Estela Barnes de Carlotto

“Cada nieto que se encuentra es un triunfo sobre la dictadura argentina” (Mercè Rivas Torres, autora del texto)

ARGENTINA, 1930

Esta ama de casa, de clase media, casada con Guido Carlotto y madre de cuatro hijos, jamás se había dedicado a la política ni había militado en ningún partido político hasta que en noviembre de 1977, en plena dictadura militar, su hija Laura fue secuestrada junto a su pareja. Siete meses después la joven daba a luz a un niño, Guido, en el Hospital Militar, esposada. Momentos después del parto la adormecieron y la trasladaron de nuevo al campo de concentración La Cacha, donde estaba desde el momento de su detención. Dos meses después fue asesinada. Su nieto Guido, que ahora tiene 30 años, sigue sin aparecer.

“Una sociedad que acepta semejante aberración como la tortura y el asesinato es una sociedad enferma. Y para poder curarse debe dejar de ser cómplice. No podemos aceptar que existan cientos de chicos y chicas que no sabemos dónde están y dejar las cosas tal como están. Esos chicos son rehenes de una dictadura que terminó”, afirma Estela Barnes de Carlotto, Presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo de Argentina.

“En 1985, ya en democracia, hice exhumar el cuerpo de mi hija”, relata Estela, “para que un equipo de antropología forense lo examinase a fondo para determinar con exactitud todo lo que los militares habían negado. El deterioro de su dentadura probaba su largo secuestro, por la pelvis supimos que había tenido un bebé y por las balas que tenía alojadas en el cráneo que había sido ejecutada por la espalda. Así reuní elementos de prueba para la justicia. Tras ver sus huesitos, su pelo, cerré el duelo”, confiesa Estela, emocionada.

Guido, su nieto, no ha aparecido, pero el General Guillermo Suárez Mason, Jefe de la Primera Zona del Ejército Argentino, bajo cuyo mando se encontraba el centro de detención La Cacha, donde estuvo detenida Laura, fue condenado en Italia a cadena perpetua.

Años más tarde, en 2004, en el Juicio de la Verdad, Estela Banes de Carlotto pidió que se investigase al equipo de médicos del hospital militar que atendió a su hija y especialmente a un militar de alto rango que podía ser la persona que se apropió de su nieto Guido, pues según un soldado, que había declarado ante la justicia, el militar entró en la habitación donde se encontraba Laura y salió con un bebé.

Tres meses antes de la desaparición de Laura, estudiante de Historia en la Universidad de la Plata y militante de la Juventud Universitaria Peronista, su padre, Guido Carlotto, fue secuestrado por los militares y liberado, muy enfermo, tras el pago de 30.000 dólares y tras haber sido sometido a terribles torturas.

Desde el momento en que Laura desapareció, Estela se puso en marcha junto a miles de abuelas argentinas cuyo objetivo era encontrar a esos chicos que nacieron en prisión y que en la mayoría de los casos fueron dados en adopción a familias de militares o policías. Hasta el momento han encontrado a 96. “Cada encuentro ha sido una larga lucha, con mucho esfuerzo, trabajo y dedicación”, añade. De esa forma el escritor argentino, Juan Gelman, Premio Cervantes 2008, pudo recuperar a su nieta Macarena Gelman García Iruretagoyena en Montevideo, tras años de búsqueda. La chica había sido adoptada por un comisario de policía uruguayo y su esposa. Estela ha repetido en numerosas ocasiones que su vida estaba “comprometida para siempre”. Quizás por eso en septiembre de 2002, cuatro desconocidos tirotearon su casa estando ella dentro. “Creo que fue obra de esos que aún pretenden callar voces”, comentó en su momento.

