El ser humano en tiempos de internet

Una prioridad en la diversificada investigación actual en ciencias sociales es la cultura digital, con sus dimensiones tecnológicas, psicológicas, cognitivas, emotivo/afectivas, y su impacto sobre el individuo, sobre la familia, las sociedades. Cuesta seguir el ritmo acelerado de las transformaciones que, a remolque de la tecnología, se operan en las relaciones humanas incluso en lugares relativamente poco desarrollados.

Desde el infante tecnificado que interactúa con todo tipo de artilugios electrónicos de manera intuitiva, pasando por los niños con sus teléfonos móviles como herramienta de interacción, a los adolescentes centrados en sus videojuegos o creando vínculos a través de chats y redes sociales, todos son sujetos de observaciones y análisis científicos. ¿Está la tecno-sociedad cambiando los dinamismos más íntimos del ser humano? ¿Conoce de manera distinta? ¿Decide a través de mecanismos nuevos? ¿Ama de manera diversa a como lo hacían sus padres y hasta sus hermanos mayores? ¿Cómo se transforman las relaciones interpersonales cuando están mediadas por estos dispositivos electrónicos?

Ninguna de estas preguntas tiene aún una respuesta segura, pero es de vital importancia dar seguimiento a estos procesos y conocerlos mejor, pues está en juego el modelo de persona que se configura en este nuevo paradigma cultural global, interactivo, audiovisual, fluido. Hay que estudiar de nuevo el modo de favorecer en estas nuevas generaciones la libertad personal, el desarrollo de una inteligencia sabia y realista, y el ejercicio de la capacidad de amar de manera plena y gratificante. De otro modo, la convivencia pacífica será más difícil de alcanzar y mantener, como señala la Carta de la Paz en su punto VII. Y es que el homo digitalis sigue siendo persona humana, con sus características y límites ónticos aunque ciertamente esté potenciado en su capacidad comunicativa y en el alcance de su conocimiento gracias a los adelantos de la sociedad actual.

¿Un nuevo paradigma mental?

Entre los estudiosos de los medios de comunicación sobresale Derrik De Kerckhove -discípulo y continuador de Marshall McLuhan- subrayando la importancia que el medio red en sí tiene para la sociedad y para la persona. Más allá de sus contenidos, la red suscita una nueva forma de relación entre las personas a base de transformar los modos como se comunican. Ya no se trata sólo de un “medio” en el sentido de un canal de transmisión; es un estado nuevo de relación social, que confirma la importancia radical del medio comunicativo sobre los procesos de comprensión que el individuo realiza. El autor dedicó a este tema una obra, Brainframes, en la que analiza profundamente la influencia que el medio alfabético de comunicación, por ejemplo, suscitó en el ser humano creando un marco cerebral de comprensión del mundo que afecta a toda la persona, y cómo el cambio al medio electrónico (transformación anticipada por McLuhan) conlleva una revolución que no podemos ignorar y que marca nuestras categorías, el modo en que comprendemos el mundo y de alguna manera la estructura de nuestros propios pensamientos y cultura.

Para De Kerckhove, las tecnologías de la información enmarcan nuestro cerebro en una estructura, y cada una de ellas lo obliga a configurarse según un modelo distinto, pero igualmente eficaz, de interpretación. El cerebro humano es un ecosistema biológico en constante diálogo con la tecnología y la cultura. Las tecnologías basadas en el lenguaje, como la radio y la televisión, pueden enmarcar el cerebro, tanto a nivel fisiológico con la organización neuronal, como el psicológico con la organización cognitiva. Otras tecnologías como los satélites o las redes telefónicas se han convertido en prolongaciones del cerebro y del sistema nervioso central. Estas tecnologías crean estructuras que dan un marco al ecosistema cerebral.

En pocas palabras, un brainframe no es una actitud o una mentalidad, siendo en realidad esto y mucho más: estructura y filtra nuestra visión del mundo, pero no es como unas gafas particulares, porque no está localizado en la superficie de la conciencia, sino en su estructura profunda.

Esto se comprende viendo hasta qué punto el brainfraime creado por la alfabetización ha influenciado el modo como organizamos nuestros pensamientos: la lectura conduce a nuestro cerebro a clasificar y combinar la información de manera idéntica a como lo hacemos con el alfabeto. Por ejemplo, para las lenguas occidentales, el pasado está a la izquierda y el futuro a la derecha, pues escribimos de izquierda a derecha. De manera similar, el marco cerebral creado por la televisión influencia nuestra elaboración de la información. La pantalla dispara fotones en el cerebro de los espectadores desde la más tierna edad, lo cual incide fuertemente en el modo como usan los ojos. Y se ha descubierto que la televisión habla a todo nuestro cuerpo y no sólo a la mente.

En resumen, la visión kerckhoviana advierte que quien ve la tecnología sólo como un instrumento que funciona o no funciona, no comprende el conjunto de la cultura. Si no tomamos más conciencia de estos fenómenos es porque nuestra misma psicología se ocupa de ejercitar una acción estabilizadora que absorbe los cambios e intenta dar un aspecto de continuidad a nuestra vida. Pero cuando se acumulan estos cambios tecnológicos, llegan a un punto crítico en el que se verifica una repentina fractura cultural. El cerebro humano es un lugar en donde los efectos de la tecnología se traducen en psicología y se transforman en cultura y economía.

Todo esto es importante porque no podemos seguir comunicándonos con los niños y jóvenes de hoy como si razonaran en los mismos términos en que lo hicimos nosotros a su edad. Los niños de la generación televisiva aprendieron cómo aprender de un modo completamente distinto al de la escritura, ellos usan ojeadas veloces. Ellos, al leer, se esfuerzan por comprender los caracteres con ojeadas veloces y no les funciona el método. Usan los ojos de una manera totalmente distinta a las generaciones anteriores, a causa de la televisión y sobre todo de los ordenadores y videojuegos.

