Haití, historia de un bicentenario

Introducción

El primero de enero de este año hace 207 años de independencia de la República de Haití. En esta fecha, la celebración de la independencia no ha sido una prioridad para el gobierno, ni siquiera la reconstrucción del país de los desastres del seísmo que causó 200 mil muertos y 300 mil afectados, sino la resolución de la crisis electoral, la cual ha sido, por una gran parte, querida. Tampoco la disminución del brote del cólera que hasta la fecha ha matado cerca de 4 mil personas. Hace tres años,  el primero de enero de 2004, el bicentenario fue celebrado bajo el terror; fue tan ordinario como cualquier fiesta municipal, ya que la única actividad relevante fue el discurso de Aristide en Gonaives donde fue proclamada la independencia. El fiasco del bicentenario se debió, en buena medida, a que las manifestaciones anti-Aristide aterrorizaban  a una población ya frustrada y  desencantada de todo. Ironía de la historia: El mismo año del bicentenario, sea dos meses de la celebración, la comunidad internacional representada por EEUU y Francia iba a pisotear  el acto de la independencia al derrocar a Aristide sin ninguna “conveniencia” el 28 de febrero del 2004. Esta “bofetada” a la soberanía haitiana se considera aún más dura, cuando se sabe que Aristide, de facto, no puede volver a Haití aun si así le placiera.

Este breve panorama sobre el contexto del bicentenario de Haití confirma la ignominiosa expresión asociada con Haití, la de “entidad caótica ingobernable”. Sin embargo, mientras que en el ámbito político, Haití es un fracaso, el pueblo haitiano tiene larga historia de lucha de resistencia y supervivencia, de convicción, fe y esperanza en un mundo mejor. El comportamiento del pueblo – tildado a menudo perjudicial y erróneamente de bélico –, pese a que, a veces, bordea la resignación, no puede ser sino una señal de su lucha por la vida. En lo que voy a exponer, se verán las proezas de los patrios; también se resaltará la capacidad incomparable del ser haitiano en medio del analfabetismo, pobreza y miedo.

Antes que todo, quiero presentar brevemente la condición de vida en la colonia de Saint-Domingue y las luchas por la independencia.

Condición de vida en la colonia de Saint-Domingue

En 1697, por el Tratado llamado « Tratado de Ryswick », España entregó la tercera parte de la isla Hispaniola a los franceses. Con este pacto, se inició oficialmente la colonia francesa de Saint-Domingue. Dicha colonia estaba poblado de 510 mil habitantes, repartidos como sigue: 30 mil blancos, 30 mil mulatos y 450 mil Esclavos. También cabe subrayar que Saint-Domingue representaba tres cuartos de la riqueza colonial francesa, lo era un cuarto del PIB francés. Esta prosperidad de la parte occidental de la isla Hispaniola le valía el envidiable nombre de “perla de las Antillas”. Sin embargo, la sangre del esclavo era el principal abono de las plantaciones azucareras y cafeteras de los blancos.

En efecto, el “Código Negro”, que regía la vida en la colonia, estipulaba que el negro era un “bien mueble”. Esta cosificación del esclavo se traducía por las penas más pavorosas, inhumanas y humillantes a las cuales puede ser sometido un ser humano. La diferencia entre un caballo y un esclavo estribaba en que desempeñaban funciones diferentes en la colonia. Se cabalgaba el primero, mientras que el segundo fue usado no sólo para cuidar a aquél sino que también a faenarse en las labores de cultivo casi las 24 horas del día. Por eso, se desgastaba tan rápido y que su esperanza de vida (10 años en promedio)  era mucho más corta que la de un caballo. Esta situación de total injusticia social iba a generar una situación jamás esperada por los blancos. Por una parte, está  la ideología  difundida en Francia de que el esclavo no era humano al igual que cualquier otro, ideología que podría arrastrarse de la calentada discusión de Las Casas con Sepúlveda, donde éste rechazaba la tesis de la humanidad de los esclavos. Por otra parte,  está la condición de prosperidad de Saint-Domingue hecha realidad tan sólo por el trabajo del esclavo, condición que se contrastaba por la situación de cosa maltratada del trabajador.

Esta contradicción de la colonia exasperaba a los importados de África y los llevó a entregarse  a las guerras de la independencia.  Veamos ahora los hechos.

