El nuevo verde será azul

El pasado noviembre, la prestigiosa agencia publicitaria JWT [1] presentó su conocido Ten trends for 2008, las diez tendencias que marcarán el presente año. Una de ellas me llamó especialmente la atención: «el azul es el nuevo verde».

Los analistas de la prestigiosa agencia publicitaria explicaron con qué rapidez los cambios climáticos se han convertido en impulsores del ambientalismo. Y cómo no sólo el movimiento ecologista, sino las personas de cualquier parte del planeta, se han dado cuenta de que el clima tiene que ver tanto con los mares como con el cielo, ambos de color azul.  En la presentación de sus 10 trendspotting, los expertos de JWT resaltaron el incremento significativo de la conciencia ética ciudadana que empieza a surgir alrededor del mundo.

Esto me ha hecho recordar que a principios de la década de los 90 empezó a surgir un grupo ecológico nuevo: los «azules». Y la gran interconexión que hay entre los azules de los 90, y la eclosión de esta tendencia 18 años más tarde… ¡es como si los recién nacidos azules en los noventa, hubieran alcanzado en el 2008 la mayoría de edad!

Los azules nacieron en la Rusia profunda, a raíz de la confluencia de un poema escrito por la niña Nika Turbina, la poetisa Eugène Evtouchenko y el profesor moscovita Gennady Bolgarine.

Desde hacía un par de décadas, «los verdes», abrumados por la alarmante contaminación en tierra, mar y aire, luchaban contra las causas inmediatas que producían la intoxicación del planeta. Los azules entran en escena unos años más tarde, pero no con menos ímpetu. Ellos buscaban, en primer término, otra cosa; incluso más audaz si cabe: luchar contra la verdadera causa que está detrás de aquellas causas que habían ido señalando los verdes. Los azules iniciaron sus pasos subrayando la antiecología del propio hombre sobre sí mismo, pues eso es la que pone en marcha luego las fuerzas que producen la degradación del planeta.

El moderno eco-liberalismo de nuestra antigua Europa, fluye del principio liberal de respetar la dignidad y la libertad del hombre. Pero hoy, sus propios seguidores  ya se preguntan sobre lo que la libertad puede y debe ser, teniendo en cuenta la densidad socio-económica actual y los peligros de tipo ecológico que ese hombre libre produce. Desde la perspectiva de los azules habría que ver primero, por qué se despedazan antiecológicamente los hombres; pues es el propio hombre, en primer término, el que se está destruyendo a sí mismo.

Simplificando podemos decir que mientras que los verdes defienden la naturaleza, los azules ponen el acento sobre la ecología individual y social del propio ser humano. Tratan de defender a los hombres de la absurda lucha entre ellos mismos y contra sí mismos. Están persuadidos de que lo más dramático no es la progresiva destrucción de ríos, mares y atmósfera, sino la desertización de los sentimientos y pulsiones de la gente. Y paradójicamente, cada vez vivimos más incomunicados, con menos puentes de auténtica ternura, respeto y comprensión. Los azules, en efecto, claman para que el hombre deje de ser tan egoísta, soberbio e insolidario, y que deje de avanzar pisoteándose sin tregua unos a otros en busca de sentirse más poderosos. Así acaban incluso los que vencen, construyendo sus tronos solamente sobre montones de basura y realidades degradadas: ¡triste honor! Toda esta actividad da por fruto la propia degradación. Y no hablemos de la antiecología del individuo en sí mismo por el estrés, el alcohol, las drogas o descarriados modos de comer y vivir, por el insomnio o aberrantes hedonismos. Sólo arreglando al hombre, podremos arreglar la naturaleza.

Nuestra actuación incontrolada sobre ésta, consecuencia de nuestras distorsionadas maneras de convivir entre nosotros, se convierte además en una especie de boomerang en contra nuestra: cuánto más estropeemos la naturaleza, más inhóspita se hará para el propio hombre, y éste más desposeído y menospreciado quedará aun. Se crea así un círculo vicioso; debemos romperlo con valentía, tenemos, si no, las de perder, porque la naturaleza a la postre siempre ganará. Aunque el hombre se autodestruyera, seguirían apareciendo otras especies.

