Crisis alimentaria permanente

El hambre lastima, desde hace ya demasiado tiempo, la gente está desesperada y la situación empeora. El Programa mundial de alimentos de Naciones Unidas estima que hay unos 100 millones de personas más que no pueden comer, debido a la espectacular alza de precios reciente. El precio del trigo aumentó 130% en el último año y el del arroz se duplicó en Asia, tan sólo en los últimos tres meses1. El aumento en espiral del costo del aceite comestible, de frutas y verduras, los lácteos y la carne, ha provocado una disminución del consumo de los mismos durante casi todo el año 2007. Desde Haití hasta Camerún, pasando por Bangladesh, la gente se ha lanzado a la calle llevada por la rabia de no poder ya comprar alimentos. Incluso hay dirigentes mundiales que reclaman más ayuda alimentaria ante el temor de una agitación política, así como más fondos y tecnología para aumentar la producción agrícola, mientras los países exportadores de cereales cierran sus fronteras para proteger sus mercados internos y otros se ven forzados a comprar por el pánico a la escasez2.

Nos encontramos en medio de un colapso estructural, consecuencia directa de tres décadas de una globalización neoliberal que ha transformado a los alimentos de algo que asegura el sustento a las personas, a una simple mercancía para la especulación y los negocios. Veamos con más detalle esta situación: el sector agrícola tuvo en todo el mundo una producción récord de 2.300 millones de toneladas de granos en 2007, un 4% más que el año anterior y sabemos que desde 1961 la producción mundial de cereales se ha triplicado, mientras que la población se ha duplicado3. En resumidas cuentas, se produce suficiente cantidad de alimentos en el mundo, sin embargo, no llega a quienes los necesitan. La mayoría de la población consume menos de la mitad de la producción mundial de granos, pues la mayor parte de esa producción se utiliza para consumo animal y cada vez más para biocombustibles.

Estamos pues ante una crisis que afecta a la mayoría de la población, pero parece que es una población invisible porque se prefiere alimentar ganado para sacar al mercado caros bistecs o producir biocombustibles para movilizar lujosos coches e incluso utilizar cereales ancestrales de pueblos de África como componentes de la industria dietética4, que alimentar a grandes multitudes de seres humanos que hoy pasan hambre.

Los promotores de las políticas que han dado forma al actual sistema mundial alimentario han ofrecido una serie de explicaciones sobre la crisis actual que todo el mundo ha escuchado una y otra vez: la sequía y otros problemas que afectan las cosechas; el aumento de la demanda en China e India donde la gente aparentemente se está alimentando más y mejor;  cultivos y tierras que se reconvierten masivamente hacia la producción de agrocombustibles, y demás explicaciones. Todos estos asuntos, obviamente,  contribuyen a la actual crisis alimentaria, pero no son totalmente responsables de su profundidad.

A la actual crisis alimentaria han  contribuido múltiples factores que no se nombran. Veamos a continuación algunos de ellos:

1. La presión permanente ejercida desde la década de 1960 por el modelo agrícola de la llamada Revolución Verde. Ésta supuso la mecanización del modelo productivo agrícola gracias al desarrollo de nuevas variedades genéticas altamente productivas y la aplicación a gran escala de fertilizantes y pesticidas. Con el implante de estas tecnologías se consiguió aumentar, en ciertos casos, los rendimientos obtenidos de forma espectacular, pero los campesinos tuvieron que pagar un alto precio: convertirse en sujetos dependientes de las gigantescas y poco transparentes empresas que controlan estos insumos. Paralelamente se inició un grave proceso de degradación de los suelos agrícolas y otros recursos naturales, como el agua y la biodiversidad.

2. Los efectos de la liberalización del comercio y las políticas de ajuste estructural impuestas a los países pobres. A mediados de la década del 90 con el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio se desarrollaron medidas que desmantelaron los aranceles y otros instrumentos que los países en desarrollo tenían para proteger su producción agrícola local, y los forzaron a abrir sus mercados y tierras a los agronegocios mundiales. En ese proceso, las tierras fértiles dejaron de ser utilizadas para la producción de alimentos destinados al mercado local y se utilizaron para la producción de mercancías para la exportación, que buscan abastecer los supermercados occidentales5.

3. El aumento de las grandes cadenas comerciales. Actualmente son las grandes cadenas de supermercados las que controlan no sólo la comercialización sino también la producción agrícola. Son ellos quienes deciden qué se cultiva, con qué características, qué precio se paga al productor y a qué precio se vende. Con estas ventajas las grandes cadenas de comerciantes están viviendo una verdadera época de bonanza6.

¿Alternativas?

Frente a esta situación tan grave de escasez de alimentos, o más bien, de mala distribución de los mismos, si queremos ser verdaderos agentes de paz es necesario que nos posicionemos y que actuemos en consecuencia. La paz positiva comporta el proceso de realización de la justicia en los diferentes niveles de la relación humana, lo cual nos invita a ir construyendo una sociedad en donde se reduzca la violencia estructural7 y se eleve la justicia social.

