Generar un espacio de pensamiento

JORGE ELIÉCER MARTÍNEZ. Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, y Doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud del CINDE (Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano) y la Universidad de Manizales. Se desempeña como docente en la Universidad de La Salle en Bogotá, y trabaja el tema de la subjetividad, la juventud y la ética. Participa además en la Cátedra Lasallista, espacio institucional que se ha creado con el fin de presentar una relación entre el humanismo y las ciencias, y permitir que la universidad facilite la democratización del conocimiento. GENERAR UN ESPACIO DE PENSAMIENTO ¿Qué es la Cátedra Lasallista y cuáles son sus objetivos? Queremos que la Cátedra Lasallista sea un espacio donde se propicie la posibilidad de generar pensamiento; el pensar no es solamente tener ideas, sino el pensar en la posibilidad de volver sobre sí mismo, pero en ese pensar sobre sí mismo, también es pensar en nuestro momento actual, pensar en lo que vamos a proyectar, pensar en lo que hemos sido, en lo que somos, en lo que decimos, en lo que hacemos. La universidad se propone precisamente el educar para pensar. Vemos el servicio como esa actitud de ministerio de la unidad católica cristiana Sin embargo la universidad siendo confesional, siendo lasallista y siendo cristiana, presta un servicio a la sociedad en general abierta a la pluralidad y hacia las múltiples posibilidades de discurso, de formaciones, y en ese sentido es digamos así, más que ecuménica, es abierta a la sociedad civil en general. Y este año ya hemos comenzado nuestro tercer encuentro, que es Miradas prospectivas sobre el bicentenario. Estamos ahora en un momento especial de los bicentenarios en América Latina, el bicentenario de la independencia, pero este año hemos propiciado que se integren las diferentes facultades de la universidad y cambie la dinámica invitando al público e invitando a Colombia en general. Hay que mirar el bicentenario, no solamente de lo que ha pasado, sino desde el momento presente en el que estamos con una idea de qué vamos a ir construyendo. La Carta de la Paz dirigida a la ONU señala en el punto X que “toda persona tiene derecho a pensar y a expresarse libremente”. ¿Es el derecho a pensar y a expresarse libremente un derecho absoluto, o aún hay lugares en los que no es concebido como tal? Es un derecho que implica las posibilidades de la libertad para que los sujetos la ejerzan, en ese sentido yo si creería que está restringidas en muchos espacios las titularidades o las posibilidades para que el sujeto ejerza ese derecho, que más que un derecho es una libertad que deben ganar los individuos. Son libertades que el sujeto merece, y no es tanto necesidades sino que en cierta manera hace falta la misma posibilidad de realización de las diferentes subjetividades. En ese sentido si encuentro que hay espacios donde está restringida esa libertad, la libertad de expresión y de posibilidad de constituirse libremente en sus pensamientos, reconociendo el marco de regulación social en el cual nos movemos como sujetos. En Colombia se ha dado eso continuamente, en algunos espacios políticos, en espacios educativos, también en espacios sociales y porque no decirlo, también en espacios religiosos. Yo creo que eso es una posibilidad continua, que los sujetos tienen de constituirse, de gobernarse a si mismos. Quizás también deba ser la misma población la que reclame y exija estos derechos… Exacto. Pero también de la gente de posibilitarlos, porque a veces no es solamente el gobierno como una “instancia de estado”, más alejada, sino también en las prácticas cotidianas de los sujetos. A veces el fascismo no es solamente institucional, sino que el fascismo también se da en los sujetos, entonces son como pequeños fascismos que se nos dan y que no permitimos libertades de expresión, libertades ideológicas, libertades en el mismo hogar, posibilidades de constituirse los sujetos de múltiples maneras de participación social. En el discurso oficial se permiten las libertades, pero son en las instituciones pequeñas, en las instituciones cerradas, en las sociedades más limitadas donde a veces esos pequeños fascismos que constituyen o que no permiten las libertades, sean de una manera más fuerte. Entonces no basta con solo prácticas de libertad, sino que hay que hacer ejercicios en términos también de liberación de los sujetos que posibiliten estas libertades. ¿Qué posibilidades hay de lograr un proceso de paz y reconciliación entre Colombia y Ecuador? Hace unos días estuve en Ecuador, y el problema es más dirigencial que un problema entre los ciudadanos de ambos países. Yo me sentí muy acogido en Ecuador, muy bien tratado, pero digamos que en el plano de lo administrativo para salir de Colombia y entrar en Ecuador es complicado. Hace un buen tiempo estuve en la frontera misma y ahí si se siente una cierta tensión, pero yo diría más que la situación de reconciliación entre Ecuador y Colombia, es una situación dada por los discursos gubernamentales que han establecido esto tanto en Ecuador como Colombia. Hubo una violación territorial de parte de Colombia contra Ecuador, y hasta tanto ello no sea aceptado por Colombia, será difícil entrar en un proceso de reconciliación. Habría que hacer una toma de conciencia de que para poder reconciliarse, hay que reconocer también la falta que se ha cometido. En Colombia se ha utilizado mucho la expresión perdón y olvido, precisamente para hablar del problema con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), y también con los paramilitares. Hubo un proceso de perdón y olvido, pero el perdonar no implica el olvidar, entonces cuando de alguna manera en el olvido se quedan, son algunos hechos puntuales que hay que reclamar, y continuamente hay que reconocer que uno perdona pero que el olvido es otro asunto que prácticamente se escapa de la naturaleza misma humana. ¿Y qué ocurre dentro de Colombia? El proceso de reconciliación en Colombia no se ha dado y es muy difícil que en estas condiciones se de de una manera real, porque sólo es posible reconciliarse en la medida en que se permita un diálogo abierto y donde se tenga posibilidades de escuchar al otro, desde lo que el otro está diciendo, pero sin imponerse una posición sobre la otra. La lógica de la reconciliación en Colombia, no es una lógica que tiene que pasar necesariamente por la racionalidad, sino más bien por la posibilidad del descubrimiento de los sentimientos o digamos así, más desde una ética que permita la comprensión de estos sujetos. Y ahí todavía creo que nos hace falta mucho camino para poder llegar a una reconciliación, porque es descubrir que antes de ser o paramilitar o guerrillero o del estado, son sujetos humanos que se han constituido como humanos para poder llegar a ese proceso, y que son las condiciones mismas materiales, que han llevado a que asuma a una cierta posición. Y entonces no es posible hablar de una democracia o de una seguridad democrática como ha sido llamada, si antes no se brindan unas condiciones de seguridades también sociales y económicas. En Colombia la guerra ha sido también un muy buen negocio, para sustentar la economía misma, para sustentar la intervención extranjera, pero también para sustentar las políticas de gobierno que han permitido que se den estos 8 años de gobierno continuo.

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