El arma más poderosa del mundo

El pasado 8 de junio, se cumplieron treinta y cinco años del bombardeo de Trang Bang, una aldea de Vietnam. Este aniversario no habría pasado a la historia si no fuera porque el fotógrafo Nick Ut estaba allí, y fue el único fotógrafo al que le quedaba una cuarta cámara fotográfica a punto para “disparar”. Captó la imagen de unos niños despavoridos huyendo del abrasador napalm (este explosivo alcanza una temperatura de 1200 Cº). En el centro de la fotografía la niña Kim Phuc, de nueve años de edad, corre desnuda con el rostro desfigurado de dolor. Su ropa hace segundos que quedó abrasada por el explosivo. Esta fotografía ganó el premio Pulitzer en 1972, y dio la vuelta al mundo denunciando las atrocidades de la guerra.

Justo después de tomar la foto Nick se llevó a la niña Kim Phuc al hospital. Allí estuvo durante 14 meses, donde sufrió múltiples y dolorosas operaciones, pues tenía quemaduras en el 65% de su cuerpo.
Pasaron los años, y en 1996 la Fundación para la memoria de los veteranos de Vietnam la invitó a Washington para que contase su batalla personal. Allí, conoció a John Plummer, uno de los pilotos que participó en el bombardeo en 1972. “John Plummer se acercó a mí y no paraba de llorar. Entonces me preguntó: -¿Me perdonas, me perdonas?-, y yo le dije: -Sí, te perdono-, y en ese momento los dos empezamos a llorar. Estaba muy emocionada la primera vez que le vi, pero me alegré mucho por tener la oportunidad de perdonarle ya que comprendí que él también estaba sufriendo por lo que hizo. Cuando cambié el odio y la ira por el perdón, me sentí como en el cielo.”
Kim Phuc lo perdonó públicamente, convirtiéndose en un símbolo mundial de la reconciliación. Un año después fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO y, durante la ceremonia, Federico Mayor Zaragoza explicó que con ejemplos de reconciliación como este, “esperamos que la humanidad escoja el camino de la paz y que la paz prevalezca en nuestras mentes”. Hoy día, Kim ha creado una Fundación para ayudar a niños de todo el mundo que son víctimas de la guerra. Y como embajadora de buena voluntad de la UNESCO, su misión es difundir un mensaje de paz.
La vida de Kim Phuc cambió el 8 de junio de 1972, cuando una bomba estalló en su aldea de Vietnam y le quemó el 65% de su cuerpo. Pero en 1996, veinticuatro años después, en Washington, su vida sufrió de nuevo una tremenda conmoción. No estaba en su mano borrar las huellas de su cuerpo de ese gran horror que vivió en su infancia pero sí tenía en su interior la fuerza para borrar de su corazón el odio y el resentimiento. Este gesto heroico no puede exigirse a nadie, pero Kim comprendió que ella tampoco podía vivir llena de rencor. El encuentro con el piloto y el reconocimiento de éste del daño que hizo les brindó -a los dos- la posibilidad de reconciliarse. Y en los actos de reconciliación y perdón todos los participantes -todos- salen ganando.

Hoy, Kim se siente feliz de que la gente pueda ver otra fotografía de su vida: una mujer adulta, en la que se ve amor, esperanza y reconciliación. Ella cuenta como “la gente puede ver con estas imágenes que puede elegir algo mucho mejor que la guerra. El perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo”. La foto de la niña Kim del año 1972 es un símbolo de la guerra, pero la vida de esta mujer, llena de fortaleza y madurez es un símbolo de amor, esperanza y perdón.

 

María Viñas Pich (Trabajadora social)
España – Barcelona

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