El perdón

Las tres reglas del perdón: Se trata de un acontecimiento con fecha fija que pasa en un momento determinado del devenir histórico; sólo puede intervenir en el marco de una relación personal con alguien, una relación entre dos hombres, entre que el que perdona y el perdonado; tiene un carácter extrajurídico. Le Pardon, 1967. Vladimir Jankélévitch

[Extraído de http://www.elpais.com/articulo/internacional/matanza/Domingo/Sangriento/justificada/justificable/elp; 27-1-2011]

 

En junio de 2010 el primer ministro británico, David Cameron, admitió que la matanza conocida como el Domingo Sangriento del 30 de enero de 1972 en Irlanda del Norte “ni estaba justificada ni es justificable” y declaró “profundamente consternado” por lo que hizo aquel día el Ejército británico.

Sus palabras venían acompañadas por un informe que concluía que ninguna de las 14 personas asesinadas aquel día llevaba armas de fuego, que los soldados no dieron ningún aviso previo antes de comenzar a disparar contra la multitud y que las muertes fueron la consecuencia de que los soldados perdieron el control de si mismos.

En diversos países de nuestro entorno geográfico se está produciendo una actitud generalizada de revisión de comportamientos pasados, diversas instancias han entonado su particular mea culpa. Ahora bien, el perdón puede ser igualmente malinterpretado y manipulado interesadamente, no utilizarse en las condiciones adecuadas y servir como instrumento partidista para conseguir determinados intereses orientados al bien propio y no al común.

La proliferación de demandas y peticiones de perdón ha levantado voces críticas por parte de determinados sectores, que lo consideran una retórica exagerada. Las víctimas rechazan a menudo la figura del perdón. A sus ojos, los gobiernos habrían sustituido una reconciliación “auténtica” por una reconciliación falseada y un compromiso con los “verdugos” en lo tocante al respeto de la dignidad y de los derechos de las víctimas. Se habrían apoderado del léxico del perdón con el fin de embellecer una política de impunidad.

Cuando hablamos de perdón nos movemos en un terreno especialmente difícil, hay que evitar la superficialidad y la frivolidad. El perdón es una de las actitudes humanes que han tenido un valor más ambiguo.

El perdón por parte de las instituciones es una obligación. Pero tiene que darse de un modo verdadero. La Carta de la Paz dirigida a la ONU reconoce que el pasado, como un espacio de tiempo inamovible e irrecuperable, no se puede rectificar, aunque sí se puede intentar tratar de rectificar los efectos negativos para la vida de la comunidad.

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