Empezar con una buena noticia

Inmersos en esta situación de crisis que tanto tiempo llevamos arrastrando, las noticias no paran de bombardearnos con el incremento del paro, con las dificultades de tantísimas familias, del cierre de empresas. Hemos sido testigos de gran cantidad de debates sociales, políticos, económicos. Sumergidos en esta gama de informaciones me ha llamado la atención un programa de debate de la televisión pública portuguesa.

Este programa se titula Sociedad Civil y tiene la particularidad de empezar cada día con una buena noticia, de carácter muy diverso, desde la instalación del alumbrado público en un barrio que lleva tiempo solicitándolo, a la noticia de que Portugal es líder mundial en trasplante de hígado. Precisamente ha sido esta noticia la que ha llamado mi atención, en primer lugar por ser una buena noticia y, en segundo lugar, porque muestra el carácter solidario y acogedor que tan merecida fama ha dado al pueblo portugués.

Según datos de la revista Newsletter Transplant , Portugal además de ser líder en el trasplante de hígado, está en segundo lugar en el trasplante de riñones y es el cuarto país con más donantes de médula ósea.

Es obvio que ante una enfermedad grave que requiere un trasplante, la familia del enferno necesita la ayuda y el apoyo de la sociedad (hecho que se refleja de modo especial en los donantes), del mismo modo que también es obvio que la sociedad ha de propiciar un entorno sin barreras arquitectónicas a las personas con movilidad reducida. Estas situaciones, quizá por ser situaciones límite, nos hacen reflexionar, pero esta corresponsabilidad social la hemos de extender hacia todas las personas en sus distintas circunstancias.

La Carta de la Paz, en su punto IX, subralla la necesidad de que los progenitores con la colaboración solidaria de la sociedad, tienen que propiciar hasta la muerte de sus hijos (en especial los discapacitados psíquicos o los de voluntad débil), los medios y apoyos suficientes -principalmente dejarles en herencia un mundo más en paz- para que éstos desarrollen su vida con dignidad humana, ya que no han pedido existir.

En efecto, la sociedad también ha de colaborar de manera especial para que los discapacitados psíquicos y los de voluntad débil puedan acceder a los medios necesarios para desarrollar su vida con dignidad. Es necesario no escatimar esfuerzos para lograrlo. Partimos del supuesto de que todo ser humano tiene derecho a vivir su vida con gozo, a realizar su proyecto vital, a aportar lo mejor de su ser al mundo, pero en algunos casos esto sólo puede hacerse si se le da la ayuda solidaria, si hay una mutua relación de buena querencia.

No hemos escogido nacer, gozamos de la irrepetible posibilidad de ser, pero para que la existencia sea gratificante para todos, es necesario superar muchas barreras, no tan solo las visibles, sino también invisibles. Éstas, la mayoría de las veces son las más difíciles de percibir y abren inmensos abismos entre las personas. Es necesario superar prejuicios y resentimientos de todo tipo y reconocer aquello que nos es común y fundamental a todos los seres humanos. No son las capacidades físicas, ni intelectuales, tampoco es la voluntad lo que nos hace hermanos en la existencia: es el simple hecho de existir. Sobre esta base universal, es donde hay que edificar la solidaridad humana.

En este mismo punto, la Carta de la Paz nos propone dar un paso más. Que nuestro ejemplo, una vez más, de los padres, de la familia y de la sociedad en general, ha de garantizar el derecho de los jóvenes a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir. El entusiasmo no es algo que se pueda traspasar sin más ni menos; el entusiasmo se contagia, se traspasa por ósmosis. Cuando una persona se siente capaz de sacar adelante su proyecto personal, de dar lo mejor de sí a los demás, de irradiar sus potencialidades en su entorno, experimenta el gozo de existir, la alegría de ser. Para conseguir esto, hay que superar cualquier tipo de barreras, ser sensibles a las personas que experimentan graves limitaciones, tanto de índole física como psíquica, los que tienen una voluntad débil.

Para hacer gratificante la existencia es condición necesaria que los adultos estemos contentos de existir, siendo conscientes de que podríamos no haber existido nunca y, además, contentos de nuestra existencia concreta y limitada, ya que era nuestra única posibilidad de existir. Esta es nuestra buena noticia: podríamos no haber existido nunca; para ello bastaba que cualquier hecho anterior a nuestra existencia hubiera sido distinto, esto hubiera ocasionado que nosotros no existiéramos; y a pesar de ello, tenemos el gozo de existir. Tomar conciencia de este hecho (esto es la conciencia existencial) es el primer paso para descubrir el tesoro de la existencia y sentirse agradecido a los que me la dieron, generosamente, sin merecerla.

Lo que realmente contagia entusiasmo es entrar en relación con una persona contenta de existir, que acepta sus limitaciones con alegría, que no desea ser diferente de como es, que no siente envidia existencial por no ser como son los demás, que tampoco no renuncia a vivir con intensidad dentro del contexto que le ha tocado vivir. La humildad óntica  es la condición de posibilidad de la alegría de existir.

No somos perfectos, somos limitados. Lo sabemos por propia experiencia. Un virus, por ejemplo, nos puede provocar una grave disfunción hepática, pero el trabajo conjunto de un equipo de especialistas y la acción solidaria de la sociedad puede hacer que esa persona continúe viviendo.

Ser solidarios en la existencia es luchar contra toda forma de indiferencia, contra la tendencia tan occidental de separarse en pequeñas partículas, a vivir de modo individualista y a perder la referencia de que formamos parte de un Todo. Hemos sido, gratuitamente, invitados a gozar de la inmensa posibilidad de existir. Podemos obstinarnos en vivir desde la queja, fijando  nuestra atención tan sólo en las malas noticias, pero también podemos fijar la mirada en aquello de bello y de bueno que hay en el mundo, en el vínculo subterráneo que nos une. Entonces, captamos que la más grande de las noticias es la más escondida: que hoy también existes.
Gemma Manau Munsó (Química)
Portugal – Matosinhos

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