Esther Pascual: “Nos hemos de plantear qué interés tienen los gobiernos en que los procesos de paz no avancen”

Ester PascualEntre los años 2011 i 2012 en Euskadi tuvieron lugar catorce encuentros restaurativos. Ex miembros de ETA y víctimas de la banda, tutelados por mediadores,  se reunieron  para conversar. En motivo de la presentación en Barcelona del libro ‘Los ojos del otro’ (Ed. Salterrae), hablamos con Esther Pascual (Madrid, 1978), la coordinadora de estas reuniones.

Un encuentro entre un ex miembro de ETA encarcelado y una víctima de él tiene que ser un momento de máxima tensión emocional. ¿Los mediadores qué trabajo previo realizaron?

Primero hicimos una entrevista con todos los presos de la cárcel de Nanclares informándoles de esta posibilidad: hacer un encuentro con la víctima concreta a la cual le habían causado el daño o con otra víctima del terrorismo.

¿Qué condiciones previas se establecieron?

Solos se pusieron sobre la mesa dos requisitos: su participación seria libre y por participar no obtendrían ningún tipo de beneficio penitenciario. Después de esta primera entrevista de información general algunos presos nos confirmaron su interés por participar.

¿Y entonces?

Se empezó a trabajar con cada uno de ellos de forma individual y de forma muy pautada e intensa. Con cada uno hicimos entre diez y doce entrevistas de prácticamente dos o tres horas cada una. Y sólo cuando tuvimos muy claro que los presos creían en el dialogo y que este no supondría para la víctima una reapertura de la herida, contactamos con la víctima para informarle de lo mismo: la posibilidad de encontrarse con la persona que había atentado contra él, su marido, su padre o su madre y confirmarles que el encuentro siempre era para un fin positivo.

¿Cuál fue la respuesta de las víctimas?

Sobre todo les preocupaba que el otro fuera al encuentro de forma voluntaria y que  estuviera arrepentido, en el sentido moral.

Los reencuentros son  un gran momento de escucha y de habla. ¿Los papeles están repartidos?

No. Hay un equilibro bastante igualitario entre ambos. Sí que es verdad que a unos les cuesta más hablar. Suele empezar a hablar el exterrorista contando como y porqué entra ETA, las acciones que ha cometido, las emociones que esto le ha generado y en qué momento de su vida empieza a plantearse cambiar. Y después de esto normalmente la víctima le hace preguntas relacionadas con esta historia que ha escuchado o explica su propio relato: como ha sufrido el atentado,  le cuenta como era la persona que mataron y le reprocha sus actos.  Hay momentos dulces y duros. Y, finalmente, hablan del presente y del futuro.

¿Los exterroristas piden perdón?

En la entrevista informativa todas las víctimas aludían que no necesitaban el perdón para poder vivir, que ni lo querían, pero en el momento de escucharlo por parte del exterrorista casi todas reconocen que calma en el proceso de duelo.

¿Debemos diferenciar entre el arrepentimiento y el perdón?

Quizá no es exactamente lo mismo, pero quien pide perdón lo hace porque está arrepentido y quien se arrepiente de algo, aunque quizá no se atreve a decir “perdón” en voz alta, lo siente.  De hecho, aunque no lo haga públicamente,  una persona necesita pedir perdón para poder reconciliarse con si misma. Aunque pedir perdón, no es librarse de la culpa.

Maixabel Lasa , en el prólogo del libro, pide respeto por las víctimas que han decidido participar de estos encuentros. Su pongo que igual que las víctimas, los expresos también han recibido presiones por hacer este paso.

Sí, algunas víctimas han pedido no ser criticadas por participar en estos encuentros. Y supongo que los presos también han sentido esta presión, pero es más difícil que ellos se puedan expresar con libertad.

¿Estamos delante de un acto de valentía?

Sí. Seguro que ellos han tenido presiones para no participar y los que han participado han sido muy valientes y no se han dejado llevar por el miedo. Aunque también estoy convencida que muchos querrían hacer este paso pero nunca se atreverán a hacerlo.

¿Qué importancia tienen estos encuentros en el proceso de pacificación de Euskadi?

Euskadi para poder hacer un proceso de paz bien trabajado debe nutrirse de muchísimas actuaciones. El proceso de paz no se puede unificar en un solo camino. Debe haber un abanico de posibilidades tan amplio como personas. Abrir puertas siempre es bueno y que las cruce quien quiera.  Al principio tenían que ser cuatro y al final fueron catorce encuentros y algunos no se pudieron hacer… la experiencia dice que iban en aumento, pues ¿por qué cortarlos?

