Inmigración y paz

ADOLFO ARAIZA ejerce de coordinador social del Summit View Family Respource & Wellness Center, entidad ubicada en el Sunnyside Unified Scholl District de la ciudad norteamericana de Tucson,  estado de Arizona, donde se concentra una gran comunidad hispana mayoritariamente formada por immigrantes procedentes de México.

¿Cuáles son sus funciones como coordinador de Summit View Family Ressource & Wellness Center? Dirijo diferentes proyectos de servicios sociales en la zona del distrito de Sunnyside Unified Scholl de Tucson. En esta zona ofrecemos servicios para la comunidad hispana y para los inmigrantes, ya que la ciudad es fronteriza con México y acoge cada año miles de recién llegados del otro lado de la frontera. Son muchas las actividades que se han organizado: un banco de alimentos, un banco de ropa, clases de inglés, grupos para jóvenes involucrados en el mundo de las drogas, cursos de costura,.. Todo esto es para mejorar sus condiciones de vida, pero también para que los miembros de la comunidad se conozcan y puedan trabajar juntos. ¿Tienen problemas para acoger a los inmigrantes que llegan a la ciudad? Hace tres o cuatro años se votó una ley que prohibía ayudar a los inmigrantes que llegaban ilegales a la ciudad. Se les negaba todo servicio social. Por ejemplo, una mujer mexicana que llega embarazada solo puede ser atendida por un programa gubernamental de emergencia una vez haya nacido el niño. Entonces, el niño tiene derecho a recibir asistencia social pero la madre no. Así complican mucho la supervivencia de los inmigrantes en la ciudad que solo vienen para buscar trabajo y mejorar sus condiciones de vida. La barrera que separa la frontera entre Estados Unidos y México se encuentra solo a una hora de la ciudad. El estado dedica cada año millones de dólares para proteger esta frontera. Ahora, un senador de Arizona ha propuesto la aprobación de un programa para que los inmigrantes puedan estar tres años trabajando legalmente en el estado y después sean devueltos a su país. Pero esto es inaceptable para los inmigrantes, ya que si pagan impuestos deberían tener los mismos derechos que los norteamericanos. ¿Por lo tanto, pueden ser penalizados si ayudan a un inmigrante? Sí. Pero cuando una persona pasa por mi puerta para pedirme ayuda yo no pregunto si es inmigrante o de donde viene. Yo sencillamente estoy para ofrecer nuestros servicios. Si trabajase únicamente para el Estado en cualquier momento me podrían arrestar por ayudar a un mexicano, pero como en mi caso soy miembro de una entidad con fondos federales no tengo problemas. Ustedes también trabajan con las bandas juveniles, una realidad muy arraigada en América pero cada vez más presente en Europa. ¿Cómo se plantean este problema? En Norte América los jóvenes entran en pandillas a los dieciséis años. Son grupos de jóvenes que se pasan el día haciendo el vago en las calles, bebiendo alcohol, metidos en problemas de drogas, haciendo daño a la comunidad y escribiendo en las paredes. Además, cada vez son grupos más violentos para poder protegerse de otras pandillas. Ante esta situación tratamos de educarlos para que controlen su coraje y muchos otros sentimientos que hay dentro de su ser y que aún desconocen. Les estimulamos para que se cuestionen porqué actúan así ya que muchas veces están tan enojados con la realidad que los rodea que sólo piensan en lastimar a otras personas. Muchos de ellos acaban en la cárcel. En la cárcel la reinserción de estos jóvenes aún debe ser más complicada. De los 14 a los 18 años los jóvenes delincuentes son ingresados en una cárcel para jóvenes, pero aquellos acusados de un delito grave, por ejemplo, de homicidio, entran en el centro penitenciario de adultos aunque no tengan esta edad. El problema es que en estos momentos no hay servicios mentales ni de conserjería para este colectivo de presos. Antes de venir a pasar unos días a España leí en un periódico que dos de los chicos con quien yo hablaba habían sido condenados a siete años de cárcel por un asesinato. Estos chicos tienen realmente problemas mentales pero no hay ningún programa para ayudarlos. Así, cuando salen otra vez a la calle vuelven a cometer los mismos delitos. Ahora la sociedad de Tucson empieza a cuestionarse que hacer con ellos: ¿Si continuamos entregando nuestros jóvenes a las cárceles de adultos sin tratamiento que va ser de ellos? La situación es grave porqué mucha gente piensa que estos jóvenes nunca podrán cambiar. ¿Cuál es el origen de su violencia? Muchos de ellos tienen problemas familiares: conflictos entre hijos y padres y  entre esposos. Es