El diálogo es la respiración de la humanidad

ALBERTO QUATTRUCCI Nació en Roma en 1952. Estudió Pedagogía en la Facultad de Magisterio de Roma y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Ha investigado en el campo de la historia de las religiones y el diálogo interreligioso. Desde 1969 trabaja como miembro de la Comunidad de Sant Egidio y en 1988 es designado Secretario General de “Encuentros Internacionales Hombres y Religiones”, asociación fundada por la Comunidad de Sant Egidio para promover y hacer crecer el conocimiento recíproco y el diálogo entre las religiones.

¿Cuál es el lema del encuentro a realizarse en Barcelona en octubre de 2010? El lema del encuentro de este año será “Familia de Dios, Familia de los pueblos”. Es una reunión muy importante y significativa porque en ella se produce el encuentro entre los exponentes del mundo religioso, de la iglesia cristiana, del mundo de la cultura, de la política; es decir se propicia el diálogo entre laicos y creyentes. En estos encuentros no se reúne una elite cultural que habla de filosofía o de religión. Somos hombres y mujeres de fe, representantes del pueblo, de la cultura, que afrontan lo que demanda la historia, discuten cómo hacer acciones de paz concretas en el mundo. ¿Qué ocurrió en estos 10 años entre aquel encuentro de Barcelona 2001 y este que está próximo a realizarse? En Barcelona 2001 dejamos un gran mensaje de paz, de diálogo; desde ese encuentro han sido años muy duros en todo el mundo con la proliferación de conflictos y guerras en varios lugares. Además hay dos factores atravesados en estos 10 años: el resurgimiento de nacionalismos muy duros (problemas de inmigración, los zíngaros en europa, antisemitismo) y la idea de que la única solución es la economía, el bienestar, y el consumismo. Es más importante el dinero que la palabra, que los valores espirituales, y la crisis económica nos demostró que hay otras cosas más importantes, entre ellas, el hombre. ¿Es verdad que todas las religiones buscan la paz? Y si es así, ¿qué pasa que es tan difícil de lograrla? Primero tendríamos que definir qué significa obtener la paz. La paz no sólo es ausencia de guerra. La paz es más. Es solidaridad, es unidad de la familia humana, es construcción cotidiana, es acoger al más diverso. La Paz -dice Juan Pablo II en Asís-, “es un laboratorio abierto a todos”. Es algo que se trabaja todos los días, todos podemos conseguir la paz, creyentes y no creyentes. La paz es el fruto de una sinergia, un trabajo entre todos y hay que trabajarla todos los días. No se consigue la paz con una firma, o una declaración, sino que eso es un comienzo, un punto de partida. La paz es como una planta, hay que ayudarla a crecer todos los días. Pero una planta nueva, un árbol nuevo que pueda crecer sobre raíces que no estén contaminadas con hechos históricos o resentimientos, pues sino crecerá un árbol infectado ya desde la raíz… Las religiones son las grandes fuentes de agua, surgentes de agua, esta fuente de agua buena, pero depende de cómo se use el agua, si se usa para regar la planta de la paz, o si se usa la fuente del petróleo para encender el fuego de la guerra. Hemos descubierto que el diálogo y la lealtad son las fuentes que ayudan a crecer esta fuente. ¿Pueden las religiones ayudar a la guerra? El hombre es libre y puede usar las religiones como cree. Pero es el modo de usarlo. Hay quienes creen leer en la Biblia una justificación para su accionar bélico. Es una responsabilidad del hombre para usar de modo correcto esta fuente. Y la gente que no cree, ¿Cómo se acerca a la paz? La religión es un modo de ver la vida, no es el único, hay quienes creen en el hombre, en el otro, y otros que creen en el diálogo, en la paz, en la justicia. Yo no creo que el problema hoy sea entre creyentes y no creyentes. El problema hoy es saber amar la vida en sentido pleno y disfrutar del encuentro con el otro, y no ver al otro con miedo, o como un enemigo. Este encuentro de Barcelona, ¿qué puede dejar y qué se espera poder lograr? El primer resultado será el encuentro mismo, el perder tiempo para dialogar sobre la justicia, la paz, viniendo de tantos lugares del mundo, no es normal. Barcelona será la capital de la paz durante esos cuatro días, encontrarse ya es un suceso. El verdadero resultado es el diálogo continuo, el diálogo es la respiración de la humanidad. En Barcelona –que será un gran laboratorio de paz-, se inicia el nuevo decenio 2010-2020, y soñamos que pueda ser un decenio de refuerzo de los valores de paz en todo el mundo.

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