Irena Sendler, un testimonio silencioso de paz

La vida de Irena Sendler  (1910-2008) fue tan extraordinaria que Hollywood la hará en breve una película. Ella nunca imaginó que su trabajo y dedicación podrían dar lugar a la realización de un film. Pero su testimonio se conoció hace poco tiempo en su país (Polonia) cuando un grupo de estudiantes estadounidenses la descubrió y luego difundió a todo el mundo. Nació en febrero de 1910 y trabajó en Varsovia como asistente social con familias pobres judías antes de la ocupación nazi. Desde el otoño de 1940, comenzó a arriesgar su vida para llevar alimentos, ropa o medicinas a los judíos confinados en el gueto de la capital polaca. Unos 450.000 judíos fueron hacinados en un barrio de Varsovia, del que luego fueron trasladados a campos de concentración, sobre todo al de Treblinka. A finales de 1942, se unió al movimiento de resistencia Zegota (Consejo de Ayuda a los Judíos) y ahí comenzó a sacar clandestinamente a niños judíos del gueto. Cuentan que Irena sacaba pequeños escondidos en el fondo de su caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera en la parte de atrás de su camioneta (para niños de mayor tamaño). También llevaba un perro al que entrenó para ladrar a los soldados nazis para cuando salía y entraba del Ghetto. Por supuesto, los soldados no querían tener nada que ver con el perro y los ladridos ocultaban los ruidos de los niños. Mientras estuvo haciendo esto consiguió sacar de allí y salvar a más de 2500 niños. Para salvaguardar la seguridad de los niños, escondía sus nombres y sus identidades en botes de conserva que enterraba bajo un manzano cercano a su casa. Fue arrestada el 20 de octubre de 1943, después de que los nazis aplastaran la rebelión del gueto, y fue torturada por la Gestapo. Le pegaron brutalmente y le rompieron las piernas y sus brazos. Irena nunca habló ante sus torturadores, por lo que fue condenada a muerte. Pero milagrosamente fue rescatada por un oficial alemán que se había unido a la resistencia polaca cuando ya enfilaba el camino a su ejecución. Continuó trabajando con otra identidad hasta que acabó la guerra. Entonces, se encargó de la supervisión de orfanatos y asilos en Varsovia. Después de la guerra, intentó localizar a los padres que pudieran haber sobrevivido y reunir a las familias. La mayoría habían sido llevados a la cámara de gas. Aquellos niños a los que ayudó encontraron casas de acogida o fueron adoptados, muchos de ellos por familias católicas, o alojados en conventos. “Me educaron en la idea de que hay que salvar al que se ahoga, sin tener en cuenta su religión o su nacionalidad“, le gustaba decir . El memorial israelí del Holocausto, el Yad Vashem, le concedió en 1965 el título de Justa entre las Naciones, que otorga a los gentiles que contribuyeron a salvar a judíos. Por su labor, fue propuesta en 2007 por Polonia para recibir el premio Nobel de la Paz, que finalmente obtuvo el norteamericano Al Gore por su labor a favor del medioambiente. Falleció en Varsovia, su ciudad natal, el 12 de mayo de 2008. Alfredo Fernández (Periodista) España – Barcelona

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