La crisis de la alimentación cesará si los estados y los organismos internacionales aplican medidas inmediatas para bajar los precios de los alimentos y  garantizan que éstos lleguen a quienes los necesitan, también si cambian la política agrícola de manera que los pequeños agricultores de todo el mundo tengan acceso a la tierra y puedan vivir de lo que ella les da. Sin embargo es papel de todos los ciudadanos contribuir para que el actual sistema de producción, distribución y consumo cambie. Esto podemos hacerlo si nos convertimos en consumidores críticos y responsables.

Algunas alternativas son las siguientes:

-Recuperando el consumo local: comprando preferiblemente en pequeños comercios o cooperativas de consumo responsable8. Con esto dejamos de apoyar a las grandes superficies, que actúan como poderosos intermediarios y se quedan con el mayor beneficio condicionando a los pequeños productores.

– Apoyando la agroecología9: comprando alimentos de producción ecológica pero no en los supermercados, puesto que éstos siguen ejerciendo su posición de dominación sobre los pequeños campesinos.

-Si necesitamos alimentos de importación, asegurándonos de que provengan de Comercio Justo: Con ello contribuiremos a que los productores ganen un sueldo digno, rechazaremos la explotación infantil y reduciremos al máximo los intermediarios entre productores y consumidores10.

-Escuchando y dando apoyo a redes y organizaciones que defienden los derechos y costumbres de los campesinos basados en la agroecología, como el sindicato internacional de campesinos Vía Campesina o el movimiento de los trabajadores rurales sin tierra de Brasil MST.

Las estrategias para acabar con el problema del hambre están a nuestro alcance. Millones de seres humanos siguen esperando.

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[1] “Action to meet Asian rice crisis”, BBC, Londres, 17 de abril de 2008.

[2] Hobbelink, Henk, “El negocio de matar de hambre”, en http://www.grain.org, junio 2008.

[3] Brian Halweil, “Grain harvest sets record, but supplies still tight”, Worldwatch Institute, Washington, D.C.  En: http://www.worldwatch.org/node/5539

[4] Tal es el caso del “tef”, cereal que sólo se cultiva en Etiopía y del cual  se elabora la “injera”, pan gomoso que es el alimento básico de todos los etíopes. Este cereal empieza a despertar el interés de la lucrativa industria dietética en Europa y Estados Unidos, que cataloga a este cereal como “el grano del futuro”, pues no tiene gluten, ayuda a perder peso y a reducir el colesterol. Es por eso que  ya se comercializa una nueva línea de galletas adelgazantes hechas con tef.  La Vanguardia, 16 de julio de 2008.

[5] Hoy, aproximadamente el 70% de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos. Y nos encontramos con la paradoja que de las 845 millones de personas con hambre en el mundo, 80% son pequeños agricultores y agricultoras.  Katarina Wahlberg, “Are we approaching a global food crisis?”, World Economy  & Development en Brief, Global Policy Forum, 3  de marzo de 2008.

[6] El rey de los supermercados del Reino Unido, Tesco, dice que sus ganancias aumentaron un 12,3% con respecto al año anterior, un récord alto. Otros almacenes importantes, como Carrefour de Francia y Wal-Mart de los Estados Unidos, dicen que las ventas de alimentos son el principal factor que contribuye al incremento de sus ganancias. La división mexicana de Wal-Mart, Wal-Mex, que maneja un tercio del total de ventas de alimentos en México, informó de un aumento del 11% en sus ganancias para el primer trimestre de 2008. Hobbelink, Henk, “El negocio de matar de hambre”, en http://www.grain.org, junio 2008.

[7] “El término violencia estructural es aplicable en aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, es decir, sin necesidad de formas de violencia directa. El término violencia estructural remite a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos de una sociedad (normalmente caracterizados en términos de género, etnia, clase nacionalidad, edad u otros) en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás, debido a los mecanismos de estratificación social”. Tortosa, JM y La Parra, D. (2003). Violencia estructural: Una ilustración del concepto.

[8] En Catalunya existen ya, además, unas 100 cooperativas de consumidores descontentos con el sistema, que se han asociado en las llamadas Cooperativas de Consumidores para establecer una relación directa con los campesinos locales, mayoritariamente basados en las técnicas de la producción agrícola ecológica

[9] La agroecología es una síntesis entre los conocimientos tradicionales de los campesinos y la investigación científica moderna, entendiendo los sistemas agrícolas desde una perspectiva ecológica y socioeconómica. Su viabilidad se basa en el uso de técnicas sencillas y no agresivas con el medio (se reciclan los nutrientes en lugar de aportar abonos de síntesis y se controlan las plagas aumentando la biodiversidad de los ecosistemas agrícolas en lugar del uso indiscriminado de pesticidas).

[10] Para más información ver http://es.wikipedia.org/wiki/Comercio_justo

Amalia Valderrama-Mallku Negre (Psicóloga e ingeniero)
España – Barcelona

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