Los encuentros se terminaron cuando el PP llegó al gobierno español, ya que la política penitencia depende del Ministerio del Interior. Por lo tanto, estamos delante de una cuestión política…

Sí, terminan cuando hay cambio de gobierno. Yo no sé quién da la orden y no sé a qué persona le molesta una actividad así, cuando los propios jueces abalan los encuentros. Además, no pueden pretender que una asociación o dos se erijan en nombre de todas la víctimas y vetar el dialogo al resto.

¿Hay posibilidad de reanudarlos?

Nosotros nunca perdemos la esperanza, pero con el actual gobierno español no será posible porqué no quiere escuchar. Al final la iniciativa ciudadana es quién podrá con esto.  Tenemos constancia que hay presos que el día que salgan, sin nadie que les prohíba, irán a ver a la víctima. Y hay víctimas que han asegurado tener paciencia suficiente para reunirse con l’exterrorista cuando este salga. La ciudadanía tiene claro que lo que no se les deje hacer ahora lo hará después.  Y esto es muy bonito.

¿Está diciendo que la sociedad civil vasca lidera el proceso de paz en Euskadi mientras que la política les pone trabas?

Sí. Nos hemos de plantear qué interés tienen los gobiernos en que los procesos de paz no avancen.  ¿Les interesa realmente que llegue la paz? ¿Y cómo debe llegar esta paz? ¿Qué mecanismos arbitramos para que llegue?

La anulación de la doctrina Parot ha hecho que muchos miembros de ETA salieran de la cárcel. ¿Cómo se gestionan los resentimientos en Euskadi? ¿Cómo se puede trabajar la buena convivencia con  víctima y victimario en la calle?

Los ex terroristas me decían: “un día los hijos de los asesinos vivirán con los hijos de los asesinados y por eso debemos empezar a dar ejemplo de convivencia o el odio siempre estará instalado en Euskadi”. ¿Pues qué mejor ejemplo para las futuras generaciones que las víctimas de la violencia y los protagonistas de esta violencia se pongan a hablar? Los encuentros son un claro ejemplo de paz.

Confírmame si te parece cierta esta impresión: El conflicto vasco es muy cercano, pero a la vez muy desconocido.

Sí, es así, porque estamos delante de un conflicto muy poliédrico. Hay los miembros de ETA, las víctimas, los familiares de las víctimas, los padres de los terroristas – ellos quizá no comparten lo que hace este pero lo quieren – etc. Después, a nivel global, hay la sociedad que no ha condenado, la que ha condenado tarde, la que condena,etc.  Todo es muy complejo. Para la sociedad vasca no hay una clasificación posible.

¿Qué es la paz para ti?

Una sociedad en la cual no sientas peligrar tu vida, ni la de las personas que quieres. En la cual uno pueda expresar libremente lo que piensa y sienta. Y una sociedad sin odio y rencor.

2 Responses to Esther Pascual: “Nos hemos de plantear qué interés tienen los gobiernos en que los procesos de paz no avancen”

  1. Pingback: Últimes notícies de la Carta de la Pau | RDA (Revista Digital de l'Andreu)

  2. gloria inés rodríguez

    La importancia en la formación colectiva de los encuentros de los hijos de los victimarios y de quienes fueron víctimas, tiene amplia repercusión benéfica para toda la sociedad. Eso es lo que sentimos en Colombia cuando el hijo de Pablo Escobar se reunió con los hijos de Galán -candidato a la presidencia asesinado-.

    Sólo superando los resentimientos, se construye la paz presente:

    “La carga de conciencia por unos crímenes que no cometió motivaron que, después de 16 años, dejara el anonimato. Sólo para pedir perdón.

    A los siete años, mi vida era la de un delincuente. (…)Vivíamos como fugitivos. Nos llegó a ocurrir que estábamos escondidos con él (Pablo Escobar), rodeados de millones de dólares y muriéndonos de hambre”. Desde su exilio asumió que su deber no era seguir los pasos de su padre. “Aprendí que debo hacer exactamente lo opuesto a él. Yo sí quiero vivir”.

    Ver documento: http://elpais.com/diario/2009/11/22/domingo/1258865556_850215.html

    Una de las posibles conclusiones, a tono con el texto de la Carta de la Paz:

    “Yo no soy culpable de lo que ha ocurrido, pero debía hacer algo. Tenía la convicción de que podía alcanzar la paz”.

    Felicidades Esther, hemos de apoyar todos los procesos que conduzcan a la paz de los pueblos, fuente de desarrollo humano y material.

    Gloria

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