El confucionismo

ANTONI PREVOSTI MONCLÚS es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Es profesor y vicedecano en la misma universidad. Presidente de la sección local de Barcelona de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino,  vocal de la Junta de la Sociedad Catalana de Filosofía y director del Centro de Estudios Asiáticos, UB. En noviembre de 2007, publicó la traducción al catalán de las “Analectas de Confucio”.

El pasado 21 de mayo tuvo lugar una nueva edición del ágora en la Secretaría general de la Carta de la Paz dirigida a la ONU. El invitado fue Antoni Prevosti, doctor en Filosofía, vicedecano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y sinólogo, que publicó el noviembre de 2007 la traducción al catalán de las Analectas de Confucio, a Fragmenta Editorial.
El encuentro tuvo como principal objetivo profundizar en los conceptos de la solidaridad y la paz mediante el pensamiento de Confucio, recogido en las Analectas.

El Dr. Prevosti, hizo un mapa inicial explicando como se podía integrar el concepto de paz en una civilización como la china, tan influenciada por el confucianismo.

Definió el pensamiento chino como un pensamiento práctico (en comparación con un pensamiento como el griego, de cariz trágico), marcado fundamentalmente por el modo vivir y, por defecto, convivir. Así, el tema de la paz tendría un sitio central en la ocupación vital china, pero no exactamente como lo concebimos en Occidente. En las Analectas no se menciona la palabra paz ni su significado, pero si conceptos encaminados a la buena convivencia como la armonía y el buen gobierno.

Prevosti apuntó que el concepto de paz estaría dentro del concepto Tao, de significado amplio nacido en la antigua China, entendido como principio ordenador de todo el universo. La preocupación de Confucio por la paz es evidente, pero es concreta en el buen orden social, en la relación de los elementos que lo componen. Una visión que busca la armonía desde la base social, la familia, hasta un orden más global estructurado jerárquicamente. La paz también debería pasar por el sistema de relaciones que enumera Confucio: entre gobernador y ministro, entre padre e hijo, entra marido y mujer, entre hermano mayor y hermano pequeño, y entre amigos.

Aún así, el Dr. Prevosti recalcó la idea de que la paz, en el pensamiento confuciano, no es un concepto que se impone desde fuera con regulaciones i leyes. La paz nace de la plenitud de la virtud de cada persona. El desarrollo pacífico de su vida puede irradiar paz hacia fuera, a los cercanos, al estado y a todo el universo.

En este punto se le preguntó si la concepción del orden social en términos jerárquicos podía dar problemas en términos de sistemas democráticos, reconocimiento de igualdad de derechos, desde una mirada occidental… Dr. Prevosti explicó que, ciertamente, el tema de la organización jerárquica podría tener muchos puntos oscuros, aunque podría ser interesante tener presente el porqué se da importancia a este tipo de relaciones.

La Carta de la Paz habla de la fraternidad existencial, de la relación de hermandad con todo aquello que existe, por el solo hecho de existir. Fransesc Torralba, director de la secretaria de los Institutos de la Paz, preguntó acerca de la extensión del concepto de la solidaridad en el pensamiento chino. El Dr. Prevosti explicó que el término propio de solidaridad en chino (仁; ren) no tiene extensión más allá del propiamente humano o universal, aunque se puede hablar de una noción de solidaridad con el universo.

El invitado hizo una buena explicación de como se entiende el linaje, la pertenencia a la familia, la concepción de que, para los chinos, todos tenemos un origen común, ergo todos somos “parientes”. Interesó especialmente como se entendía la transmisión de resentimientos entre generaciones, y la percepción de responsabilidad histórica.

Prevosti señaló que el pensamiento de Confucio tiene una cierta linealidad: es decir, el tiempo transcurre de un punto hacia delante y no vuelve atrás. Así, para un confuciano, es asumible el primer punto de la Carta de la Paz, que dice que “los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males que han sucedido en la Historia, por la sencilla razón de que existíamos”. Aún así, comentó que los contemporáneos sí que sienten un peso por los actos que pudieron haber cometido sus antepasados, ya que se consideran representantes actuales de su familia o linaje. No queda tan clara, pero, la obligación de asumir responsabilidades y de tener que responder por actos que no se protagonizaron.

La conversación pasó por algunos aspectos más de la relación del confucianismo con la Historia de China, las políticas que se han dado y su relación con el confucianismo y del porqué hoy no está de moda este pensamiento que ha sido arraigado fuertemente a la cultura antigua.

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