Las luchas por la independencia 

En el albor de la última década del siglo XVIII, las luchas clandestinas que los esclavos vinieron llevando desde más de medio siglo iban a pasar a un nuevo fase, un fase determinante en cuanto que los esclavos optaron por la unión de sus fuerzas. Pues, el 14 de agosto de 1791, fue celebrada la famosa “ceremonia del Bois-Caiman” bajo el mando de Bouckman, donde los esclavos hicieron el pacto de liberarse del jugo de la esclavitud. Durante 12 años (Agosto de 1791 – Noviembre de 1803), los negros desafiaron a los blancos y los mulatos, pese a las pérdidas en vida humana en su rango. La producción disminuía considerablemente; el tejido social de los blancos se iba desgarrando  y las relaciones entre blancos y mulatos empeoraban.

Esta situación que auguraba la pérdida de la colonia por Francia, hizo que Napoleón, después de tres Comisiones de Amnistía fracasadas, mandara una expedición de algunos 70 mil hombres en 1802 bajo el mando de su cuñado Leclerc y luego de Rochambeau, conocidos por su crueldad, para reprimir  la revolución de los esclavos.  El encuentro decisivo entre las tropas de Leclerc y las de Dessalines se hizo en el último trimestre de 1803 y el 18 de noviembre de 1803, Rochambeau reconoció su fracaso.

Sorprendentemente, la Armada Invicta Napoleónica fue paradójicamente vencida. Y fue la primera vez que esta imponente Armada conoció un fracaso. No en las guerras europeas (España o Moscú), sino frente a los “desarmados” de Saint-Domingue.

Presentados los hechos, cabe ahora preguntar porqué fracasó la Armada Invicta, o mejor, cómo ganaron los esclavos, o dónde encontraron fuerzas para llevar a cabo esta batalla.

La fuerza del pueblo haitiano

La primera pregunta ¿Por qué fue vencida la Armada Invicta? es del dominio de un estudio clásico en Ciencias Políticas, lo que está fuera del objetivo de esta pequeña reflexión. Pero no está de más decir brevemente algunas palabras al respecto. Las razones generalmente evocadas para este fracaso son: la estrategia  y la  táctica militares  adoptadas  por la armada francesa no fueron apropiadas a la guerra popular  de la armada esclava; la topografía de los lugares y las condiciones climáticas fue desventajosa a los franceses, las enfermedades (malaria). En total, de los 70 mil soldados enviados, 55 mil perecieron.  Estas razones son fundadas, aunque la armada revolucionara también sufrió las inclemencias  climáticas y la topografía de los lugares no le fue una ventaja.

Las segunda y tercera preguntas son para mí de mucha mayor importancia, dado su sentido existencial, lo que ha acarreado para la humanidad y especialmente para el mundo negro. La respuesta a estas preguntas no reside en la fuerza en municiones de los esclavos, tampoco en sus tácticas sino más bien en su impetuosidad, su entusiasmo, su determinación, su espíritu de superación y de sacrificio para romper con este orden inhumano  e ignominioso que prevalecía en Saint-Domingue.  Además, los esclavos fueron acaudillados por líderes entregados por la causa de un territorio independiente: Desde Bouckman hasta los patrios (Dessalines, Christophe y Pétion) pasando por Toussaint. Una primera clave de lectura para entender la situación actual a partir de las batallas de la independencia es que el pueblo haitiano, pese a sus vicisitudes, sigue siendo un pueblo luchador y valiente, capaz de hacerle frente a las situaciones  más difíciles de la vida, lo único que le falta son  líderes, haitianos/as competentes, con autoridad y gran amor por el ser humano en general y por los haitianos en particular, capaces de llevarlo hacia tierra firme y fecunda, capaces de sacar a Haití del pantano hediento donde se encuentra.

La consolidación de lo adquirido

La guerra de la independencia de Haití se distingue por su triple característica. Es anticolonial, antiesclavista y antirracista.  Es anticolonial en cuanto que los esclavos, determinados a independizarse, expulsaron a los colonos del territorio. Antiesclavista, en el sentido de que la independencia fue acompañada de la abolición de la esclavitud, lo que difiere para las otras independencias latinoamericanas. Antirracista, ya que la Constitución de 1806 estipulaba que todos los haitianos eran negros.

