El agua más allá de las fronteras

El agua es un bien muy preciado por toda la humanidad, sin ella no puede existir la vida, de ahí la importancia que tiene para todos los pueblos del mundo.

Desde hace mucho tiempo los estudiosos de los conflictos armados, vaticinaron que las guerras futuras estarían motivadas por el dominio del agua. Hoy en día, ya somos testigos de varios conflictos de mediana intensidad y de guerras por causa de la gestión de este recurso natural. Turquía, Siria e Iraq se disputan las aguas de los ríos Tigris y Eufrates; Angola, Namibia y Botswana luchan por controlar el delta del río Okabango; Líbano, Israel y Siria mantienen tensas relaciones a causa del control del río Jordán y así podríamos seguir enumerando conflictos latentes y en curso alrededor del planeta.

En muchos de estos casos, la gestión del agua podría hacerse de manera negociada y por ende pacífica, porque el recurso, la mayoría de las veces, no es escaso sino que está mal repartido. Sólo bastaría con un poco de interés político y el reconocimiento de una unidad más allá de las fronteras y divisiones político-territoriales, para que los habitantes de estos países pudieran disfrutar de este preciado bien.

La Carta de la Paz, en su punto VI, nos dice que “Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes.  Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas“.

Este documento, nos hace aquí tres señalamientos muy importantes, el primero, que es importante revisar las actuales estructuras sociales y evaluar si éstas siguen siendo oportunas y verdaderamente contribuyen a la paz; el segundo, que las nuevas estructuras que se creen, deben responder a los retos del presente y no a situaciones del pasado en donde la realidad era distinta; y el tercero, que  si esas nuevas estructuras creadas para dar respuesta a los nuevos tiempos, se basan en Unidades Geográficas Humanas, puede ser que sean más sólidas y estables y, por lo tanto, no sean causa de nuevos conflictos violentos.

Las Unidades Geográficas Humanas (UGH), son estructuras sociales que se basan en elementos de tipo natural y las constituyen colectivos que comparten una serie de rasgos comunes en un determinado territorio. A veces las estructuras sociales, por razones históricas –que en su momento respondieron a unas necesidades concretas- fragmentaron esos colectivos humanos. Así, los que antes, a pesar de la escasez de los recursos naturales, se organizaban libre y solidariamente, hoy viven enfrentados por razón de unas fronteras políticas que ellos no escogieron ni trazaron. Dicha división política en el presente, puede ser causa de enfrentamientos entre pueblos que en el pasado habían convivido o incluso habían sido una unidad étnica o cultural y en los que el conflicto en la actualidad tiene como motivación la dependencia de esos recursos naturales.

El concepto de UGH puede entonces resultar muy útil para promover una gestión pacífica de  recursos naturales como el agua, ya que permite ir más allá de las divisiones territoriales y formular propuestas que favorezcan la cohesión entre los distintos pueblos que habitan en dichas geografías.  Para ello, hemos de ser capaces de cambiar de manera pacifica viejas estructuras, y abrirnos a nuevos modelos, capaces de ayudar a construir una convivencia más pacifica en el momento presente.

En la actualidad vemos que van surgiendo iniciativas en este sentido, una de ellas es el proyecto “Gestión de los recursos acuíferos compartidos internacionalmente (ISARM)” desarrollado por la UNESCO.

Este proyecto iniciado en el año 2002 pretende localizar, cartografiar y evaluar la calidad del agua de los acuíferos subterráneos que comparten dos o más países, creando una base de datos que proporcione estudios de casos detallados y una guía de técnicas innovadoras para la gestión técnica, socioeconómica y legal de estos valiosos recursos [1].  Algunos de los casos hasta ahora estudiados son: el acuífero de Nubia que se esconde bajo el desierto en Libia, Egipto, Chad y Sudán; el sistema acuífero de Mimbres ubicado entre los municipios de Colombus (Nuevo México, Estados Unidos) y Puerto Palomas (Chihuahua, México); el acuífero existente en la frontera entre Benin y Togo; entre otros.

Con este proyecto también se busca desactivar potenciales conflictos y para ello reúne a hidrogeólogos de todas las regiones para que investiguen juntos sus recursos compartidos, incluso si sus países están en guerra. Con esto se busca compartir y proteger un recurso valioso para todas las personas dejando en evidencia que la defensa de la vida debe superar las fronteras nacionales y poner más atención a las Unidades Geográficas Humanas.

Esta es una valiosa experiencia que nos recuerda que si queremos construir la paz, debemos generar respuestas creativas a las nuevas problemáticas que se presentan en el mundo, respuestas que dejen atrás viejas y anquilosadas estructuras que obstaculizan el desarrollo humano, y que favorezcan la unión y la cooperación entre los diferentes pueblos y naciones en lugar de las divisiones que muchas veces desembocan en conflictos violentos.

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[1] Ay Otchet. “Acuíferos sin fronteras”. En la revista El nuevo correo de la UNESCO. Octubre 2002. Disponible en http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001278/127885s.pdf
Amalia Valderrama Caraballo (Psicóloga)
España – Barcelona

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