Estos planteamientos se han visto reforzados por numerosos investigadores a lo largo de los últimos años, ciertamente con mayores matices. El Prof. William Thorn, de la Marquette University de Chicago , señala varias líneas de convergencia en diversas investigaciones sobre niños en edad preescolar en relación con los diversos medios (libros en papel, audio, televisión, videojuegos y ordenadores).

En general, cuando los niños usan cualquiera de los medios sin ayuda, se benefician menos de ellos que cuando lo hacen acompañados por adultos. En el caso de la lectura que los padres hacen a los niños pequeños, ésta favorece mucho el desarrollo de la comunicación interpersonal y el surgimiento del lenguaje en los niños. Los infantes aprenden mejor a hablar a través de la interacción humana que con medios electrónicos. La estimulación auditiva es especialmente eficaz cuando proviene de otro ser humano.

El desarrollo cognitivo puede acelerarse notablemente en algunos aspectos en los niños que usan videojuegos, sobre todo cuando pueden avanzar a través de ensayo y error, por sí mismos, y no como resultado de una guía paso a paso. Para los niños muy pequeños no hay diferencia entre violencia real y violencia de fantasía. Todo lo ven como real; y se ha descubierto en estudiantes universitarios la presencia de miedos irracionales nacidos de su exposición a películas o programas de televisión violentos en edad muy temprana. Los neonatos y bebés de hasta 18 meses, difieren drásticamente de los niños de 2 a 4 años y éstos de los de 6 en adelante. No se pueden generalizar los hallazgos de cada edad a las demás.

Por su parte, y en el campo de la investigación en América Latina, el estudioso de la televisión Valerio Fuenzalida ofrece una síntesis de lo que podría ser una clave de la cultura digital de hoy, en la que el entretenimiento está en el centro del consumo mediático. Fuenzalida asegura que la estructura formal del entretenimiento televisivo en muchos nuevos programas infantiles, pone de manifiesto esquemas lúdico-dramáticos que generan un aprendizaje cultural afectivo no referido a materias cognitivas del curriculum escolar, sino a actitudes y motivaciones ante la vida. El entretenimiento televisivo no aparece, en consecuencia, como el azúcar externa que se le adiciona a un líquido en sí mismo de mal gusto. Más bien constituye una estructura formal lúdico-dramática del contenido, desde cuyo interior se puede obtener un aprendizaje útil para la vida; este aprendizaje desde el medio audiovisual en el hogar se obtiene menos por la vía racional del análisis conceptual y más bien por la vía afectiva del reconocimiento y de la identificación en la representación. Formación y entretenimiento se imbrican, en lugar de disociarse –como lo ha instaurado el racionalismo escolarizado.

Otro elemento clave en la cultura digital es toda la esfera de la emotividad y la afectividad, fuertemente impactada por los medios electrónicos, cuyos lenguajes son audiovisuales y se dirigen más a las emociones que al análisis racional. La investigación suele comenzar por el estudio de la empatía, concepto complejo que tiene elementos cognitivos (comprender los sentimientos y posición de otras personas) y afectivos (proceso básico de simpatizar con otros). La empatía es el primer paso de la relación significativa y de la solidaridad, por lo cual su estudio es muy importante como elemento de una futura formación para la paz.

Quedan aún todas las preguntas, tampoco definitivamente respondidas, sobre todo el campo de las redes sociales, chats y espacios de intercambio instantáneo. ¿Los niños y jóvenes que en ellas participan “se aíslan” como suelen quejarse los padres, o están simplemente “en otro territorio de socialización” que no es la familia? Existen diversas respuestas según los autores consultados. Unos aseguran que se generan redes de solidaridad, dinamismos de inteligencia compartida, impulsos informales al aprendizaje. Otros temen la disolución de la identidad personal, desdibujada en los distintos sobrenombres o avatares con los que se participa en el mundo virtual, y critican el distanciamiento de los jóvenes respecto a la realidad inmediata de su entorno.
Formación para la paz en la era digital

Quizá la única conclusión clara que podemos obtener, es que no es posible continuar utilizando las mismas herramientas educativas de hace diez años para favorecer el desarrollo de la libertad, de la inteligencia y la afectividad. Nos encontramos ante una transformación sin precedentes, en la que se están resquebrajando muchas certezas, y son muy pocas las apoyaturas con que cuentan las nuevas generaciones para construir su propia identidad personal en el encuentro con otros de manera serena y progresiva.

La investigación, como hemos señalado, parece confirmar algo que todos intuimos como evidente: la relación interpersonal sigue siendo un factor indispensable para la estabilidad y la maduración de los niños y jóvenes, también en esta era tecnificada, quizá ahora más que nunca. Es el “cómo” de la presencia adulta el que está en juego de manera diferencial. Los adultos, con frecuencia analfabetos digitales, no podemos abandonar a los niños en manos de los medios electrónicos como concediéndoles un papel de suplencia que no pueden ni deben tener. Y es necesario que los pequeños tengan momentos de silencio, contacto con la naturaleza y no  estén perennemente expuestos a esos medios, para favorecer un equilibrio también fisiológico en el desarrollo armónico de las personas.

Pero el debate sigue abierto, y nosotros hemos de continuar abiertos a comprender la cultura en que viven y crecen las personas de hoy, realmente existentes, con quienes hemos de intentar construir una sociedad más justa y más feliz.
Leticia Soberón Mainero (Doctora en Ciencias Sociales)
Italia – Roma

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