Energía, calentamiento, sostenibilidad y crisis

Desde hace un tiempo y de forma exponencial se ha disparado la cantidad de información que circula en los medios de comunicación sobre temas relacionados con energía, calentamiento, sostenibilidad y crisis. Pero ¿por qué? Yo diría que hay dos razones: la primera se refiere a la alarma sobre el calentamiento del planeta y la segunda, al encarecimiento del precio del petróleo.

Por un lado, las grandes catástrofes climáticas que hemos sufrido en los últimos años nos han hecho reflexionar y llegar a la conclusión de que el planeta padece un calentamiento y una variación de su equilibrio normal en cuanto a calor y frío. Eso provoca anomalías que ya empezamos a notar: períodos de sequía que se alternan con lluvias torrenciales fuera de época, desastres provocados por huracanes, inundaciones en el centro de Europa y en otros lugares del mundo, etcétera. Un gran número de científicos se han puesto manos a la obra para evaluar datos y proponer una posible predicción de lo que podría suceder. Todos los estudios realizados indican un futuro muy negro y desalentador para la vida humana. En nuestras latitudes el problema será económico y de carácter grave, pero en las zonas más pobres del planeta sus estragos serán mortales. Millones de personas morirán, ya que la vida en esas regiones se hará imposible: hambre, falta de agua, enfermedades asociadas.

Por otro lado, está el encarecimiento desproporcionado del petróleo. Los países en vías de desarrollo, como China e India, lo consumen cada vez más, hecho que, junto a lo que podría ser un agotamiento de las reservas cuantificadas, podría derivar en una subida elevada de los precios. Es la ley de la oferta y la demanda. Desde los años 60 no se han encontrado nuevos yacimientos petrolíferos. Por lo tanto, cuando los recursos que actualmente se explotan se terminen, ¡ya no habrá más crudo!

Parece muy fácil de decir, ¿pero qué es lo que esto significa realmente? Toda nuestra civilización se mueve gracias al petróleo. En el año 1900 la gente vivía en casas y se desplazaba en caballo, en carro o andando. Para recorrer largas distancias estaba el tren, que se movía gracias al vapor, igual que lo hacían los barcos. No había aviones. Los alimentos tenían una procedencia local, como los vestidos. Todos los tejidos eran naturales, hechos con algodón, lana, sarga y otros ejemplos. Los muebles los fabricaba el carpintero del pueblo con materiales de la zona. Sólo algunos adinerados podían comprar estos productos fuera, aunque vinieran de lejos.

Hoy todos dependemos de la movilidad. Las grandes compañías de transporte nos traen muebles de Suecia, verduras de Marruecos, frutas de Turquía o de Sudamérica, ordenadores de Japón, pantalones de China y una larga lista para cubrir todas nuestras necesidades. Todo sin contar que trabajamos a 40, 50 u 80 km de casa. ¿Cómo nos las arreglaremos sin el oro negro? La sociedad entera, millones de personas que nos denominamos del primer mundo, estamos esclavizados, encadenados al petróleo. No nos gusta tener que pagar por el crudo que ensucia el medio ambiente. El control de este bien tan preciado ha generado y provoca centenares de conflictos, guerras, asesinatos y genocidios. Sin embargo, ¿qué ocurrirá cuando falte? Estamos en un callejón sin salida. Todas las infraestructuras actuales funcionan con petróleo. Dentro de unos años nuestro modelo de vida basado en esta movilidad ya no servirá.

Sin duda alguna el cambio será dramático. ¿Tendrá la sociedad suficiente tiempo para cambiar su modelo de vida antes de que se agote este recurso fósil? Este es un gran reto para el Hombre. Quizá nunca habíamos tenido la necesidad imperiosa de hacer un cambio tan radical en tan poco tiempo. Los más pesimistas afirman que en 10 años ya no habrá petróleo, mientras que los más optimistas aseguran que todavía queda para 40 años.

Ser espectador de este cambio puede ser algo apasionante. Por desgracia, muchos también seremos sus protagonistas. Y quizá veremos el mal que hace una crisis de esta magnitud. El ser humano es un animal de supervivencia, el más bien adaptado para sobrevivir en cualquier situación. Eso es lo que dicen. A pesar de todo ahora estamos atrapados en un modelo de vida sin salida, sin futuro, del que dependemos y para el que no tenemos solución alguna.

Sin embargo, soy optimista. Pienso que de una forma u otra la sociedad encontrará el camino adecuado para salir de este problema y abrirá, sea como sea, una nueva etapa de la Historia. Ojalá que los gobernantes y la sociedad no pierdan de vista el contenido que recoge la Carta de la Paz dirigida a la ONU: concentrar sus miras al bien de los contemporáneos, pues ya existen y tienen derecho a vivir la vida con dignidad humana, sin que el bien de los presentes hipoteque el equilibrio ecológico del futuro.

La materia prima que ha permitido los grandes monopolios de energía iniciados por Rockefeller se agotan, como también los negocios que permiten a los propietarios de las reservas energéticas ser exageradamente ricos. Quizá en un futuro la energía ya no sea propiedad de los pocos que la comercializan. Tal vez más adelante la energía estará mucho más al alcance de todo el mundo y se podrán evitar conflictos por disponer de ella. Al fin y al cabo, el planeta Tierra está formado por materia y energía. La primera es inagotable en la Tierra. El problema que ahora tenemos es que a lo largo de los últimos 100 años hemos confiado en que el petróleo duraría para siempre.

Parece que cuando todo va bien nos confiamos y no nos esforzamos para conseguir ejemplos mejores. A pesar de todo, estoy seguro que encontraremos una solución para todo esto y que ésta sí será buena. Espero que lo podamos ver.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>