Feliz año del tigre

El Domingo 14 de febrero, los chinos de todo el mundo empezaron las celebraciones para dar la bienvenida al año nuevo chino. Es el año 4708, según su calendario; el año del tigre, animal que, según el zodiaco chino, es caracterizado por ser un signo cálido, amoroso, independiente, libre y divertido, extremadamente carismático y mágico, con habilidades de comunicación y buenas relaciones sociales.

Tuve el placer de poder participar de una de estas celebraciones en Barcelona, con buenos amigos chinos y de todo el mundo. Fue una fiesta muy alegre: nos explicaron tradiciones de su país, compartimos música y baile de todo el mundo y comimos abundante y exquisitamente de la mano de estos artistas milenarios de la cocina. Me sorprendió especialmente una parte de la fiesta en la que se dedicaron a explicar la importancia de la amistad en sus andaduras por este país, y cuán acogidos se habían sentido desde su llegada.

La comunidad china de Cataluña ha sido la más numerosa en España desde la década de los 60. Aproximadamente 40.000 chinos estaban empadronados a la ciudad de Barcelona en el año 2008. Puntos neurálgicos como Santa Coloma de Gramenet, la Vía Júlia o la calle Trafalgar han sido punteros en cuanto al establecimiento de chinos en la vida metropolitana y comercial de Barcelona.

Son muchos los mitos e imágenes construidos sobre los habitantes del “Imperio del sol”: Películas de artes marciales, series sobre tiranos chinos, el “Made in China”, la Revolución Cultural, la medicina natural, … En los últimos años, China ha estado en el punto de mira de la comunidad internacional: las relaciones con el Tibet, los Juegos Olímpicos, la controversia en la conmemoración de los sucesos de Tiannamen, etc.; pero también ha creado expectación sobre su crecimiento económico, incluso en medio de una de las más grandes crisis económicas mundial, por su capacidad de producción, de trabajo, de formación, etc.

El domingo, mientras comía un dulce hecho de pasta de arroz y un gajo de naranja gigante, pensaba cómo había cambiado mi percepción de los chinos desde que conocí la polémica por el posible establecimiento de un “Chinatown” en mi Santa Coloma natal. No sabía nada de aquella gente cuando íbamos a los restaurantes y hacíamos bromas sobre la procedencia de la carne que comíamos o de el acento extraño que tenían. Pensaba y me daba cuenta de lo peligroso que puede llegar a ser pretender conocer sólo a través de la opinión general, a través  de informaciones en los diarios o de comentarios parciales en la televisión. ¡Qué pobre para la convivencia es ignorar al otro! Cuando la amistad ha empezado a cuajar, tendemos a hacer preguntas a quien tenemos enfrente, y no nos quedamos en los mitos y prejuicios. Así, el diálogo está servido. No se teme a un amigo.

A China le queda un largo recorrido por hacer en muchas materias, como a todos los países de este curioso mundo, y, seguramente, por el hecho de ser considerada una nueva potencia emergente, estará más en el punto de mira que otras. Seguro que los miles de años de historia acumulada le servirán de gran ayuda en su maduración en el panorama internacional.

Pero si queremos construir la paz no será suficiente con señalar cualquier paso en falso que los demás hagan. Hará falta que nos esforcemos, todos, por conocer a fondo las nuevas realidades que vayan surgiendo e implicarnos realmente con los que tenemos al alcance. Quizás este año del tigre -con sus habilidades sociales- nos ayude, a todos, a optimizar las relaciones en sociedades cada vez más acostumbradas a los movimientos migratorios. No deberíamos  olvidar que los lazos de verdadera amistad, de conocimiento profundo, son buenos aseguradores para que el trabajo por la paz se fundamente sólidamente. Si no, fácilmente caeremos en discursos brillantes y teóricos sobre la realidad del mundo que a menudo nos separan más de lo que nos hermanan a los demás.

El ser humano seguirá yendo y viniendo, como lo ha hecho desde que existe. Es nuestra actitud la que hará de esto un problema o sacará provecho. Interesarse por la novedad que llega es una actitud humilde, que entiende que de todo se puede aprender, que acepta el cambio -inevitable en este mundo globalizado- y que saca rendimiento humano. Al fin y al cabo, si la mayoría deseamos la paz…

 

Javier García Aranda (Grafista)
España – Barcelona

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