Europa, el euro y la solidaridad

El concepto de solidaridad es recordado a menudo en el contexto de compensaciones financieras entre varios territorios de un mismo Estado. A través de estos mecanismos regiones estructuralmente débiles, es decir, más pobres, se benefician del superávit relativo de aquellas regiones que son los motores económicos del Estado. Es uno de los principios básicos, por ejemplo, de la República Federal de Alemania. Se trata de transferencias automáticas entre los Estados federados, pero sin alterar la ordinalidad de la riqueza generada por cada Land.

Cambiando por un momento el escenario, hay que decir que precisamente este principio de ordinalidad lo reivindicó Catalunya en las negociaciones del año 2009 sobre la financiación autonómica del Estado español para así impedir que el principio de la solidaridad quedara pervertido.

Pero, ¿qué está pasando estas semanas en el seno de la Unión Europea? ¿Qué mecanismos se están aplicando aquí? Primero hagamos memoria.

La crisis financiera griega se puso de manifiesto con la crisis financiera mundial del 2008, que empezó en los Estados Unidos de América, y especulaciones bursátiles la hacían aún más grave. Pero las causas principales en realidad son nacionales: la competitividad insuficiente y la política del déficit. En mayo último no paraban de sucederse los acontecimientos. La insolvencia griega y las repentinas dificultades de otros Estados de financiarse, debido a una creciente desconfianza de los mercados, amenazaban la estabilidad del euro hasta el punto que sólo dos días después que los jefes de Estado y de gobierno de la zona euro decidieran los créditos a favor de Grecia (7 de mayo del 2010) se reunieron los ministros de finanzas para establecer la creación urgente de una “pantalla protectora del euro”, que consiste en los avales de los Estados de la zona euro porque una sociedad interestatal por fundar pueda dar créditos avalados a Estados insolventes.

Volvamos a Alemania. Si bien la actuación de la canciller alemana Angela Merkel antes de la concesión de créditos a Grecia, fue vacilante y poco transparente, la reacción alemana a la crisis del euro fue decidida y rapidísima. Esta rapidez al final fue necesaria para calmar los mercados financieros.

Aquellos días navegué por la página web del gobierno alemán. Había un resumen escrito de la Declaración de Gobierno, leída por Merkel delante del Bundestag (Parlamento Federal)  el día 19 de mayo, además del vídeo entero.

También encontré “preguntas y respuestas sobre la estabilización del euro y la ayuda a Grecia”. Bajo la pregunta de “¿Por qué tiene que ayudar Alemania a Grecia o a otro país de la zona euro?” dice, entre otras cosas, que Alemania, como nación exportadora, está muy interesada en un mercado interior europeo protegido precisamente a través de la moneda única contra las oscilaciones del cambio. Si Grecia ya no pudiera pagar, correría peligro la estabilidad financiera de toda la zona euro, pues con mayor razón si la solvencia se apoderase de otro Estado (sic). Es decir, que las medidas tomadas en el interés inmediato alemán (por ejemplo del trabajador alemán: su trabajo, sus ahorros, su plan de pensiones privado, etc.). La página web también deja claro que los créditos en Grecia, retornables con intereses, no salen de las arcas del Estado, es decir que no se otorgan con los impuestos de los ciudadanos.

¿Podemos descubrir o no en estas medidas el principio de solidaridad?

Continuemos. Aún no hemos nombrado la famosa llamada de Obama a Zapatero que precedió las medidas drásticas de contención del gasto público puesto en marcha en España también en mayo, o bien la reforma laboral aprobada por decreto ley en el mes de junio. Pero aún más sorprendente fue el anuncio del gobierno alemán de un duro plan de ajuste presupuestario justo cuando Europa miraba hacia Alemania esperando que ésta hiciera de locomotora en el camino hacia la recuperación de la economía europea.

¿Alemania es insolidaria por no estimular la economía europea? ¿O es Alemania solidaria en dar ejemplo a las economías más débiles? Se ha gastado mucha tinta y cuerdas vocales estos días en los medios de comunicación. Hasta se ha hecho el audaz ejercicio de comparar la relación Alemania – Unión Europea con la de Catalunya – España; una comparación que por cierto es coja por cuestiones de soberanía pero, aún así, es interesante porque enseña que las acusaciones de insolidaridad se pueden acercar con mucha facilidad a la demagogia.

Quizás sí que se puede afirmar que los gobernantes de mi país de nacimiento, tienen como objetivo el bien de los contemporáneos, tal como reivindica la Carta de la Paz dirigida a la ONU en su posdata. En cualquier caso, ante todo, el bien de aquellos contemporáneos que los pueden votar.

En el mundo actual con sus fronteras –o mejor dicho, el modo como se utilizan en la práctica política- aún es (muy) prematuro esperar que un gobierno pueda percibir la fraternidad primordial de las personas en la existencia como motor de la solidaridad. Y, seamos sinceros, tampoco es nada fácil.

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