El compromiso de mejorar el presente

Desde un punto de vista sociológico es más cómodo y fácil desviar la atención de la gente hacia la crítica y la maledicencia de los males del pasado, que llevarlos a ver los males presentes, discernirlos y actuar con todas nuestras fuerzas para corregirlos, o aún más, para preverlos y evitarlos. A veces criticando el pasado no queremos ver las monstruosidades modernas o contemporáneas. A muchos gobernantes les interesa mantener a la gente en esa ceguera del presente. Esta práctica de distracción es puramente instrumental y tiene que ser lúcidamente criticada por los intelectuales. La historia no puede ser la tapadera de los problemas del presente, pero tampoco una arma arrojadiza para vengarse o buscar la complacencia del electorado.

Ciertamente la Historia es maestra de vida y es necesaria para evitar que repitamos en el presente los errores de nuestros antepasados. Esconder o deformar la historia personal, grupal o mundial, es un grave obstáculo para construir una sociedad en paz. Es querer convertir la historia en un arma que lanzamos en forma de ofensa o de prejuicio contra los otros pueblos. Con el paso del tiempo se convierte en demoledora para la convivencia entre los pueblos.

Saber que sin esa historia los contemporáneos no existiríamos es quitarle la espoleta a esa arma histórica, y abrirnos al deseo de conocer todo lo bueno y malo que posibilitó nuestra existencia. Y desde este conocimiento, libres de culpa y rencor, empezar a trabajar en el presente para resarcir en la medida de lo posible las consecuencias de esos males que aun perduran en el presente.

Hoy en día, ya nadie niega que es bueno y necesario conocer la historia. Pero no por eso, tenemos que dejar de precavernos sobre los abusos que de ella se puedan hacer. Tzveran Todorov dice que estamos en una época en que los occidentales y más concretamente los europeos, parecen obsesionados por el culto a la memoria. Señala que, aunque hay que procurar que el recuerdo se mantenga vivo, la sacralización de la memoria es algo discutible. Debemos permanecer alerta para que nada pueda apartarnos del presente y también para que el futuro no se nos escape de las manos .

No podemos ser ingenuos, ni dejarnos cegar por falsas soberbias, por pseudoideologías o pseudoreligiones. Libres de resentimientos y prejuicios, debemos abrir los ojos ante la realidad y la historia que la hizo posible. Y viendo sin miedo las cosas tal y como son, aprender de lo que aconteció, sabiendo que la mejor manera de reconocer los errores éticos del pasado, es trabajar con ahínco por el bien de todos los presentes, de todos los contemporáneos que son el fruto de esa misma historia que posibilitó que nosotros también  existiéramos.

Otro autor contemporáneo, el historiador francés Jacques Le Goff, experto en la Edad Media y de gran trayectoria interdisciplinar nos recuerda que: La memoria intenta preservar el pasado sólo para que le sea útil al presente y a los tiempos venideros. A nadie se le escapa que la historia puede ser utilizada y manipulada obedeciendo a intereses creados que nada tienen que ver con la verdad, el bien y el futuro de la  sociedad. Como señaló lúcidamente Jürgen Habermas, la razón no opera de un modo neutro o puro, sino que está siempre enzarzado a un amasijo de intereses y sólo desde el diálogo abierto se puede caminar hacia la objetividad.

Procuremos, pues, que la memoria colectiva sirva para la liberación de los hombres y no para su sometimiento . Éste debería ser el fondo último de la filosofía de la historia, el objetivo último de los procesos de conmemoración.

En un momento como el actual en el que en tantos lugares del mundo se están desarrollando leyes para la recuperación de la memoria histórica, esta evidencia que señala la Carta de la Paz en su punto IV, es el marco por donde podemos recuperar la historia, estudiarla, profundizar en ella, pero “vacunados” de todo resentimiento histórico que nos ciegue y aparte de nuestra finalidad primordial que, tal como señalan Todorov y Le Goff, es la vivencia armónica del presente y del futuro.

[1] de l’article “CONSTRUIR LA PAU SOBRE CENDRES DE GUERRA”, Capítol 2. Jordi Cussó, Francesc Torralba, Maria Viñas.

T. TODOROV, Los abusos de la memoria, Paidós, Barcelona, 2000.
J. LE GOFF, Histoire et mémoire, Gallimard, París, 1988.
J.Cussó, F.Torralba, M.Viñas
España – Barcelona

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