Décimo aniversario de los acuerdos de viernes santo

El Viernes Santo de 1998 todos los partidos norirlandeses, excepto el Democrático Unionista (DUP) del reverendo Ian Paisley, aceptaron un histórico acuerdo de paz que, diez años después, continúa siendo el referente para la resolución del conflicto en Irlanda del Norte.

“Hoy es sólo el comienzo, no el final”, dijo el entonces primer ministro británico, Tony Blair, aquel Viernes Santo de 1998, que, por motivos de calendario, se celebró el diez de abril.
[Extraído de La Vanguardia; 20-3-2008]

Ha tenido que transcurrir una década para que Irlanda del Norte lograra el grado de estabilidad necesario para que el gobierno compartido entre protestantes y católicos entreviera por primera vez aquél “final” que citaba Tony Blair.

Este décimo aniversario conmemora los acuerdos de paz que, ratificados posteriormente por los norirlandeses de forma masiva, permitieron la formación de un Ejecutivo autónomo para la conflictiva región.

Atrás quedan los enfrentamientos en la vía pública de ambas comunidades, la demolición de las antiguas estructuras políticas, las demoras en los plazos de entrega de armamento de los grupos paramilitares, las suspensiones temporales de los gobiernos autónomos y una larga lista de obstáculos que la sociedad civil ha sabido resolver progresivamente.

Todo esto ha ocurrido sin que los partidarios de la permanencia de la región en el Reino Unido o de su reanexión a Irlanda tuvieran que renunciar a sus objetivos históricos. Sin embargo, a lo largo de estos diez años ha surgido una diferencia muy importante: ambos bandos consideran que las armas no son una vía legítima para conseguir sus aspiraciones políticas y reconocen que las instituciones del Gobierno autónomo, nacidas en Belfast el Viernes Santo de 1998, son el único camino valedor hacia la paz.

El camino hasta esta situación de ausencia de guerra no ha sido fácil, pero todavía queda mucho recorrido pendiente para llegar a la verdadera paz, aquella que permite la convivencia humana en un ambiente distendido, alegre y festivo.

La Carta de la Paz, en su introducción, señala que “La mayoría de las personas desean en lo más profundo de su ser, la paz. Sin embargo, son patentes las trágicas y continuas quiebras de la paz entre los distintos pueblos del mundo”. Este hecho debería hacernos reflexionar sobre el valor que supone alcanzar un acuerdo como los del Viernes Santo de 1998 en Irlanda y, sobre todo, su validez diez años más tarde.

Parece pues que no es fácil la tarea de buscar soluciones adecuadas para que ceda la violencia, pero a pesar de los obstáculos cabe recordar que tal como apuntan los primeros puntos de la Carta de la Paz, superar los resentimientos absurdos nos permitirá trabajar más sólidamente por la construcción de la paz.

El caso de Irlanda ha sido difícil y no está cerrado, pero constituye un modelo ejemplar en el que prácticamente todos los puntos de la Carta de la Paz pueden tener su protagonismo y demostrar que desde el cambio de actitudes individuales podemos llegar a construir la paz colectiva.
Joan Baron Castellà (Traductor e Intérprete)
España – Gerona

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