Creando paz

La paz no es una meta, un punto de llegada o un ideal que se alcance. Al contrario, la paz es un camino o, matizando un poco más, una forma de andar. A menudo asociamos la paz con tratados, con leyes, con declaraciones. Y, claro, éstos pueden formar parte de un proceso de paz, pero no son la paz. La paz es un movimiento continuo, un ir haciendo camino, un aprender a convivir y resolver las cuestiones de la vida de manera equitativa para todos. La paz no se tiene, se mantiene. Es como una amistad que se cultiva. Dicho con otras palabras, la paz es una obra de arte que se está recreando constantemente.

El arte, partiendo del vocablo latino ars, se definió originalmente como toda producción humana y, por consiguiente, se aplicaba a todas las disciplinas y oficios. Para los griegos existía su correlativo en el término techné (técnica) y tenía que ver también con todo lo que se producía a nivel intelectual o práctico. Con el paso de los siglos al arte se lo asoció con la producción estética, de ahí nacieron las bellas artes. La técnica quedó relegada a la creación de tipo práctico. Es de destacar que en el origen de ambos vocablos y las realidades que significaban, el acto creativo era el motor.

Actualmente, las diversas disciplinas que requieren de las facultades creativas del ser humano, como son el arte, la ciencias, la técnica, los oficios…, cada vez se interrelacionan más entre sí. Todas estas actividades son vehículos de expresión humana, son canales comunicativos, y sirven también para solucionar problemas o dar cuenta de aspectos de la realidad.

Un descubrimiento de cualquier índole, es la interpretación del encuentro con un aspecto de la realidad, hasta ahora desconocido. Se necesita mucha creatividad, además de talento, disciplina y otras facultades, para llegar a concretar un descubrimiento y después traducirlo para que sea asequible al resto de la humanidad.

De igual manera, la creación de una obra de arte, también es la interpretación de una persona o grupo de personas, de un aspecto de la realidad, plasmado de manera estética y a través de algún lenguaje concreto. Tal es el caso de una pintura, una obra teatral, una pieza musical…

Tanto en el mundo del arte como de las disciplinas científicas, hay un acercamiento a la realidad, un proceso creativo y, como fruto, una producción ya sea estética, científica, objeto de uso práctico, etc.

Al comienzo de esta reflexión decíamos que la paz no es un hecho consumado, una meta alcanzada, sino un camino o una manera de andar. En este punto es donde la paz, como actitud humana, puede considerarse un acto creativo. Si siempre tuviéramos convivencias  pacíficas y armoniosas o estados de ánimo equilibrados, quizás ni se hubiera inventado el concepto de paz. Ahora bien, como la humanidad es diversa, compleja y como todo organismo vivo, tiende al interés propio y a la supervivencia, la vida es una alternancia entre equilibrios y desequilibrios. La paz es, pues, la búsqueda y el encuentro de esos equilibrios que permitan a cada uno ser quien es, tanto en el ámbito personal, como en el comunitario.

La paz, como acto creativo, se nutre de los elementos de la realidad, no parte de la nada, sino de cuestiones como la historia, las condiciones de vida, la cultura, la economía, etc. Todos estos elementos formarán parte de las combinaciones que devengan después en convivencias pacíficas.

La paz, al igual que una disciplina artística o científica, implica procesos, no es inmediata. Requiere también de facultades, aprendizajes, disciplina para desarrollar lo que en un momento se comenzó.

Finalmente, la creación, la producción de paz, trae sus frutos, que en sí mismos no son la paz, porque como decíamos, ésta es una actitud, una manera de andar, de construir sociedad. Los frutos de la paz son nuevas maneras de relacionarnos entre los miembros de los grupos a los que pertenecemos y a los que no pertenecemos, de asumir nuestra condición actual, de leer y experimentar nuestro pasado y nuestro presente.

Cuando hacemos referencia al acto de crear a veces olvidamos su complemento: el acto de conservar. Crear y conservar van de la mano si no queremos que se deteriore aquello que con tanto esfuerzo hemos producido. Sería triste crear un jardín y luego dejar de cuidarlo, trayendo como consecuencia que se llene de basura, que crezcan las hierbas que no deseamos, que las flores y los frutos se estropeen o se llenen de plagas. De igual manera, sería triste propiciar una convivencia dentro de una familia, un grupo escolar o un vecindario donde sus miembros se conozcan, se preocupen unos por otros, se vele por los que están más desfavorecidos… y después esta convivencia no se cuide, se estropee por relaciones de poder o resentimientos mal afrontados, etc.

En el camino de la paz, sus frutos deben cuidarse. Hemos de ser creadores de paz, pero también buenos conservadores de paz.

 

Javier Bustamante (Psicólogo)
España – Barcelona

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>