Desde el 1977 la organización Abuelas de Plaza de Mayo está en marcha. Comenzaron siendo un colectivo muy austero y pequeño pero poco a poco fueron reuniendo personas y fuerzas hasta convertirse en un elemento esencial de la lucha contra la impunidad en Argentina. “Hace ya 31 años que busco junto a las Abuelas a los centenares de bebés robados por motivos políticos y sus padres, nuestros hijos. Junto a ellas, trabajo incansablemente y sin pausa ya que se nos van los años y aún falta mucho para llegar a la verdad, la justicia y mantener viva la memoria. Los miedos, el cansancio y la vejez no nos impiden seguir este camino que sólo dejaremos cuando Dios nos llame”, afirma con la misma fuerza del primer día.

Pero nada ha parado a esta mujer que recibió el Premio Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2003 y ha sido candidata al Premio Nobel de la Paz 2008. “Efectivamente en ese año fuimos propuestas para el Premio Nobel de la Paz. Este año se ha renovado esa candidatura y es muy importante el apoyo de los Premios Nobel del mundo”.

En 1983, un seminario en Nueva York probó que era posible reconstruir el mapa genético, ADN, de los padres desaparecidos con la sangre de los familiares aún vivos y a partir de ese momento las Abuelas comenzaron a presentar denuncias ante la justicia argentina, enfrentándose a muchos jueces “heredados de la dictadura” que no abrían causas o las retrasaban. “Tuvimos que ir abriendo camino”, comenta Estela, “en el sentido jurídico y en el psicológico. Los psicólogos venían a nosotras a preguntarnos cómo podían aprender a restituir un chico a su verdadera familia, porque eso era un fenómeno nuevo para ellos”.

El banco de ADN creado por las Abuelas, junto a varios organismos gubernamentales, ha sido uno de los avances mayores en su lucha. La ley que se elaboró en 1987 “nos permite dejar establecidas las condiciones prácticas que posibiliten la identificación de nuestros nietos aunque no estemos, ya que es imposible saber cuándo serán localizados”. Este banco tiene como función el almacenamiento y la conservación de muestras de sangre de cada uno de los miembros de los grupos familiares, para realizar estudios de identidad genética hasta el año 2050.

“Cada nieto que se encuentra es un triunfo sobre la dictadura argentina. Los 97 localizados son el mejor alimento para el alma. Es el milagro de un nuevo nacimiento para que ellos caminen libres, recuperen su identidad y sus derechos. Es el mejor premio para esta tarea nuestra”, añade emocionada mientras recuerda sus innumerables viajes para denunciar la violencia que vivió su país, para pedir ayuda y para buscar fuera de las fronteras de Argentina a nietos que podrían estar en otros lugares como España.

Piensa que en España podría haber unos 50 chicos de entre 25 y 35 años que desconocerían ser hijos de argentinos detenidos y asesinados. “Por eso siempre repito a los jóvenes”, comenta con coraje y risueña, “que no permanezcan nunca indiferentes a las atrocidades”. A raíz de estas sospechas, “hemos creado en España la Red Argentina-Europea por el Derecho a la Identidad con sede en Madrid. No hemos encontrado ningún nieto todavía, aunque hay jóvenes que dudan de su identidad y recurren por correo electrónico a esta Red”.

“Estimamos en 500 los bebés robados durante el terrorismo de Estado. Ya han pasado 31 años del comienzo de la búsqueda, y hemos elaborado estrategias institucionales según la situación político-social del país y la edad de los niños buscados. Hoy son hombres y mujeres que en muchos casos dudan de su identidad y vienen a nuestras oficinas a buscar ayuda. El ritmo de nuestro trabajo es cada día más intenso, con nuevas dinámicas innovadoras para que ellos y el ciudadano que tiene información se acerquen a nosotras”, concluye Estela.

One Response to Estela Barnes de Carlotto

  1. La dureza de este relato, la realidad histórica que refleja, próxima en el tiempo y en los afectos, la herida aún no cerrada, me lleva a pensar en la necesidad del perdón, como única forma de continuar tejiendo una vida con la sabiduría de la experiencia que nos recuerde siempre los horrores que la humanidad es capaz de realizar, pero también con el ejercicio libre y generoso del perdón que nos humaniza y engrandece ¿Cómo seguir viviendo si no es así?

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