy importante hacerlo de cara a una humanidad futura. Conocí un maestro que decía: “tenemos que ir hacia el hombre transparente. La raza transparente.” Y yo creo que tenemos que ser transparentes. No es necesario esconder nada. Tenemos que perder el miedo. Tenemos que ser como las flores. Como las flores y los animales, que son naturales. Pero con la maravillosa posibilidad de pensar, de ser conscientes.

P: Una treintena de conflictos en todo el mundo y una crisis de grandes dimensiones a occidente, es difícil poder pensar así.

R: Si, pero tiene un aspecto positivo. Los chinos dicen: todo lo que sube baja y todo lo que baja sube. Y ahora estamos en un momento muy bajo. Esto debe provocarnos la reacción para subir. ¡Que ya está siendo así! Porque cada día hay más gente que con optimismo y júbilo empieza a salir de ese estado. Yo estoy en Paz porque pienso que todo lo que pasa es necesario para aprender. Son lecciones. Y es muy duro, ya lo sé. Pero no debemos quedarnos atrás.

P: ¿Respecto a la situación social?

R: Soy muy consciente del sufrimiento que hay en el mundo. Y con la música trato de hacer una contribución a contrarrestar la negatividad. Pero solamente no ahora. Ya desde pequeño. Yo formaba parte del cuarteto de la provincia de Tucumán (Argentina) y teníamos un director de cultura que era muy inteligente. Organizaba 300 conciertos cada año entre un cuarteto de cuerda y un quinteto de vientos. Teníamos un Jeep e íbamos por todos los pueblos. Escuelas, hospitales. E hicimos una maravillosa tarea. Gente ignorante escuchaba la música que interpretábamos sin saber qué tocábamos. Recibían directamente el mensaje de alma a alma. Y esto les ayudaba mucho.

P: ¿Y nosotros? ¿Qué podemos hacer para sintonizarnos?

R: La musicoteràpia es terapia pero también antiteràpia. La música puede hacer mucho daño. Soy absolutamente consciente que mucha música comercial, y lo digo incluso de forma un poco paranoica pero con conocimiento de causa, hace daño. A los jóvenes no les hace pensar. Además, mucha música que se pone a alto volumen (hace bum, bum, bum) es como dar golpes de martillo a las neuronas.

P: Hay gente que tiene que ir al hospital por culpa de la música.

R: Que sufre neurosis, psicosis. También hemos visto que en Guantánamo, una forma de torturar es poner un sonido continuo a los presos hasta que enloquecen. No es banal lo que escuchamos. Mi consejo es buscar música buena.

P: ¿Y que entendemos por buena música?

R: La música de los pueblos. El folclore. Esto es su alma. También la música dicha clásica (que no estoy de acuerdo en que se denomine así). Generalmente tiene la base en la música folclórica. El mismo Bach, que es un padre de la música, hacía danzas. Pero yo digo que no hay más que dos músicas: la buena y la mala.

P: ¡Elijamos, pues, qué escuchamos!

R: La música no es una manera cualquiera de decorar una situación. La música llega a los rincones más profundos del ser humano. Porque está hecha con los mismos materiales de construcción de la vida. La obra de un gran compositor tiene un mensaje. Además, no hay nadie que esté negado a entenderlo. Hay un compositor, Cyril Scott, que ha reflexionado bastante sobre cómo ha influido la música en el desarrollo de la humanidad. Yo me especialicé, durante una época, en la música de Beethoven. Me di cuenta que Beethoven me daba fuerzas para vivir. Era un hombre que sufrió mucho y transformó esto en positividad. ¡Y esto es muy importante! Este es el mensaje de Beethoven por la humanidad. ¡Y Bach también abrió los ojos de la humanidad! Yo creo que la música tiene un valor muy grande y lo vi en algunos países. Desgraciadamente, en España, poco.

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