Algunos científicos sostienen que el planeta Tierra funciona globalmente como un ser vivo [2]. Aseguran que la naturaleza tiene escondidos abundantes recursos de supervivencia para vencer las depredaciones que causamos, llegado el caso, afirman que la Tierra es capaz de crear recursos que favorezcan la desaparición de aquello que la está hiriendo de muerte: el ser humano. Sin embargo esperemos que el agua dulce, ésa que ponía el gran ecólogo Margalef como termómetro para saber en qué grado estamos de degradación, siga fluyendo fresca y clara de los manantiales pese a todo. Pero a los 18 años de la aparición de los azules, siguen estos contemplando con pavor la apasionante y vertiginosa oscilación que recorre hoy día nuestra especie humana.

No estaría muy lejos de esta tendencia Dovstoieski, cuando dice en su ideal diálogo con Duns Scoto en El Idiota, que en último término será la belleza la que salvará a los hombres del desastre. Y seguro que también simpatizaría con ellos el gran pensador de nuestra occidental Europa que fue Hans Urs von Balthassar (1905 -1988). Y es que la belleza del mundo, sólo se puede arreglar con la belleza del ser humano.

Si se reconstruye nuestra ecología interior, eso es lo que permitirá por rebosamiento recomponer la ecología de la naturaleza a nuestro entorno;  gracias precisamente al cambio de mentalidad. No lograrán los verdes su objetivo sin esa colaboración de los azules, colaboración, diría yo, mejor previa que simultánea: ¡que vengan primero los azules a convertirnos a que existamos con más plenitud, con más corazón frente a tanta deshumanización actual!; así podremos ser, sólo así, eficaces verdes.

Científicos y humanistas de la talla de Ralf Dahrendorf [3] no se cansan de advertir que si en el siglo anterior, los conflictos que hicieron historia fueron aquellos relacionados con la lucha por el poder económico o ideológico, o aquellos problemas de comunidades relativos a la cuestión social; éste estará fuertemente marcado por el tema ecológico. Y es que aunque haya más de una veintena de individuos que ha escuchado acerca del Calentamiento Global y sus implicancias, son pocos los que realmente saben lo que significa.

Siempre que se habla de ecología se nombra como argumento contundente «el derecho de las generaciones futuras». Parece tumbativo apelar a que las generaciones futuras tienen derecho a encontrarse un mundo más en paz, más habitable, más sostenible, etc. Y a este derecho de las generaciones futuras, corresponde un deber de las generaciones actuales; lo enuncio en negativo que suele ser más claro: si no se está dispuesto a trabajar para dejar a las generaciones futuras un mundo más en paz, más habitable… no se tiene derecho a engendrar nuevos seres al mundo.

Pero claro, ahí nos dirían los azules: ¿cómo vamos a tener amor para los venideros, que aún no existen ni conocemos, si no lo tenemos para los que ya existen y sabemos hasta su nombre y conocemos su rostro, si impertérritos enviamos a nuestros hijos a la guerra o condenamos a los hijos de los otros al hambre y a la muerte en el tercer mundo, qué cabe esperar de nosotros?, ¿dónde están los ecólogos de la «natura humana»?; si el mundo es un basurero es porque nosotros mismos somos ya antes basura.

Ojalá este recién estrenado 2008, sea el año en que ondee la bandera azul. Hagamos todos, todo lo que podamos para que el mundo de hoy y del porvenir sea más esplendorosamente verde y más gozosamente azul.


[1] se pueden encontrar en www.JWTIntelligence.com
[2] James Ephraim Lovelock (n. 1919) científico independiente, meteorólogo, escritor, inventor y ambientalista, famoso por la Hipótesis Gaia, que visualiza a la Tierra como un sistema autorregulado.
[3] Fundador de la Teoría del Conflicto Social. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el 2007.
María Viñas Pich (Trabajadora social)
España – Barcelona

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