Fábricas de amistad

Hace un tiempo vi un documental en televisión sobre la obsolescencia programada, término que surgió a partir de la crisis económica de 1929, y que consiste en reducir de manera deliberada la vida de un producto para incrementar su consumo. El informe, bajo el título “comprar-tirar-comprar”, hacía referencia a ese concepto de obsolescencia y cómo éste incide en la sociedad occidental desde los años veinte del siglo pasado, cuando los fabricantes comenzaron a pensar en incrementar las ventas de sus productos a costa de la confianza de sus clientes. Un aparato que se estropeara en poco tiempo llevaría al usuario, irremediablemente, a comprar uno nuevo. Esta idea que permitió el sostenimiento de muchas industrias, puestos de trabajo y crecimiento económico sigue vigente -¡y cómo! en nuestra sociedad. En otro video relacionado con el tema se mostraba cómo se enseña a diseñadores industriales a pensar en objetos que tuvieran una vida corta para que pudieran ser sustituidos rápidamente. Un ejemplo de ello: los teléfonos móviles. El profesor preguntaba a sus alumnos: ¿cuánto tiempo hace que compraron el móvil que utilizan hoy? El alumno que hacía más tiempo que lo tenía no excedía el año. Un año de vida para un móvil, ¿no es poco tiempo, no pueden durar un poco más? Mientras miraba el programa pensaba en la relación con la amistad. ¿Cuánto dura un amigo? La amistad, ¿puede tener fecha de caducidad? ¿Alguna vez nos hemos sentido utilizados por otros para un fin determinado? La amistad no puede y no debe pensarse con fecha de vencimiento, como un yogurt. ¿Puede haber amigos light como el yogurt? No lo creo. En ese caso, si alguien se acerca a otro sólo para la obtención de un beneficio momentáneo, eso no sería amistad. La amistad es el primer fundamento que ofrece la Carta de la Paz dirigida a la ONU para empezar a construir la paz. La amistad es incondicional, en caso contrario no puede ser amistad. El diccionario de la Real Académica Española define el término amistad como afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. ¡Muy buena definición! Desinteresada, y que se fortalece con el trato. En vez de desgastarse como el producto que va quedando obsoleto, la amistad a medida que “envejece” se hace más fuerte. La amistad no se compra, ni se produce con fecha de vencimiento, aunque bajo la idea de la “obsolescencia programada” sería interesante pensar en “fabricantes de amistad”, o “industrias de la amistad”. Pero la verdadera industria de la amistad debiera de ser la sociedad. Un lugar donde se pueda crear la amistad, fecundarla y reproducirla. Pero sin ningún interés mezquino por detrás, pues eso no sería amistad, en todo caso habría que buscarle una palabra. ¿Y dónde se enseña la amistad? La familia debe ser el primer lugar donde aprendamos a hacer amigos. Pero no es una materia que podemos estudiar en la escuela, aunque no estaría de más pensar de incorporarla. Pero ya imagino a los maestros pensando: ¡otra cosa más para enseñar! ¡Y claro! Si la amistad a veces puede ser más importante que otras cosas que vemos en el colegio. A los niños y jóvenes no se les educa en la amistad. Y la sociedad debe ser el lugar para poder fortalecerla. A los amigos los elegimos, no los heredamos. En uno de los foros en el facebook de la Carta de la Paz se podían leer las opiniones de algunos amigos. Thelma dijo que “La amistad como el amor no se puede comprar, El amigo fiel es un refugio seguro, el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor”. Y Marta se preguntaba: ¿pero entonces ser amigo no es una cosa de hoy para mañana? Yo conocí a una persona que decía que una amistad puede tardar 20 años en constituirse, ¿eso es posible? pero… ¿entonces uno pasa mucho tiempo solo antes de sentirse o que los otros le sientan como amigo? Y Thelma respondía: “en el camino de esos 20 años uno puede irse sintiendo mas y mas amigo cada vez”. La Carta de la Paz considera a la amistad algo tan básico para la paz que la enumera entre los puntos de partida necesarios: “desde … la amistad, puede construirse la paz”; es decir, la amistad es uno de los “fundamentos” anunciados al comienzo del texto de la Carta de la Paz para, sobre él, poder construirla. La fábrica de amigos está en nosotros y si tenemos paz, podremos estar más fácilmente abiertos a la amistad. Y señala que “sin resentimientos, desde la libertad, las evidencias y la amistad, puede construirse la paz”. Pues entonces permitamos que la sociedad sea ese lugar donde se pueden fabricar amigos y fortalecer las amistades para poder construir la paz. Alfredo Fernández (Periodista) Barcelona – España

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