No hay que entender la tercera característica como  un racismo a la inversa, sino que una medida para eliminar toda tendencia blanca o mulata de querer salvaguardar sus privilegios esclavistas. Haití tenía que pagar caro,  y esto hasta ahora, el precio de su independencia por las características señaladas. Se suele ver como pago exclusivo la indemnidad de 90 millones (que era originalmente 150 millones) que Haití le entregó a Francia para el reconocimiento de la independencia. Esta cantidad fue evaluada a US$21 mil millones  en el 2004 por el gobierno de Aristide  y el mismo pregonaba la restitución de este dinero al  país. Este pago directo no representa nada respecto a pagos estructurales a las potencias de aquella época y de las de hoy en día. Europa puso a Haití en la cuarentena.

Los Estados Unidos reconocieron la independencia del país hasta 1862, más de medio siglo después de su proclamación, mientras que los esclavos de Saint-Domingue entregaron su vida en Savannah (1779) para liberarlos del imperio inglés. Ni siquiera América Latina que tanto recibió de Haití para sus luchas independentistas reconoció de facto, al principio de sus vidas republicanas, la independencia haitiana. Bolívar estuvo dos veces en Haití y recibió ayudas tanto en soldados como en municiones. Lo que dijo el dictador haitiano, Francois Duvalier, a saber, “en política, la gratitud es  cobardía”  fue mucho antes practicado por gobernantes latinoamericanos respecto a la Primera República Negra del mundo.

En efecto, Haití no fue entre las primeras naciones con las cuales las recientes repúblicas latinoamericanas entablaron relaciones diplomáticas; tampoco fue invitado a las primeras cumbres de países de la región. El golpe más fuerte y que es una prueba contundente de la hipocresía de Latinoamérica con Haití es que el bicentenario de las independencias latinoamericanas no empezó en el 2004. El inicio de estas celebraciones no sólo representa un fraude o deshonestidad intelectual, una violencia contra la memoria histórica de la región sino que también una política de exclusión de Haití, al no reconocer su independencia como decana de las independencias de la región.

Por otro lado, fuera de todo maniqueísmo, tengo que reconocer el apoyo de países latinoamericanos a Haití, máxime después del terremoto del 12 de Enero. La República Dominicana fue el primero que ayudó a Haití y su ayuda, a mi humilde parecer, fue la más eficiente.
El bicentenario

El bicentenario de la independencia haitiana fue celebrado en condiciones similares al centenario en medio de revueltas políticas. Años antes de 1904, Haití fue tan desconsiderado que, en 1897, luego del encarcelamiento del residente alemán, Lüders, Alemana exigió  una indemnidad de US$20 mil, y las excusas oficiales del jefe de Estado, lo que fue ejecutado.  Los 6 años (1902 – 1908) de Nord Alexis fueron posibles gracias a su régimen dictatorial respaldado  por los Estados Unidos, lo que deja entender las condiciones en las cuales fue celebrado el centenario.

De igual modo, a raíz de las elecciones presidenciales del noviembre 2000, se generó una crisis política que iba a tener su cumbre en el derrocamiento de Aristide.  En Enero de 2004, los días del presidente en el poder fueron contados.  Los grupos pro-lavalas (nombre del partido de Aristide) se rebelaron contra su jefe y la situación empeoraba cada vez más. La celebración del bicentenario fue reducida a un discurso de Aristide pronunciada bajo presión de las manifestaciones, sin ninguna participación del pueblo, de los intelectuales, de asociaciones de la sociedad civil. Como dije en la introducción, ironía de la historia, a pocos días después de esta celebración, una coalición formada por Francia y Estados Unidos derrumbaron al presidente y lo exiliaron. Este acto fue una bofetada a las proezas de los padres de la Patria, una violación del derecho de no-injerencia propugnado por la Carta de las Naciones Unidas.

Por otra parte, la analogía entre el centenario y el bicentenario puede verse desde una mirada hacia lo acaecido después de ambos eventos. La situación post-centenario fue un caos político a punto tal que fue dentro del pretexto de justificación de la Ocupación Americana (1915-1934), la cual favoreció a los militares y a los burgueses, a expensas del pueblo. La situación post-bicentenario se asemeja al primero en cuanto al desorden político (exilio de Aristide y ocupación extranjera por la MINUSTAH, gobierno de transición, presidencia de Préval que desencantó al pueblo, crisis electoral actual).

