Bicentenario Argentina: El arte de conmemorar: Una nueva ocasión

Francesc Torralba. Doctor en Filosofía.
Director de los Institutos de la Paz

Conmemorar un evento es un ritual que incluye dos dimensiones: una emocional y otra racional. No es un acto singular, ni individual; sino un  proceso que se desarrolla en el plano de la comunidad. Se conmemora algo cuando existe un nosotros que es capaz de reconocerse como sujeto colectivo de una historia compartida, de una sucesión de episodios, dramáticos o felices, de algo que acaeció en el pasado. Toda conmemoración despierta recuerdos, positivos y  negativos, orgullo e indignación, gozo y dolor, pero exige necesariamente el momento analítico, la reflexión racional y crítica sobre lo que se hizo y cómo se hizo.

Mural de Diego Rivera. Palacio Nacional (México)

En el acto de conmemorar siempre está al acecho la posibilidad de la impostura, la ocultación de lo que duele, la ignorancia de las víctimas. Cuando se conmemora olvidando quiénes padecieron, el ritual se convierte en una industria del resentimiento, en un foco de hostilidad. Se debe evitar que el acto de conmemorar se convierta en un modo de despertar resentimientos absurdos, porque, como se expresa en la Carta de la paz dirigida a la ONU, estos resentimientos se convierten en verdaderos obstáculos para la edificación de la paz.

La víctima tiene el derecho a ser recordada, a no ser olvidada y los pueblos, al conmemorar su historia, deben ser suficientemente honestos para narrarse a sí mismos, para relatar públicamente la dimensión nocturna del itinerario realizado, lo que no está escrito en los manuales oficiales, en la historia gloriosa de la nación. El acto de conmemorar es, también, una ocasión para lamentar públicamente cómo se hicieron las cosas en el pasado y, a partir de ello, asumir las oportunas lecciones para el presente y el futuro. Muy frecuentemente, los intereses creados mueven la construcción formal del relato y la consecuencia final es que la conmemoración se convierte en una perfecta selección de recuerdos y de olvidos expresamente buscados para conseguir el efecto deseado en las masas.

El objeto formal de toda conmemoración consiste en recordar lo que acaeció, en retrotraerse en el tiempo para pensar las condiciones de lo acaecido, lo que tuvo lugar y cómo tuvo lugar. El recuerdo no es neutro desde el punto de vista emocional, máxime cuando lo que se evoca en la memoria colectiva dejó profundas huellas en la biografía de un pueblo, de una nación.

La conmemoración de la independencia es un pretexto para ahondar en la propia esencia colectiva, en la identidad nacional y en la riqueza del contacto intercultural, también para pensar lo que la propia comunidad puede aportar en el concierto planetario, su contribución al progreso de la historia global. No se trata sólo de mirar el pasado para recrearse en esa contemplación, sino de aprender de él para que las generaciones futuras puedan vivir pacíficamente en un mundo globalmente comunicado.

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