El presente: ámbito de síntesis

cartell passat futur 300Como muchas palabras de las actuales lenguas occidentales, “historia” hunde sus raíces en el griego clásico y tiene su origen en oida: “yo sé”. De oida se desprende oistor: “sabio”. Y de aquí fue derivando hasta el vocablo oisotoria: “cualidad de saber” o “cuentos del sabio”. También encontramos en el griego la palabra historein, que significa “inquirir, preguntar”.

Sumergirnos en los orígenes del sentido de la palabra “historia” nos da cuenta de su vocación originaria. Las palabras se corresponden con sentimientos e ideas que vinculan al ser humano con la realidad. “Historia”, pues, nos desvela esa voluntad de saber que tiene el ser humano, de preguntar, de inquirir. Y no un saber cualquiera, sino un saber sobre sí. Ese famoso ¿de dónde vengo?, que nos ilumina un poco el dónde estoy y quién soy.

La Carta de la Paz nos sugiere en su punto IV que “es fructuoso conocer la Historia lo más posible”. Nos apela a que nos preguntemos, en la medida de lo posible, de dónde venimos, qué acontecimientos pretéritos han favorecido nuestra existencia y las circunstancias actuales.

Cuando somos capaces de preguntarnos cualquier cosa, quiere decir que tenemos un grado de consciencia sobre nosotros mismos y el entorno del cual somos fruto. Sin embargo, muchas veces ese grado de consciencia no es suficiente o no nos satisface, ya que algo nos hace preguntarnos aún más.

¿Cuándo comienza a ser pasado el pasado? El presente, no nos cabe duda, es lo que estamos viviendo ya, ahora y aquí. No obstante, no hay una línea rígida que nos desvincule con lo que sucedió hace cinco segundos, la semana pasada, hace 41 años o en los comienzos de la escritura. Tampoco estamos aislados de lo sucedido en otras geografías ni en el seno de otras culturas.

El presente es un momento o un ámbito de síntesis, donde converge todo lo que ha posibilitado la existencia de ese presente concreto, único, insustituible. Esas coordenadas espacio-temporales están entrelazadas con infinidades de situaciones presentes de otros seres vivos existiendo en su propio contexto. El presente podemos enfocarlo a una fracción de segundo o ampliarlo a la existencia entera de una persona. Depende de cuánto acerquemos o alejemos la lupa para comprender más a fondo un detalle o abarcar el contexto de una vida.

Sin pasado no hay presente

¿Qué lugar tiene el pasado en este ámbito de síntesis que es el presente? Su papel es trascendental, es generador del presente. Contemplemos la existencia de una persona concreta. Yo mismo, por ejemplo. Nací en la Ciudad de México, en 1973. Mis padres nacieron en la misma ciudad, pero mis dos abuelos y mis dos abuelas nacieron en lugares diferentes. Una revolución los hizo emigrar a ellos y sus familias a la capital del país. A esa revulución la precedieron treinta años de dictadura, pero también avances en la cultura, industria, comercio… mestizajes de etnias diferentes, alteraciones en el paisaje, cambios de paradigmas. Y a ese siglo, el XIX en América, le antecedieron muchos siglos de historia de la humanidad, cada uno con sus características concretas que lo han hecho diferente a la época anterior, pero también con constantes que van desvelando las facetas más originales del ser humano.

Sin todo este alud de acontecimientos pretéritos, planetarios y profundamente humanos, yo no estaría hoy aquí. El pasado es más presente de lo que podemos intuir. Es parte de nuestra biología, de nuestras emociones y pensamientos, de nuestras creencias, de nuestro ser social, de la infraestructura material que sustenta nuestras convivencias.

En la medida en que nos cuestiona el presente, en que no estamos satisfechos con él, también nos cuestiona el pasado. Aquí es donde se hace necesario su estudio y reflexión. Hemos de acercarnos a los acontecimientos históricos intentando no idealizarlos, acercándonos lo más posible a los datos reales, alejándonos de los ismos. Esto implica diálogo entre diversas disciplinas y humildad y respeto a la hora de plantear o replantear los hechos pasados.

Hacer historia, hacer memoria, nos pone cara a cara con el rostro de la humanidad. Si somos honestos en este frente a frente, veremos que no existe la perfección. En todo caso, la constante es la “imperfección”. No somos los hijos modelo de una sociedad modelo. Somos los que somos, los que hemos resultado ser. Los posibles. Lo perfecto es lo que ya no admite cambios. Lo imperfecto, en cambio, es aquello perfectible, que siempre se está haciendo, que nunca se concluye.

No podemos cambiar la história

No podemos deshacer la Historia. Lo que sí podemos es cambiar nuestro enfoque sobre ella, a partir de nuevos datos o de sucesivas maduraciones en nuestra forma de aceptar los hechos que nos han dado la posibilidad de existir. Esto nos ayuda a hacer las paces con quienes somos para construir cotidianamente convivencias más equilibradas.

Una constante en el ser humano es el cambio. Nuestras células se están regenerando todo el tiempo. Nuestras ideas y emociones también se van modificando, ya sea por influencias o por una labor autorreflexiva. De igual manera, los “estados de paz” que experimentamos en cada uno y que construimos con los que nos rodean, todo el tiempo van alterándose. A veces es difícil conseguir un equilibrio dentro del movimiento. Pero hay algo en el ser humano que le hace buscar ese equilibrio.

El indagar en la Historia, viviendo en paz con lo que nos ha precedido, nos da elementos para vivir el presente con alegría. Los seres humanos tenemos muchos límites, pero dentro de esos límites y, a veces sobrepasándolos, podemos convivir en paz. Nos toca a cada una y cada uno, decirnos de dónde y cómo venimos, para decidirnos -congruentemente- a ser quiénes somos y como somos. Esto es fuente de paz.

Javier Bustamante Enriquez es Psicóloga Social y miembro del Instituto de la Paz de Badalona (España)

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