Indentidades en la Hispaniola: Rep. Dominicana y Haití

Toda identidad nacional es un proceso permanente de influencias y de transformaciones que es deudor de sus avatares históricos y de las realidades geopolíticas en que se haya inserta. La cosificación de una identidad en un momento histórico determinado responde más a intereses políticos autoritarios que a la vivencia real de sus pueblos. Únicamente el aislamiento total permitiría semejante fenómeno, cuestión imposible en un mundo globalizado como el presente.

 

El caso dominicano

El caso dominicano (me refiero a la República Dominicana) tiene facetas muy propias en el contexto iberoamericano a la hora de estudiar su proceso histórico identitario. Las condiciones de pobreza que dominaron en la parte española de la isla durante los siglos XVII y XVIII, luego de las devastaciones de la zona oeste, tuvo como respuesta la ocupación por Francia de dicho territorio. El resultado fue el surgimiento de una sociedad mulata en la colonia española, dedicada a la caza montaraz para fines peleteros y cultivos de supervivencia.

El lado francés de la isla desarrolló una industria intensiva del azúcar con uso abundante de mano de obra esclava africana. Estos legados coloniales conformaron dos sociedades muy diferentes en su composición étnica, herencia lingüística y cultural, distintos grados de densidad poblacional e impacto medio-ambiental.

Esta aparente disimilitud entre ambos pueblos al finalizar el siglo XVIII se acrecentó durante el siglo XIX a partir de la independencia de Haití en el 1804 y la posterior ocupación de todo el territorio insular entre el 1821 y el 1844 bajo la dictadura de Boyer. La República Dominicana surge como Estado independiente en guerra contra el Estado haitiano, y aunque posteriormente el pueblo dominicano peleó contra el Estado español (1863-1865) y el estadounidense (1916-1924) por su soberanía, durante la dictadura trujillista (1930-1961) se articuló un discurso histórico y político que centraba la identidad dominicana en pugna contra la identidad haitiana y en búsqueda de un ideal hispánico que no se correspondía con la realidad de lo dominicano. Esta “identidad trujillista” de lo dominicano tuvo en intelectuales como Balaguer y Peña Batlle su más notables exponentes, en gran medida para “explicar” la matanza ordenada por el dictador dominicano en el 1937 contra miles de hombres, mujeres y niños negros, dominicanos y haitianos, que vivían en la frontera. Este genocidio que tuvo como motivación fundamental el control de la frontera por la dictadura fue integrado en un discurso donde lo dominicano se oponía a lo haitiano como civilización frente a la barbarie.

La tensión entre dominicanos y haitianos

En la actualidad la tensión existente entre dominicanos y haitianos es influenciada por los siguientes factores: a) la permanencia de Balaguer en el poder, posterior a la dictadura de Trujillo, (1966-1978 y 1986-1996) mantuvo el discurso de la “identidad trujillista” vigente; b) las dificultades políticas y económicas que ha vivido Haití desde el final de la dictadura duvalierista hasta el presente en que permanece ocupada por tropas de la ONU; c) esa situación en Haití ha empujado una masiva emigración de población haitiana hacia República Dominicana con la natural consecuencia de la presión por los puestos de trabajo más humildes; d) fruto de lo anterior ocurren incidentes y crímenes entre dominicanos y haitianos en los barrios y pueblos más pobres del país;  y e) son comunes las expresiones xenófobas en los medios de comunicación masiva.

Este es el panorama aparente de la situación en la República Dominicana frente a los haitianos, que oculta factores más hondos cuya compresión favorecería el dialogo y la solidaridad entres ambos pueblos.

Vías de pacificación

¿Es posible una convivencia pacífica y solidaria entre dominicanos y haitianos a pesar de los factores mencionados? La evidencia de que existe una fraternidad en la existencia entre todos los seres humanos  y que se expresa de manera más clara entre vecinos, justifica y legitima todo esfuerzo por construir relaciones fraternas entre el pueblo haitiano y dominicano. Esta fraternidad en la existencia -que se encuentra bien articulada en el punto V de la Carta de la Paz dirigida a la ONU- está en el substrato ontológico-antropológico de la presente reflexión.

¿Qué factores se detectan en la actualidad en esa dirección?

Un primer factor es develar los mecanismos económicos que favorecen el uso de mano de obra haitiana ilegal –y por tanto barata- en casi todos los renglones primarios de la economía dominicana, desde la cosecha de casi todos los productos agrícolas hasta la construcción –tanto pública como privada-. Sin la presencia de este ejército laboral silencioso y trabajador, en condiciones subhumanas, los costos de la producción dominicana se incrementarían significativamente. A su vez, estos emigrantes haitianos aportan significativamente a sus familias del otro lado de la frontera. Esta realidad, aunada a la emigración de dominicanos a Estados Unidos y España ha dilatado en el tiempo una necesaria revalorización del salario y las condiciones de los trabajadores en el país. Esto explica por una parte el rechazo muy generalizado de parte del liderazgo político dominicano a reconocer la nacionalidad dominicana a centenares de miles de dominicanos de ascendencia haitiana y las recurrentes campañas xenófobas en los medios de comunicación masiva que cifran en la presencia de los haitianos en República Dominicana la causa de todos los males.

Un segundo factor a destacar es que la población fronteriza de ambos lados y en las comunidades rurales y sectores urbanos empobrecidos de República Dominicana hay un alto grado de integración familiar entre dominicanos y haitianos que se expresa en parejas de hecho e hijos de padres de las dos nacionalidades.

Un tercer factor, muy reciente, es la cantidad de estudiantes haitianos de las capas media y altas que cursan sus carreras en universidades dominicanas, tanto públicas como privadas, llegando en ocasiones a superar el 10% de la matrícula de estos centros de enseñanza. El contacto entre estos jóvenes haitianos y dominicanos en las universidades dominicanas, aunque no está exento de problemas, como la formación de guetos entre estudiantes haitianos, promete mayores niveles de comprensión y diálogo entre ambas identidades.

Un cuarto factor que favorece niveles mayores de diálogo y cooperación son las realidades de salud pública y ecología, que no pueden ser resueltas desde un solo país.

Un quinto factor es la presencia masiva de creyentes católicos y protestantes en la emigración haitiana a República Dominicana que favorece acciones pastorales conjuntas en parroquias, diócesis, iglesias evangélicas y ministerios cristianos.

Estos cinco factores no agotan el posible listado de indicadores que señalan caminos para la convivencia pacífica y el diálogo cultural entre haitianos y dominicanos. El hecho de que los enunciados se fundamenten en factores económicos, educativos, sanitarios, ecológicos y religiosos, indica la fortaleza de los procesos que conducen a una mayor integración entre ambas comunidades, y demuestra las posibilidades de porosidad y diálogo entre ambas culturas desde la cooperación y la solidaridad.

David Álvarez (Doctor en Filosofía)
R. Dominicana – Santo Domingo

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