Hacer las paces con los propios orígenes

La existencia de cada persona es fruto de una suma de acontecimientos, decisiones, azares… tanto positivos como negativos. Hay muchas posibilidades de que no existiéramos nunca. Saber que existimos, pues, nos tendría que dar seguridad y llenarnos de ganas de vivir y de realizar proyectos y sueños. Aun así, no siempre es fácil. La historia de la humanidad está llena de aspectos negativos que han hecho posible que fuésemos engendrados. Por lo tanto, cada uno de nosotros puede mirar atrás y tomar consciencia que sin ellos no gozaría de la vida. Debido a que esto lo compartimos todos, es fácil aceptarlo. Pero, ¿qué sucede cuando estos aspectos negativos, no son generales, no forman parte de la historia de todos, sino sólo de mi propia historia? ¿Qué sucede cuando tengo que agradecer mi propia existencia a un aborto de un hermano, a una violación…? ¿Qué sucede cuando tengo que agradecer mi existencia a unos padres que no considero dignos o a unos padres que ni conozco ni sé dónde están? El proceso tiene que ser el mismo: aceptar el terrible hecho, sólo porque ha permitido nuestra existencia. Seguro que hacer este paso es difícil, pero hay que hacer un esfuerzo y conseguirlo por el bien de todos. Si acaso, quien no considere este instrumento que el realismo existencial pone en nuestras manos, seguro que todavía lo tiene más difícil para afrontar el pasado. Los conflictos personales personales sobre el propio origen son muy evidentes en los casos de niños que, por la razón que sea, han visto romperse el vínculo con sus progenitores. Siendo pequeños, pueden llegar a afirmar que su vida no sirve para nada. Es muy importante que los adultos que estén cerca de ellos -suelen ser los padres adoptivos- les hagan ver la alegría que es poder existir y de ser ellos mismos, a pesar de y, sobre todo, gracias a las circunstancias y a las personas que les posibilitaron la vida. Para ser una persona equilibrada y feliz, para tener confianza en uno mismo y en los otros y poder establecer relaciones sanas y satisfactorias con los que nos rodean, es necesario hacer las paces con los propios orígenes.   Mercè Costa Nicolau (Filóloga) España – Barcelona

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