Cabe citar al intelectual Rosalvo Bobo por su precisión de predecir las cosas. Bobo, en un texto titulado “A propósito del Centenario (A propos du Centenaire)” escrito al final de 1903, afirmó lo siguiente: “Centenario de la esclavitud de los negros por los negros. Centenario de nuestro odio fraterno, de nuestra triple impotencia triple moral, social y política. Centenario de la ruina de un país por la pobreza y la suciedad (…). No festejaremos porque, mientras en el palacio, en nuestros salones suntuosos,  tomaremos la copa del vino de oro y cantaremos emborrachados el año sagrado de 1804, este campesino despojado, este pueblo miserable podrá maldecir. Y sus maldiciones harán salir otros del fondo de la tierra (…). Y si nos place comenzar (a celebrar) pronto, 1904 no será sino  el primer año de existencia de  una colectividad  de valientes negros trabajando modesta y moralmente para ser un pueblo (…). Y el viejo continente podrá preocuparse en el 2004 por el primer centenario de la GRAN LIBERTAD del PUEBLO HAITIANO (resaltado por el autor).”

Desgraciadamente, los deseos de Bobo no fueron realizados, ya que 2004 no fue más que una reproducción  de 1904. Y como haitiano, quiero decirle las mismas palabras de Bobo a mi generación respecto al 2104, y quiero trabajar coherentemente con estos deseos de Bobo que son también míos.

¿Cuál ha sido el rol del pueblo haitiano en esta historia bi-secular?

Desde 1804 hasta 1986, el pueblo haitiano ha sido muy pasivo. Sin embargo, hay que aclarar que intelectuales como Anténor Firmin, activistas como Charlemagne Peralte han luchado, cada uno al debido momento, para el pueblo. Fuera de estas luchas esporádicas, sea por el arma o por el arma del lapicero, la historia de Haití es la historia de los militares y la burguesía, ambas facciones en contra del pueblo, en contra de la nación. A partir de 1986, con el fin de las dictaduras duvialieristas, la euforia popular proclamó la liberación de Haití y el inicio de una segunda independencia,  y ha habido  un cambio muy marcado en la actuación del pueblo. Éste se ha vuelto actor de la escena política y participa de las tomas de decisiones respecto al destino de la nación. La prueba más contundente de ello fue la victoria de Aristide en las elecciones del 1990. Fue por la primera vez que se organizaron elecciones libres y democráticas en Haití y que se respetó la voluntad del pueblo. Pese a las vicisitudes que le siguieron al golpe de Estado militar sangriento de 1991, el pueblo cae y se levanta.  Su perseverancia y deseo de superación es envidiable. Es un pueblo que canta y baila en medio del sufrimiento, que nunca pierda esperanza. A veces pierde el norte, porque le faltan líderes capaces de llevarlo al terreno de la justicia social y de la dignidad humana.

Los 206 años y 207 años de la independencia del país fueron calamitosos para el pueblo. Terremoto, cólera y crisis electoral fueron los males – voluntarios o no –  que lo asolaron. Pero, aun así,  el pueblo, abandonado a sí mismo, va sólo abriéndose camino.

Conclusión

Esta pequeña reflexión sobre el bicentenario puede reavivar la memoria histórica que se tiene de la independencia de Haití y hacerles justicia a los padres de la Patria y al pueblo haitiano. Fue también una ocasión de presentar brevemente las complejidades de las relaciones del resto del mundo con Haití,  o ver el peso de la independencia en contra del país. Por otro lado, algunos están inclinados a pensar que el mal haitiano no tiene solución; otros creen que, de manera errónea y obscurantista,  que fue un error de parte de los esclavos el haberse independizado. Lo cierto es que la victoria militar de los esclavos sobre la armada napoleónica fue la victoria del Bien sobre el Mal, la victoria de la dignidad humana sobre la injusticia y el oscurantismo.

Pese a las vicisitudes y desencuentros del pueblo haitiano, la situación del país sí tiene solución. Esta solución no será de los extranjeros, tampoco será de la actual generación en el poder, ya que el sistema actual es demasiado corrupto y disfuncional. La cantidad de políticos no-corruptos y no-caciques (si hay) de Haití es demasiado pequeño para revertir la situación. La única solución a la situación actual es de la juventud, si ella se compromete desde ahora, por sus iniciativas dentro de la sociedad, su formación intelectual y su inspiración de los Padres de la Patria y de otros haitianos como Anténor Firmin y Charlemagne Peralte, y también de prototipos de humanos como Jesús, Gandhi y Martin Luther King. Así y solo así se podrá tener un nuevo Haití y celebrar en la dignidad en 2104 el tricentenario de la Independencia haitiana.

Joseph Harold Pierre (Economista y Filósofo)
R. Dominicana – Santo Domingo

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