¡El mundo está sin norte!

brujula300“!El mundo está sin norte!” son palabras que nos vienen a la cabeza siempre que abrimos un periódico o una revista o que encendemos la televisión. ¿Por qué tenemos la sensación de que esa frase es verdad? ¿Será que los medios de comunicación social serán en parte o quizá completamente responsables de esta sensación de que andamos sin norte?

Nos hemos acostumbrado a que los titulares de la primera página o de abertura de un telediario se refieran sobre todo a conflictos, desgracias, actos violentos -en contexto de guerra o no- desencadenándonos aquel aspecto mórbido que nos sacude rompiendo nuestra rutina, que nos mueve como si fuésemos marionetas a las que alguien estuviera moviendo los hilos. Pero al mismo tiempo nos provoca una emoción tal que nos hace sentir más vivos.

A veces el impacto que nos producen es tan fuerte que nos hace perder el sentido de la realidad en su conjunto, como si no existiese nada fuera de aquellos flashes mediáticos. De esta forma, difícilmente pensamos más allá de la realidad que nos muestran.

Manuel Pinto, profesor del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad del Minho, en el grupo de trabajo de Portugal que participó en el II Congreso Edificar la Paz en el siglo XXI, interpreta este fenómeno desde otra perspectiva: los medios de comunicación social son también una manifestación de la cultura de lo desechable presentándonos sucesivas olas de centralidad y de olvido. Todos seguimos determinados acontecimientos hasta que los medios de comunicación social se centran en otro acontecimiento haciendo que olvidemos los anteriores. Nosotros mismos nos olvidamos. Y este fenómeno muchas veces nos aliena de la realidad.

Paradójicamente aquello que nos zarandea y que nos puede hacer sentir más vivos, al mismo tiempo, nos provoca una cierta alienación de la realidad, como si constantemente estuviéramos haciendo surf por la cresta de sucesivas olas.

Estas olas de centralidad y olvido aún nos provocan una mayor sensación de falta de norte, sin embargo, Manuel Pinto señalará el papel crucial que tienen los medios de comunicación social para poner en evidencia hacia donde se dirigen estos focos, que por su vez, intentan mantenernos constantemente en un punto álgido de atención y alerta. Para ello, muchas veces las noticias apelan a nuestra emoción. Cabría preguntarnos sobre qué tipo de emoción apelan o provocan.

El filósofo francés Michel Lacroix diferenciará entre la emoción-choque y la emoción sentimiento, refiriendo que la primera constituye el espacio de una vida frenética, trepidante, excitante pero poco profunda, que no pasa de la sacudida inicial superficial y efímera . Este tipo de emoción es la que nos provocan los títulos sensacionalistas a menudo entendidos como descripción fidedigna de la realidad. Ello lleva a este filósofo a afirmar que “el régimen de la emoción-choque nos inmola a las imágenes del mal”; o sea, que nos sacrificamos en honor de estas imágenes, haciendo que proliferen además de que nos dejan inmunes a la realidad concreta existente del sufrimiento de la gente, ya sea de aquellos que están cerca, ya sea de aquellos que son más lejanos.

Ahora bien, por lo que se refiere a la emoción-sentimiento, Lacroix considera que constituye una puerta de entrada a la profundidad del yo; que florece cuando el sujeto se sitúa ante el mundo con una actitud contemplativa, por lo que ésta es una dádiva de una vida atenta . Pero para que se dé esta vida atenta tenemos que estar menos ávidos de noticias y tenemos que seleccionar aquello que realmente es importante para nuestra vida tanto personal como socialmente.

Si deseamos hacer un análisis más profundo de la realidad, no nos podemos quedar en el nivel de la emoción-choque. Sin embargo para superarlo necesitaremos tomar cierta distancia crítica, pasar nuestra emoción también por la razón. Regresando al aporte de Manuel Pinto, es necesaria una alfabetización mediática que, según este autor, será también una alfabetización para la ciudadanía.

Hace falta tanto una formación mediática como un uso responsable de los medios de comunicación social. Tenemos que ser conscientes de que el telediario -o cualquier otro medio de comunicación- no entra en nuestra casa sin nuestro consentimiento. Somos nosotros los que decidimos qué entra y qué no en nuestra casa, somos nosotros los que decidimos con que programación y con que medios nos informamos.

Para esta tarea, nos parece que podría ser una buena opción recurrir al auxilio de aquello que debería nortear nuestra vida y que todos conocemos como virtudes cardinales: las que nos proporcionan las marcas en el camino que tenemos que recorrer, que nos delimitan las sendas correctas. Son la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templanza, que nos sirven de brújula, para que sepamos optar en las lecturas que hacemos de las noticias y para éstas sean un instrumento de desarrollo personal. La guerra en el otro lado del mundo nos afecta de tal modo que somos personas más pacíficas y solidarias en el ámbito de nuestra acción.

Quizá la primera virtud que debamos tener en cuenta sea la justicia, o sea, preguntarnos sobre aquello que es justo que sepamos y aquello que no es justo que se sepa. Nos cabe a nosotros rechazar aquella información injusta y buscar la que sea justa. Teniendo en cuenta que cada uno de nosotros también es un agente mediático, nos tenemos que regir por la prudencia. Si nos dejamos llevar por la primera emoción, independientemente del hecho de que la información que se nos ofrezca sea útil o no, podemos estar faltando a la fortaleza.

Finalmente no podemos faltar a la virtud de la templanza. Es la virtud que nos otorga un cierto equilibrio, pues es la que excluye los extremos “viciosos”. Es la que nos permite pasar de la emoción-choque inicial a la razón, y ello sin menospreciar la emotividad lo cual desembocaría en un racionalismo frío e insensible. La templanza nos permite pasar del frenesí, del movimiento continuo a la contemplación y quietud, hasta que alcancemos un movimiento harmónico. Es la virtud que equilibrará aquello que necesitamos saber del exterior y lo que necesitamos saber del interior. Tal vez sea esta la virtud, que juntamente con las otras, nos permita llegar a una emoción-sentimiento, a contemplar la realidad existente y a entusiasmarnos por la misma.

Necesitamos la templanza para contemplar el mundo en su profunda realidad, para con sabiduría poder diferenciar lo que nos presentan de lo que verdaderamente es la realidad existente.

Necesitamos pararnos y contemplar no tan sólo el mundo, sino concretamente las personas. Hace falta contemplar los otros para intentar identificar cuáles son sus necesidades más importantes. Y necesitamos contemplarnos a nosotros mismos. Es importante destacar que esta falta de análisis respecto a las noticias o programas es un problema global , pero también personal. ¿Si nosotros fuéramos la noticia, qué habría de buena y de mala noticia en nosotros? ¿Dónde está el “norte” del mundo y el nuestro personal?

Francisco Bártolo, Gemma Manau, Helena Adegas, Sílvia Rodrigues son mimebros del Instituto da Paz João Tomé Chomze, Porto (Portugal)

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