Crisis de la economía global

Estos días estamos de crisis. Los informativos, la prensa escrita y las tertulias radiofónicas están llenas de la que se considera la peor crisis económica tras el crac del 29. Seguramente, todo lo que nos dicen es cierto, pero también estaría bien que informaran de algún punto positivo que nos diera algo de esperanza, sino, acabaremos creyendo que se acerca el fin del mundo.

Muchos ciudadanos no sabemos intuir el alcance exacto de lo que supone esta crisis que bien seguro comportará muchos cambios, tanto cuantitativos como cualitativos, en las sociedades occidentales y  en todo el mundo en general; pero en el fondo, es una crisis anunciada y no nos debería sorprender lo que ha acontecido y acontecerá. No hace falta ser demasiado profeta para adivinar el futuro, sólo hace falta abrir los ojos y esperar a que el “tsunami económico” llegue, como ha pasado, a la playa de las economías occidentales.
Hemos vivido demasiados años primando la especulación por encima de todo. El objetivo primordial era enriquecerse con la mayor brevedad posible, los medios eran ilimitados a la hora de aumentar ganancias. Para conseguir este objetivo, hacía falta invertir en aquellas operaciones que especulando con la realidad permitían, con una gran dosis de magia financiera, obtener unos resultados inmediatos. Resultados que muchas veces no aportaban nada a la sociedad, pero que aumentaban de manera escandalosa el bolsillo de algunas personas.

La economía siempre ha sido una ciencia que presupone un esfuerzo real y cotidiano. Normalmente un grupo de hombres y mujeres, con capacidad emprendedora, trabajan día a día para ofrecer a la sociedad un bien necesario. Fruto de este esfuerzo, esperan obtener un beneficio, que los ayude a seguir emprendiendo nuevos proyectos y que a la vez les procure los recursos necesarios para vivir con dignidad. Es cierto que de este modo hay un beneficio personal pero, la sociedad en general también se beneficia de ello.
Especular es instalarse en el mundo de la virtualidad de la ilusión, y creo que ahora vivimos un tiempo en que la sociedad está fascinada con el mundo virtual. Esto ha creado esta cultura de la especulación por la especulación, donde los grandes capitales se mueven a velocidades vertiginosas, por lograr aquellas plusvalías que incrementen los resultados de sus inversiones. No importa el lugar del mundo, ni si la inversión es de presente o de futuro, ni siquiera si esta acción beneficia o no a un país; en el mundo virtual todo es un juego. Un juego donde los perdedores nunca son personas, sino números o gráficas en un ordenador.

Aquéllos que hasta ahora vivían pendientes de acumular beneficios, vivían en un mundo irreal sin darse cuenta que no invertir en las necesidades reales de las personas, era construir una sociedad que tarde o temprano acabaría destruyéndose a si misma. Fundamentar la sociedad sobre la especulación era construir sobre arena, sin fundamentos.
Probablemente esta sociedad virtual no sea más que un reflejo de la sociedad especulativa que ha encontrado, en los mecanismos financieros, la herramienta que parecía que podía transformar en oro todo lo que tocaba.

Pero en este contexto de virtualidad hacía falta añadir todavía otro ámbito mágico, para que el lío funcionara: “la información privilegiada”. Tenerla era la manera de lograr más rápidamente los objetivos. Si algo se ha abierto estos últimos años han sido grandes autopistas de información. Internet ha sido el otro mecanismo, puesto que todo el mundo desde se casa, ha podido creer que podía hacer realidad sus sueños de riqueza. Nos engañan cuando nos quieren hacer creer que las ilusiones son mejores que la realidad.
La crisis actual es una gran ocasión para cambiar de golpe estas falacias financieras puesto que es imprescindible potenciar una economía real, que genere productos para satisfacer las necesidades actuales, que tienda puentes entre todos los países del mundo, y que cree una red real, y no sólo virtual-global, entre los diferentes pueblos. Las orientaciones de la economía, incluida la financiera, se deben orientar a las inquietudes de multitud de hombres y mujeres, que son quienes en definitiva, acaban sufriendo las consecuencias.

Sólo trabajando desde la realidad, desde lo que realmente existe, podremos consolidar nuestra sociedad. Si la economía responde a las necesidades reales y posibles de las personas, acontecerá una herramienta excelente al servicio de la humanidad.

Jordi Cussó Porredón (Economista)

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