muy común hallar hijos abusados por sus padres. En algunos casos se llega hasta la muerte del menor. Además la comunicación entre ellos es difícil porqué los padres son inmigrantes de habla hispana y los hijos ya han sido educados como norteamericanos. Coincide que muchos de los jóvenes violentos son hijos de padres divorciados o han sido criados por sus abuelos. Entre los miembros de la familia se pierde el respeto y los hijos acaban siendo educados por la tele, por el cine y por sus compañeros. Muchos se forman en la calle. La gente los ve como monstruos fuera de control, en cambio yo los veo como personas que se manifiestan de forma violenta a causa de una gran acumulación de sufrimiento. La violencia es una forma de expresar su perdida de la esperanza. Les enseñamos a controlar sus emociones. También trabajamos mucho la educación sexual, ya que nos encontramos con jóvenes de doce años en adelante que quedan embarazadas y no saben ser mamas ni ellos papas. Intentamos que de ellos no nazca una nueva generación con los mismos problemas. Es un problema de educación. Los jóvenes americanos se basan en la política del microondas: todo lo quieren listo en dos minutos. Las películas también nos muestran esta voluntad de tenerlo todo sin el mínimo esfuerzo. Hay jóvenes que si no tienen lo que quieren o lo que la televisión dice que tienen que tener lo roban o venden drogas para conseguir dinero de forma rápida. Hay programas de educadores y tutores que su finalidad es simplemente escuchar a los jóvenes. Para ellos es muy importante tener una persona con quien desahogarse, explicar sus miedos, dudas y sus problemas. No solo se les puede sermonear, se les debe escuchar y así ellos aprenden a expresarse. A muchos les da vergüenza expresar y hablar de sus sentimientos y cuando no pueden más lo hacen explotando en gritos y violencia. Debemos evitar este extremo. La Carta de la Paz dice que todos, indistintamente de nuestros bienes, somos hermanos en la existencia. Existir nos une. Me gustaría que la gente pensara así, pero no lo hacen. Quizá quien piensa así no lo manifiesta en palabras, sino en acciones. Mucha gente participa en programas, esta es su forma de involucrarse en la sociedad. Pero con esta idea me gustaría iniciar nuevos proyectos en Tucson. La gente de allá debe comprender que existir es una gran felicidad, independientemente de las propiedades que uno tenga. Otro punto importante de la Carta de la Paz es la amistad. ¿Qué concepto tienen los jóvenes de Tucson sobre la amistad? Ellos creen que su amistad es muy positiva, aunque haya daño de persona a persona. Aceptan las reglas del grupo. Si un día uno se enoja con otro y le da un puñetazo este sabe que no debe tomárselo como algo personal. Entre ellos siempre se expresan de forma violenta para demostrar exteriormente que son un grupo unido y con fuerza. Para ellos hablar de paz o amistad seria demostrar su debilidad. Son amigos cercanos para cometer un crimen, pero no para ofrecer un consejo. Este tipo de amistad mal entendida les da fuerza defensiva contra la sociedad. ¿Con qué actitud se debe trabajar con este tipo de chicos poco receptivos? Durante dos años estuve en un instituto con chicos de entre doce y catorce años. Mi única misión era que dos bandas se aceptasen.  En una sola clase tenia los componentes de los grupos reunidos para razonar. Al final, los conflictos y la violencia entre los dos grupos menguaron. Sabemos que los trabajos de mediación ayudan a la reducción de la violencia, pero para ello necesitamos personas fuertes que sepan trabajar con los chicos. Es diferente negociar con una pareja que se divorcia que con dos pandillas callejeras. Por ejemplo, durante aquel tiempo yo me vestía como ellos, dejaba en casa el traje y la corbata. Mucha gente me preguntaba: “Pero Adolfo, ¿qué estas haciendo?”. Y yo les respondía: “Mi trabajo”. Delante del chico primero demostraba mi autoridad, pero después íbamos bajando despacito, nivel a nivel, hacia el interior de la persona hasta llegar a vernos el uno al otro como seres iguales. ¿La sociedad con recursos económicos  de Tucson reconoce que si no se arreglan las diferencias sociales no será posible hallar la paz? La sociedad reconoce el problema que existe, pero aun esta poco dispuesta a hacer cambios. Con diez sesiones de terapia psicológica un chico no cambia de vida, necesita más tiempo. Pero solucionar este problema representa dinero y la sociedad bienestante muchas veces no esta dispuesta  a ofrecerlo. Así los problemas se van repitiendo una y otra vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>