Huellas de vida

Una manera de habla de los “miradores” es decir que son aquellos lugares que permiten hacer un descanso en el camino para poder disfrutar de la belleza del paisaje. Seguramente sin muchas curvas en los márgenes de los caminos o de la carretera, lugares espaciosos donde poder parar y mirar durante un ratito o un largo rato, los viajes habrían sido diferentes. Así pues, agradecer a las personas que con su dedicación hacen posible el Mirador de La Carta de la Paz día a día y, en este caso, permitirme esta oportunidad de hacer parada después de un tiempo de haber conocido el texto y pararme a disfrutar de su belleza. Sentarme a escribir sobre La Carta de la Paz me hace mirar y revivir aquello que tras el tiempo, ha quedado impregnado en mi persona, lo que ha dejado y deja huella. Me doy cuenta de que aquello que se ha ido empapando en mi persona ha ido calando de poco en poco a lo largo del tiempo… Me viene a la memoria cuando empecé a digerir cuántos resentimientos heredados traemos cargados sin darnos cuenta y forman parte de nuestra forma de actuar, en gran parte, inconscientemente. Hace tiempo hubiera defendido, por encima de todo, ¡tantas cosas! Y ahora, en cambio, me parecen absurdas, incluso, me planteo el hecho de defender. Y me pregunto, ¿qué debo defender? ¿Qué es defendible? ¿Una palabra, una idea, una manera de hacer las cosas, una historia, una lengua…? Como más reciente, pienso en la conversación que tuve con un amigo que me explicó que un colectivo de ateos iniciaban una campaña publicitaria bajo el lema: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Y me decía que ya había personas que querían responder con otra campaña diciendo que “Dios existe”. Escucho por la radio un chico que comentaba: “en los momentos de recesión económica con tantas personas pasándolo mal, se podrían gastar el dinero con otras cosas”. Quizás, a mi ver ¡un comentario bastante acertado! Y en aquel momento me preguntaba, ¿qué necesidad hay al final de una campaña de este estilo? ¿Qué resentimientos mueven realmente a las personas a invertir recursos de todo tipo, económicos, de tiempo, emocionales… a hacer estos actos? Y ahora, iniciadas las campañas, a los que han respondido diciendo, “Dios si existe. Disfruta de la vida en Cristo”, se los preguntaría: ¿qué necesidad tenéis de defenderos? ¿Será que entre unos y otros habrá nacido un conflicto absurdo que en lugar de eliminar y sanear resentimientos generará otros nuevos malentendidos y separaciones sociales? En nuestros días que tanto se habla de temas energéticos, me saldría decir: ¡Cuánta energía desperdiciada! ¿Seremos capaces de reciclarla? Y alrededor de toda esta reflexión, siguiendo las huellas que La Carta de la Paz me ha dejado, querría subrayar el punto V del texto: “Los seres humanos, por el mero hecho de existir -habiendo podido no existir-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, ni siquiera podríamos ser hermanos de nadie. Darse cuenta de esta hermandad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.” Tengo por más fructífero para disfrutar todos de la vida, buscar aquello que nos une en lugar de buscar lo que nos separa. Cada día siento más el gozo de existir acercándome a las personas que me encuentro en la vida. ¿Qué más da las creencias que tengan? ¿Qué más da su manera de vestir o de hablar? Que bien que seamos hermanos en la existencia y podamos disfrutar de esta. Y que bien que queramos andar hacia ser “amigos” en esta existencia que nos ha tocado vivir. Cada día estoy más convencida de que el camino de paz de uno mismo es el camino de paz con los demás. Y para pasear por un camino de paz con un mismo encuentro que la Carta de la Paz es una fuente para tener un buen punto de salida, así, el punto VII nos dice: “El ser humano es libre, inteligente y capaz de querer.” En estos momentos, veo que las personas inteligentes son aquellas que utilizan su libertad para crecer en la capacidad de querer. Aun cuando es una realidad que nuestra sociedad da pocos puntos a la capacidad de querer, y hay otras más preciadas como la capacidad de asimilar conceptos, la capacidad de organizarse, la capacidad de ver fuentes de negocio, etc. es cierto que esta es una capacidad intrínseca de toda persona humana, todos la podemos desarrollar. Siempre he sentido que la paz empieza por uno mismo, que cada cual, por el hecho de ser social, cada cual de nosotros somos responsables de poder vivir en paz. Y los últimos meses, a raíz de una secuencia bastante larga de malentendidos con un amigo, me he visto a mí misma deseando la paz en esta amistad. Y me he dado cuenta de que muchos silencios más que palabras, una aceptación del otro tal y como es, dejarlo libre con los errores y aciertos, sin reprochar, viviendo el momento instando cada cual desde el que es, me han hecho sentir más libre y más capaz de querer. Y he notado como la paz volvía con más alegría. Y esto me hace seguir mirando mi itinerario, y me hago consciente de que muchas veces he dedicado más tiempo a querer que las cosas y las personas fueran cómo yo deseaba que fueran, que a aceptar y a querer las cosas y las personas tal y como son. Y el querer desde el deseo más que desde la realidad me traía a un camino más fácil, el camino del conflicto. El camino del conflicto es el más fácil pero, sin duda, es más costoso tanto con recursos como en libertad puesto que vivir en el conflicto es una gran esclavitud. Y tomando las dos primeras palabras de la Carta de la Paz, “amigos, amigas” llego a la conclusión de que el amigado es aquel camino que desea por el otro su crecimiento en libertad, inteligencia y capacidad de querer. El camino de paz pasa por querer al amigo tal y como es. Esto me da paz. Ojalá las personas podamos instalarnos en el amigado existencial para hacer posible el deseo de paz propuesto en este documento, tan necesario hoy, como es la Carta de la Paz dirigida a la ONU. Gracias por haberme escuchado. Mucha Paz. Anna Maria Comas (Economista) España – Barcelona

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